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«Alegraos» verdaderamente ha Resucitado 
05 de Abril
Por Ángel Pérez Martín

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy (San Mateo 28, 8-15).

COMENTARIO

¡Jesús ha resucitado! Lunes de la octava de Pascua. Es cierto que ha sido una semana santa atípica, pero no es menos cierto que era la semana santa que Dios quería para nosotros este año 2021. En este primer evangelio después de la vigilia no hay un gran contenido teológico, pero sí que hay un gran movimiento. Quizá alguno de los que lean este pobre comentario, siga buscando en el baúl de sus sentimientos, el adecuado para este tiempo (tristeza y sacrificio para cuaresma; alegría para la pascua), como si nos quisiéramos poner el disfraz apropiado para la fiesta. Esto no funciona así. Dios se ha querido comunicar con el hombre en la historia, hasta el punto de hacerse historia en Cristo como un hombre más. Cristo ha resucitado y ha revolucionado a los participantes más directos en su pasión y muerte. En unos, alegría, en algunos, temor, e incluso en otros, terror, por las consecuencias que aquello podría acarrear. La resurrección de Cristo viene acompañada de un «movimiento sísmico» que provoca que la piedra se desplace, dejando la puerta del sepulcro abierta. Este tiempo de pascua tiene una relación directa con nuestra forma de vivir el tiempo de cuaresma y, en especial, el triduo pascual. Dice san Pablo que la predicación de la cruz es necedad para los inteligentes. Si hemos vivido este acontecimiento de la pasión de Jesús como algo inaceptable para la razón, como un acontecimiento absurdo y sin sentido, celebrado con corazón tibio y escéptico, seguiremos —aunque estemos en Pascua— viviendo sin discernimiento, sin entender absolutamente nada de lo que nos ocurre e intentando buscar una lógica para explicar lo que acontece, como hicieron aquellos soldados que salieron corriendo. Pero, el gran Apóstol también dice que la cruz es escándalo. Nos escandaliza el sufrimiento (por eso existe la eutanasia); mirar a este Jesús destrozado nos hace revivir la injusticia en el mundo, las violaciones, la trata de personas, el comercio de órganos, los asesinatos e injusticias… hechos por donde se cuela el demonio y nos pregunta «¿dónde está tu Dios». Nos escandaliza la forma de obrar de Dios porque no se adapta a nuestra mentalidad, a nuestra ley (fuera de la ciudad y en un madero). Si esta ha sido nuestra postura cuaresmal continuaremos siendo esos religiosos de «fe plana», cumplidores, que se justifican a sí mismos con sus obras y realizan apaños —como los sumos sacerdotes— para encajar lo que ocurre con su religión domesticada, pero que viven lejos del encuentro con Dios en la historia. Termina Pablo diciendo —desde la experiencia del «choque» con el Resucitado camino de Damasco— que, para otros, esta cruz es fuerza de Dios. Dios ha elegido la cruz para ponerle cara al pecado, para que seamos conscientes del fruto de nuestra desobediencia, de mirar a otro lado como Pilato, venderlo como Judas o negarlo como Pedro. Este pecado se da en nuestra historia y nos condiciona en nuestros comportamientos y actitudes. La santidad —vestido de aquel que ha experimentado el rescate en Cristo— es haber descubierto, desde la experiencia vivida, lo que hemos cantado en el Pregón Pascual: «Oh feliz culpa que mereció tan grande redentor». Que el Señor nos conceda descubrir la piedra corrida que representa la victoria sobre la muerte y nos permite, como aquellas mujeres, correr y hacer partícipes a todos los hombres de la alegría y los frutos que traen esta buena noticia vivida y experimentada de forma personal. Feliz Pascua 2021.

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