Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|jueves, noviembre 21, 2019
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Angela Ionescu

Publicaciones de Angela Ionescu

 

22 octubre, 2019(0)

Le daba yo vueltas a las palabras de Malaquías acerca de la diferencia entre los que te sirven y los que no y acerca del sol de justicia  que iluminará a tus servidores, mientras miraba a uno que creo que, en su día, gozará de esa luz. Y de pronto me di cuenta de que un amigo también lo miraba; se volvió hacia mí: -Así, ¿hasta cuándo? – me preguntó bajito. Hasta que su pobre cuerpo aguante – le respondí-. Pero seguro que es feliz así. No es un inconsciente, está entregando su vida de esta manera. Es su opción y su llamada, y lo hace a conciencia, voluntariamente; sabe lo que hace. Cuando le vence la fatiga y con un inmenso esfuerzo la vence él a ella; cuando se mantiene en pie, trabajando sin pausa, a pesar de lo que le dicen sus músculos y sus huesos; cuando se acumulan las demandas que le solicitan sin tregua y solo esboza una sonrisa, sabe bien lo que hace y estoy segura de que no podría hacer otra cosa. No es el  sol de justicia que lleva la salvación en las alas lo que empuja hasta el límite; ni lo … Full article

10 septiembre, 2019(0)

Carta a mí Señor                                                                                                        Ángela C. Ionescu Era una cuesta muy dura, por terreno pedregoso, y al mirar hacia arriba, pensé que jamás se me ocurriría intentar subirla. Dejé a mis amigos que subieran solos y les dije que los esperaría abajo haciendo fotos. Estaba contenta de todos modos por estar con ellos y por lo bonito que era cuanto veíamos. Pero uno de ellos se volvió y mirando hacia abajo, me dijo: “Anda, sube”. “No puedo”, le contesté sinceramente convencida. “Sí puedes, sube”. Y la verdad es que me hizo subir. A veces me ayudó con la mano, otras puso su fuerte brazo para que me agarrara, otras simplemente me miraba dándome ánimos y fuerza. Y subí. Yo misma estaba sorprendida de mi hazaña, que no era mía, y me propuse pensar detenidamente en lo que me enseñaba lo sucedido. Fue la subida más hermosa que nunca …

5 agosto, 2019(0)

Por Ángela C. Ionescu He perdido a un amigo al que he querido mucho. Tú,  Señor, lloraste ante la tumba de Lázaro, y como podías resucitarlo y sabías que ibas a hacerlo, no sé si en realidad lloraste por todas las lágrimas que habríamos de llorar a lo largo de los tiempos los que perdiéramos a un amigo porque conociste nuestro dolor aun antes de que naciéramos. Desde la triste orilla de su ausencia, yo evoco ahora la  hermosura de su presencia en mi vida, unidos por el cordón invisible que nada ni nadie podía romper. Compartí con él la pena y el gozo, la soledad y la añoranza, los ensueños y los fracasos. Podía decir el comentario que brota cuando se está mal sin que se me pasara por la cabeza que pudiera delatarme ni que repitiera de ninguna manera lo que yo había dicho ni mencionara siquiera mi nombre. Compartí la preocupación del momento, el disgusto reciente, la rabia que embarga un instante, la alegría sencilla por la razón más simple, el gozo sin motivo, porque sí, y siempre en libertad. Con un amigo de verdad siempre te sientes libre, más libre que solo. Tenía total confianza …

20 julio, 2019(0)

Carta a mi Señor: Ángela C. Ionescu Todavía perpleja por lo que me dicen las ramitas de boj que, hincadas en tierra, alegran no solo mi vista, sino sobre todo mi corazón, las miro y me pregunto qué habría sido de ellas si hubieran seguido el curso que yo les había marcado en vez del derrotero de ahora, totalmente inesperado. Si hubieran llegado a las manos de las personas para quien las había preparado, ¿cómo serían en estos momentos, dónde estarían? Me imagino a una de esas personas con la rama en la mano. Seguro que reconocería mi gesto de cariño y de recuerdo y sopesaría cuidadosamente, como siempre movido por la caridad, dónde y cómo colocarla mejor en homenaje a mí. Y me imagino a la otra persona mirando con ternura la ramita, no tanto con sus ojos cálidos como con su corazón repleto de bondad, mientras pensaría: “Pobre ramita que crecía en el bosque”… Ni siquiera creo que recordaría que procedía de mí. Y puede que la volviera a poner en agua o la cubriría quizá de tierra. Pero en esta ocasión, como tantas veces, mis planes no han sido los tuyos, Señor. Como tantas, ¡tantas! veces los …

