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“Amor de corazón entero” 
7 de noviembre
Por César Allende

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: “Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta”». (Lc 16,9-15)


En el texto de Lucas resuena el Shemá (Dt 6,4 s.s.). Los asuntos del corazón son muy del agrado de Lucas. En el corazón reside el amor y en él guardamos el tesoro de la “memoria”: sobre todo de cuanto Dios ha hecho en favor nuestro. Así es el corazón de María, la Madre del Señor: es un manantial del que brota la experiencia más límpida y salubre del Amor de Dios en totalidad, sin divisiones.

Cierto: no se puede amar a Dios y al dinero; no con “todo” el corazón. Primero, porque amar solo puede hacerse a Dios; al dinero, como mucho, servirle. Y segundo, porque “todo” equivale a con el corazón entero, no solo con el de cada uno, que no es todo, porque “todo” es el Corazón del Cuerpo del Señor que le tiene a Él como cabeza.

Lo malo del dinero es que nos confunde y no nos deja ver con claridad de discernimiento: amasar dinero impide ver qué es lo abominable para Dios. El Padre quiere, según Lucas, un amor total, de un corazón total, universal, el de “toda” la Iglesia, el de la humanidad entera, “total”.

César Allende

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