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Al Moncayo con la Virgen en la mochila 

Pocas semanas antes de la fiesta de la Virgen del Pilar, los jóvenes de la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga de Barcelona suben al Moncayo para rezar ante la talla de la Virgen allí colocada en 1960 y, en ocasiones, reponerla debido a su desaparición

José Calderero de Aldecoa 

Las inclemencias meteorológicas son habituales en la cima del Moncayo, por lo que los jóvenes rezan una oración ante la Virgen y emprenden el descenso.

A pesar de que no se trata de la patrona de España –este honor lo ostenta la Inmaculada–, la Virgen del Pilar goza de una devoción especial a lo largo y ancho del territorio nacional. Al sacerdote jesuita José María Alba, el cariño por la patrona de Zaragoza y la Guardia Civil le nació durante sus años de noviciado en el monasterio de Veruela. Este se encuentra situado en las faldas del Moncayo –el pico más alto del sistema Ibérico–, lo que propició que el jesuita también cogiera afecto a la montaña.

Terminado el noviciado, el padre Alba regresó a Barcelona y allí fundó la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga y el colegio Corazón Inmaculado de María, con el objetivo de alentar a los jóvenes en la vida cristiana. Con esta misma pretensión, hace 40 años organizó la primera ascensión con adolescentes al Moncayo, en cuya cima rezaban ante una talla de la Virgen del Pilar. La había instalado allí en 1960 la fundación canónica zaragozana Stadium Casablanca, con la ayuda de 24 montañeros que transportaron 530 kilos de materiales. La excursión se convirtió en costumbre y «el primer o segundo fin de semana de septiembre –algunas semanas antes de que se celebre, el 12 de octubre, la fiesta de la Virgen del Pilar– viajábamos desde Sabadell al Moncayo, ascendíamos y descendíamos la montaña, y regresábamos a casa el mismo día», rememora José María Escudero, uno de los jóvenes que acompañó al sacerdote en la aventura y que hoy es responsable de la pastoral juvenil de la Congregación de los Misioneros de Cristo Rey, también fundada por el padre Alba.

A la muerte del jesuita en 2002, el padre Escudero se convirtió en su sustituto en la ascensión al Moncayo. Entonces hubo un cambio de planes. «Tener que conducir de vuelta a Barcelona tras levantarse a las cuatro de la mañana, viajar hasta Zaragoza y subir y bajar el Moncayo, rozaba la irresponsabilidad», asegura. A partir de entonces, el religioso y un nutrido grupo de jóvenes –habitualmente un autobús entero– viajan un día antes de la ascensión, aprovechan para hacer algo de turismo religioso y cultural por la zona, duermen en el seminario de Tarazona –«donde siempre nos brindan todas las facilidades del mundo»– y la jornada del domingo la dedican a la ascensión y al regreso a casa.

El objetivo es honrar a la Virgen, «tener un acto de amor con ella». Y esto lo hacen de palabra y de obra: «En la cumbre, rezamos una poesía compuesta por el padre Alba ante la imagen de María», explica Escudero. «Además, nos encargamos de restaurar el pilar y la talla mariana». El trabajo habitual es el de volver a dar el color que las inclemencias del tiempo han ido borrando del conjunto escultórico de año en año.

Reponer la imagen

Sin embargo, desde hace un cuarto de siglo, en los trabajos de restauración también hay que incluir la tarea de reponer la talla de la Virgen. «Cada dos años nos encontramos que alguien la ha arrancado de cuajo y la ha lanzado ladera abajo». Pero igual de tozudo que el que la destroza se muestran los jóvenes de la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, que ahora suben siempre a lo alto del Moncayo con una imagen de la Virgen y un pegamento especial por si hubiera que reponerla. «La volvemos a colocar allí pensando en la cantidad de avemarías que se habrán rezado ante ella por parte de los montañeros», confiesa José María Escudero. «De hecho, también hay detalles que nos hablan del amor de los lugareños por la Virgen del Pilar. Hace dos años alguien rescató la imagen  ladera abajo y la colocó a los pies del pilar de la cima», concluye.

Festejos en honor de la Pilarica

Los festejos en honor de la Virgen se concentrarán entre el 11 y el 13 de octubre y se desarrollarán dentro de la basílica del Pilar debido a la COVID-19. El día 11 se celebrará la novena y la Misa a las 19:30 horas. Al día siguiente, habrá Misa de infantes a las 4:30 horas y Misa estacional presidida por el hasta ahora arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez Zamora, a las 12:00 horas. El último día, a partir de las 12:30 horas, el presidente de la Federación de Casas Regionales presentará la ofrenda de frutos y entregará una relación con los nombres de las entidades colaboradoras.

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