5 julio, 2019(0)

Carta a mi Señor Inesperadamente, he recibido un precioso regalo que nunca habría podido imaginar; es difícil que pudiera haber algo que en esos momentos me diera más alegría. Me quedé un poco aturdida por la sorpresa y por la clase de regalo, nada común. No supe qué pensar e intentaba darte gracias. Por otro lado, mi mente inquieta escudriñaba los rincones de los últimos días, los rastros de mis lágrimas recientes, los silencios de mis penas inconsoladas y de mis soledades ocultas para averiguar qué había hecho de bueno para merecer aquel bellísimo premio. Me preguntaba qué actitud mía me había ganado aquella recompensa y por más que me esforzaba, no daba con ello. ¡Qué torpe y necia fui! Nada había hecho para merecerlo; Tú no actúas así. Por pura bondad hiciste que me lo regalaran, por gracia, porque quisiste. No había recompensa por nada, no era un comercio de hago y me premias, no te había ganado ni con lloros ni con buena conducta. Tú dispones los regalos, Tú otorgas las recompensas, Tú estipulas los salarios según tu baremo, no de acuerdo con mis mezquinas reglas. Tú sacas de tu esplendidez la paga inesperada que no figuraba …

20 junio, 2019(0)

Carta a mi Señor El Domingo de Ramos echaba yo de menos  a dos personas  queridas que estaban lejos de mí.  A una de ellas tenía esperanza de verla relativamente pronto; a la otra, no, pues estaba a mucha distancia. Me preguntaba si se acordarían de mí. En un impulso, quizá por mitigar la nostalgia, de los ramos amontonados en la puerta de la iglesia cogí uno frondoso, separé dos ramitas diminutas y dediqué una a cada persona de estas que añoraba. Era un ingenuo intento de tenerlas más cerca y pensé que hacía algo simple e infantil; pero como nadie podía enterarse, yo sola me entendía. En cuanto pude, les dije lo que había hecho y que esperaba que las ramitas les llegaran pronto. Pero nunca fue así. Una de las personas pareció no hacer demasiado caso y la otra, que daba señales de cierto aprecio, no sabía cómo hacerse con ella. Pasaban los días; primero las guardé a la sombra, en lugar fresco, y luego las puse en un diminuto vaso con agua. Y por fin, cansada de verlas en el vasito, las hinqué en una maceta con otra plantita que no se decide a prosperar y …

11 junio, 2019(0)

Carta a mi Señor Hace poco más de un año que me llegó por equivocación de alguien la oración que me ha hecho pensar y rezar mucho y que me ha dado motivo para tantas de estas cartas. Hoy me detengo en el reto que habla de persistir en numerosas y variadas actitudes costosas “sin esperanza de póstumo homenaje”.  Estas palabras me vuelven a algo esencial para mí, la gratuidad, de la que te he escrito ya muchas veces.  Cambiaría las palabras del reto y pondría: “Enséñanos, José, cómo se persevera, o se trabaja, o se  hace un esfuerzo o tantas cosas, sin esperar… nada.” Nada a cambio, nada como resultado, nada como consecuencia. Solamente el amor espera amor;  por su propia esencia. Nunca ha existido el amor que no quiere amor. Fuera de eso, todo es vano y jamás me atrevería a tomar las palabras de tu apóstol como en este caso: “Todo lo estimo basura…” Conocí una vez a una persona que no lograba aceptar las gratuidades. No sé si por desconfianza o porque no entendía qué significa gratuito; posiblemente las rehuía porque pensaba que le obligaban a gratitud y no deseaba corresponder ni agradecer. Así, cuando …

20 mayo, 2019(0)

