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Al menos 28 muertos en un tiroteo contra un autobús de cristianos coptos en Egipto 

  • Diez hombres atacaron un convoy de cristianos al sur del país. Aviones egipcios bombardearon bastiones yihadistas Libia en represalia.

Decenas de cristianos coptos se dirigían ayer en tres vehículos al monasterio de San Samuel, en la provincia egipcia de Minia, cuando un grupo de hombres armados se interpuso en su camino y los obligó a detenerse. Varios testigos relataron cómo los asaltantes transformaron lo que iba a ser una jornada de peregrinación en un baño de sangre: ataviados con uniformes militares y pertrechados de armas automáticas, los asaltantes forzaron a los hombres a salir a la desértica carretera y acabaron con sus vidas a sangre fría. Seguidamente, abrieron fuego también contra mujeres y niños, algunos de ellos de muy corta edad. El cruento atentado se saldó con la muerte de 28 de los feligreses y 23 resultaron heridos. Imágenes de la matanza difundidas por los medios locales mostraban importantes destrozos en los vehículos emboscados y restos de sangre. También varios cuerpos que yacían en la arena cubiertos por bolsas negras.

Las Fuerzas de Seguridad egipcias se desplegaron por la zona próxima a la localidad de Al Adua en busca de los atacantes, quienes, según un comunicado emitido por el Ministerio del Interior, eran alrededor de una decena y se desplazaban en vehículos todoterreno. El presidente del país, Abdel Fatah al Sisi, convocó una reunión de urgencia con los máximos responsables de la seguridad del Estado. Horas después, en represalia, aviones egipcios bombardearon el centro principal de grupos «terroristas» en el este de Libia. Según la agencia oficial de noticias MENA, las fuerzas aéreas destruyeron «por completo» los bastiones de los grupos islamistas Majlis al Shura y Muyahidín de Derna.

El atentado contras los coptos llega después de que el miércoles la Embajada estadounidense en El Cairo remitiera a sus ciudadanos una alerta, instándoles a permanecer alejados de edificios gubernamentales o de seguridad y de templos cristianos durante toda la jornada: «La Embajada ha sabido de una amenaza potencial subida a una página web por el grupo Hassm, una conocida organización terrorista», rezaba el texto.

No obstante, al día siguiente esta milicia, infaustamente célebre por sus acciones contra las Fuerzas de Seguridad y personalidades de la judicatura y otras instituciones, desmintieron su intención de atentar contra objetivos extranjeros. Al cierre de esta edición, ningún otro grupo había reivindicado la matanza de ayer, aunque todas las sospechas recaían sobre la agrupación Wilayat Sina, filial egipcia del Estado Islámico. Ésta ha proferido multitud de amenazas contra la minoría copta del país, también tras la visita del papa Francisco a finales de abril, en la que el Pontífice difundió un mensaje de esperanza y comprensión.

La provincia de Minia, un área rural en la que la comunidad copta es especialmente numerosa, ha padecido en las últimas décadas diversos incidentes de violencia sectaria. Pese a estar acostumbrados a vivir en un ambiente hostil, los cristianos que habitan en la zona sufrieron ayer con singular consternación el desenlace de una embestida atroz de la que fueron víctimas varios niños. Tras una serie de ataques dirigidos contra miembros de las Fuerzas de Seguridad, la rama local del Estado Islámico comenzó recientemente a arremeter contra la minoría religiosa, aunque ninguno de los atentados previos se había acometido con el modus operandi de ayer: «Esta táctica es similar a la empleada por los terroristas que ejecutaron a los trabajadores coptos en Libia en 2015, aquí en Egipto no es nada común. En los últimos años hemos estado sufriendo ataques cada vez más mortíferos», lamenta el activista Mina Zabet.

Partidos por el dolor, centenares de allegados de los fallecidos fueron dispersados por la Policía en la ciudad de Magaghah, tras participar en una manifestación espontánea en la que reclamaron justicia, según informó el diario «Al Masry Alyoum». En ésta y otras protestas ha quedado patente que los coptos de Egipto se sienten desprotegidos ante una escalada de violencia que parece estar lejos de remitir. El 9 de abril, la celebración del domingo de Ramos se vio sobresaltada por las acciones perpetradas por dos terroristas suicidas en las ciudades de Tanta y Alejandría. En el primero de los ataques, el responsable se las ingenió para burlar los controles de seguridad y acceder con una carga de explosivos a la abarrotada iglesia de San Jorge. Horas después, otro asaltante se hacía explotar junto a la iglesia de San Marcos, en la urbe costera de Alejandría.

Entonces, como primera medida, el presidente Al Sisi promulgó el estado de emergencia, que da al mandatario poderes para interceptar comunicaciones, enviar a civiles a cortes militares o decretar el toque de queda. Zabet opina que este tipo de decisiones son insuficientes: «Hasta que no revisemos desde una perspectiva crítica la forma en la que hemos estado combatiendo el terrorismo en los últimos 6 ó 7 años esto seguirá sucediendo. Las políticas de seguridad son necesarias pero hay que analizar en qué fallamos y, sobre todo, establecer una estrategia integral que incluya educación y justicia social. Es imprescindible abrir espacios para una verdadera transición democrática en Egipto, para que la gente crea en su capacidad de cambiar la realidad de forma pacífica», señala Zabet.

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