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Angela Ionescu

Publicaciones de Angela Ionescu

 

6 marzo, 2019(0)

Ángela C. Ionescu Tú sabes bien que amo el silencio y que a veces lo necesito tanto como el agua o como el aire. Me siento bien particularmente con ese silencio que solo se puede guardar con amigos especiales: ausencia total de palabras, llena de concordia y sintonía. Es un silencio que cuando se acaba, ha enriquecido y ensanchado la amistad;  compartirlo vale tanto como compartir años de andadura.  Pero así como hay silencios que irradian amor, también hay un silencio que ignora al que está al lado, que no tiene en cuenta nada y no sabe más que de sí mismo. Se distingue bien; no es un silencio amable ni amoroso, sino silencio de rechazo. Me lo encuentro con cierta frecuencia. Lo acompaña a menudo el ayuno y a veces, cuando los veo coincidir, recuerdo inevitablemente tus palabras: “Tú, cuando ayunes, perfúmate…” Y lo recuerdo porque la actitud es a menudo la contraria. Un silencio hosco que se instala en toda la persona y dice, clamoroso: “Estoy en silencio, no me importa tu pregunta, no me importas tú. Estoy en silencio”. Dicen, Señor, que en silencio y también con ayuno es más fácil encontrarse contigo. Y yo pienso: … Full article

20 noviembre, 2018(0)

Carta a mi Señor No hace mucho, me han enviado una oración a san José que me ha conmovido y me ha planteado retos que quisiera ser capaz de  aceptar. En el primero se pide que nos enseñe a no ser protagonistas. Y he pensado largamente en ello. No destacar, no ponerse en primer plano, hacer las cosas discretamente, sin avasallar, sin intentar asumir el lugar más importante, sin que nuestra voz suba por encima de las otras ni nuestros planes tengan que prevalecer sobre los demás, sin publicar ni alardear de hazañas o trabajos. No ser el personaje principal de las historias que me toca vivir, ni pretender manejar el hilo conductor de cuanto me sucede. Eso es dejar el protagonismo de lado. Y le daba vueltas: ¿Por qué? En beneficio de los demás, para que puedan ocupar el sitio que yo llenaría con mi principalidad… Pero algo me dejaba insatisfecha, no convencida del todo. No terminaba de ver con claridad ese reto que me atraía y deseaba cumplir. Me parecía que no era demasiado difícil y que aunque no fuera algo que saliera del corazón, se podía cumplir solamente por empeño, tercamente. No era eso lo que …

14 noviembre, 2018(0)

Carta a mi Señor (En recuerdo de S.) Ay, Señor, Tú ya sabes de mis sueños. No he conseguido dejar de soñar y pese a tantos desengaños, tampoco he conseguido renegar de lo que sueño. Hay amigos que me dicen que debo poner los pies en la tierra, totalmente en la tierra y nada más. En la tierra los tengo y los sueños me rondan. Y me dicen que no me queje ni llore cuando los sueños resultan pompas de jabón, vilanos desbaratados por el más leve soplo. Y no me quejo ni lloro por ello. ¡Es tan bello soñar que vale la pena aunque luego se desvanezca el sueño! Un poeta inglés terminaba un bello poema dirigido a ti diciendo: “Tú eres,  Señor, el soñador y yo, tu sueño”. Soñaste a los seres humanos, hermanos y amigos tuyos, para hacer la tierra hermosa cada mañana, para pasear con ellos por las tardes, para cantar juntos en la noche. Nos soñaste, me soñaste. Y hemos resultado seres crueles o insensibles, torpes y tardos de entendimiento, bastante mentirosos y fingidores. No, no somos lo que Tú soñaste. Pero no dudas de tu sueño ni te vuelves atrás de él. Con …

29 octubre, 2018(0)

Retos: Cerrar los ojos Cerrar los ojos, como tú, en brazos de la buena Madre. En la oración que me llegó hace algún tiempo, también se le pide a San José que nos enseñe esto. Y lo recordé repentinamente hace poco, el día en que había acudido a ti y me había quedado a tus pies, como otras veces, enmudecida por la angustia, sin querer suplicarte nada.   Tú ya lo sabías todo, y mucho mejor de lo que yo habría podido decirte. Cerré los ojos a tus pies pensando con lástima en los discípulos de Getsemaní. ¡Cuántas veces he sido uno de ellos! Y también sabes que a veces nos dormimos de pura tristeza, anulados por el dolor. Pero hay momentos en que Tú me tocas. Cuando estoy de rodillas, de rodillas ante ti, rostro en tierra como estuve en la falda del Sinaí, y ni siquiera suplico porque no hay palabras que me puedan expresar, a veces me tocas en el hombro o me pones la mano sobre la cabeza… y sé que estás ahí y que conoces lo que me ocurre. En alguna ocasión me alivias, otras me parece que sufres conmigo, Tú, el infinitamente compasivo, el …