Carta a mi Señor Algunos no le conocen bien y se dejan engañar. Y sin embargo, es fácil reconocer su marca allí donde haya división y separación. Es su cometido, su arma y su meta. Para ello, se vale de todo, todo le sirve. Se vale de la calumnia. De la mentira. De la ficción. Se vale del culto religioso, de las mil piedades y de las manifestaciones devotas, sencillas o elaboradas, tan a menudo tergiversadas o manipuladas. Se vale de ti, Señor. Y de tu Casa. “Es el encizañador, el que procura siempre dividir a las personas, a las familias, a las naciones y a los pueblos”, dice el Papa. Se vale especialmente de los incautos, a veces buenos, a veces  bobos. Se vale -¡y qué bien!- de los envidiosos, de los que saben que nunca llegarían a ciertas alturas y por eso se agarran a los pies y tiran ferozmente de los que están más arriba, por poquito que sea. Se vale de los ambiciosos, ávidos de poder y de posibilidad de controlar, sin dotes para ello. Le obsesiona dividir, desunir, crear y ahondar brechas, cavar zanjas. Sabe muy bien que cuanta más separación, más posibilidades tiene …

6 mayo, 2019(0)

Carta a mi Señor Me suscitó esta reflexión ver a una persona que acababa de sentarse a cenar después de un durísimo día de trabajo, con el cansancio, bien disimulado, en todos los poros de su cuerpo. No en su espíritu, como comprobé. No había tomado más que una cucharada de sopa cuando alguien le dijo que debía ir a buscar a una persona desorientada. Como si lo hubiera impulsado un impetuoso resorte, desapareció por la puerta… Se nos dice, por ejemplo, que está permitido comer de todos los árboles del jardín menos del árbol del conocimiento del bien y del mal.  Eso es una prohibición y algo se revuelve dentro con la pregunta al borde del grito: ¿Por qué se me prohíbe? ¿Quién tiene poder y dominio sobre mí para prohibirme algo? Y si no nos aflora la rebeldía, brota el regateo: ¿No comer nada de ese árbol? ¿Ni siquiera un poco, ni siquiera una sola vez? En realidad lo que importa es no acatar totalmente y sin vacilaciones lo que se nos ha dicho. Se trata de no obedecer. Ese es el núcleo de nuestra historia, de toda la humanidad y de Dios con nosotros.  En la …

14 abril, 2019(0)

Carta a mi Señor: Te decía hace poco que encuentro mucho parecido entre los niños y los enamorados. Y me preguntaron, no sé si con algo de desdén, en qué veo yo esa semejanza. La comparación se me ocurrió el día del arco iris, cuando sobrecogidos por el estallido de una belleza esplendorosa y repentina, muchos nos apresuramos, alborozados, a comunicárnosla unos a otros. Entonces me acudió el recuerdo de cuando, muy pequeña, corría a echarme en brazos de mi madre para decirle, por ejemplo: “Está brotando lo que planté…” o “El pez amarillo no se ha muerto, está contento…”  o a veces, “Mira qué chichón me ha salido…”  Y sin querer, me vino el pensamiento de que aún, ¡tantos años después!, me apresuro a decir: “¡Mira qué luna enorme y anaranjada!” o “Un corzo ha ido andando a mi lado casi hasta la puerta de la iglesia…” Ya no se lo digo ni a mi madre ni a mi padre, pero sí a personas que quiero y en las que confío… Los niños esperan todo lo bueno. También los enamorados. Algunos dicen de ellos que el amor les impide ver la realidad. ¿Cuál es la realidad? Quienes los …

6 marzo, 2019(0)

Ángela C. Ionescu Tú sabes bien que amo el silencio y que a veces lo necesito tanto como el agua o como el aire. Me siento bien particularmente con ese silencio que solo se puede guardar con amigos especiales: ausencia total de palabras, llena de concordia y sintonía. Es un silencio que cuando se acaba, ha enriquecido y ensanchado la amistad;  compartirlo vale tanto como compartir años de andadura.  Pero así como hay silencios que irradian amor, también hay un silencio que ignora al que está al lado, que no tiene en cuenta nada y no sabe más que de sí mismo. Se distingue bien; no es un silencio amable ni amoroso, sino silencio de rechazo. Me lo encuentro con cierta frecuencia. Lo acompaña a menudo el ayuno y a veces, cuando los veo coincidir, recuerdo inevitablemente tus palabras: “Tú, cuando ayunes, perfúmate…” Y lo recuerdo porque la actitud es a menudo la contraria. Un silencio hosco que se instala en toda la persona y dice, clamoroso: “Estoy en silencio, no me importa tu pregunta, no me importas tú. Estoy en silencio”. Dicen, Señor, que en silencio y también con ayuno es más fácil encontrarse contigo. Y yo pienso: …

20 noviembre, 2018(0)

Carta a mi Señor No hace mucho, me han enviado una oración a san José que me ha conmovido y me ha planteado retos que quisiera ser capaz de  aceptar. En el primero se pide que nos enseñe a no ser protagonistas. Y he pensado largamente en ello. No destacar, no ponerse en primer plano, hacer las cosas discretamente, sin avasallar, sin intentar asumir el lugar más importante, sin que nuestra voz suba por encima de las otras ni nuestros planes tengan que prevalecer sobre los demás, sin publicar ni alardear de hazañas o trabajos. No ser el personaje principal de las historias que me toca vivir, ni pretender manejar el hilo conductor de cuanto me sucede. Eso es dejar el protagonismo de lado. Y le daba vueltas: ¿Por qué? En beneficio de los demás, para que puedan ocupar el sitio que yo llenaría con mi principalidad… Pero algo me dejaba insatisfecha, no convencida del todo. No terminaba de ver con claridad ese reto que me atraía y deseaba cumplir. Me parecía que no era demasiado difícil y que aunque no fuera algo que saliera del corazón, se podía cumplir solamente por empeño, tercamente. No era eso lo que …

14 noviembre, 2018(0)

Carta a mi Señor (En recuerdo de S.) Ay, Señor, Tú ya sabes de mis sueños. No he conseguido dejar de soñar y pese a tantos desengaños, tampoco he conseguido renegar de lo que sueño. Hay amigos que me dicen que debo poner los pies en la tierra, totalmente en la tierra y nada más. En la tierra los tengo y los sueños me rondan. Y me dicen que no me queje ni llore cuando los sueños resultan pompas de jabón, vilanos desbaratados por el más leve soplo. Y no me quejo ni lloro por ello. ¡Es tan bello soñar que vale la pena aunque luego se desvanezca el sueño! Un poeta inglés terminaba un bello poema dirigido a ti diciendo: “Tú eres,  Señor, el soñador y yo, tu sueño”. Soñaste a los seres humanos, hermanos y amigos tuyos, para hacer la tierra hermosa cada mañana, para pasear con ellos por las tardes, para cantar juntos en la noche. Nos soñaste, me soñaste. Y hemos resultado seres crueles o insensibles, torpes y tardos de entendimiento, bastante mentirosos y fingidores. No, no somos lo que Tú soñaste. Pero no dudas de tu sueño ni te vuelves atrás de él. Con …

29 octubre, 2018(0)

Retos: Cerrar los ojos Cerrar los ojos, como tú, en brazos de la buena Madre. En la oración que me llegó hace algún tiempo, también se le pide a San José que nos enseñe esto. Y lo recordé repentinamente hace poco, el día en que había acudido a ti y me había quedado a tus pies, como otras veces, enmudecida por la angustia, sin querer suplicarte nada.   Tú ya lo sabías todo, y mucho mejor de lo que yo habría podido decirte. Cerré los ojos a tus pies pensando con lástima en los discípulos de Getsemaní. ¡Cuántas veces he sido uno de ellos! Y también sabes que a veces nos dormimos de pura tristeza, anulados por el dolor. Pero hay momentos en que Tú me tocas. Cuando estoy de rodillas, de rodillas ante ti, rostro en tierra como estuve en la falda del Sinaí, y ni siquiera suplico porque no hay palabras que me puedan expresar, a veces me tocas en el hombro o me pones la mano sobre la cabeza… y sé que estás ahí y que conoces lo que me ocurre. En alguna ocasión me alivias, otras me parece que sufres conmigo, Tú, el infinitamente compasivo, el …