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Ante la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos: acompañamiento ante la muerte 

Se buscan manos tendidas
«No hay forma de hacernos con la muerte»: así lo sienten las personas que viven la muerte de un ser querido; también, muchas veces, quienes quieren ayudarles, pero no saben cómo: ¿Soy muy invasivo o, al contrario, parezco ausente? ¿Cómo le ofrezco el consuelo de la fe? La Iglesia se hace presente en estas situaciones, y pide, como recomendación básica, respetar la libertad, ritmos y emociones del doliente
La persona en duelo necesita a su lado alguien
que «tenga la valentía de aguantar»,
sin negarle sus emociones
. Foto: María Pazos

«Fíjate, la muerte es parte de la vida, pero no hay forma de hacernos con ella». Helena lo sabe bien. En seis años, ha perdido a su hijo por un accidente, y poco después, a un sobrino con cáncer. «El milagro es que no haya perdido la fe».

Tarde o temprano, la muerte golpea a todos, en carne propia o ajena. En esos momentos, hacen falta manos tendidas, y ahí están las de la Iglesia. Además de las obras de misericordia de enterrar a los muertos y rezar por ellos, la Iglesia ha ido haciendo frente a otras necesidades. Primero, con la atención integral, humana y espiritual, al final de la vida. Destaca, por ejemplo, la labor de Órdenes como los Camilos, o los Hermanos de San Juan de Dios en cuidados paliativos, o la de las Misioneras de la Caridad con los moribundos más pobres.

Hace 16 años, una mujer pidió ayuda a los Camilos para superar la muerte de su hijo. Así nació su Centro de Escucha -explica doña Marisa Magaña, la Directora-, que acompaña a personas en proceso de duelo. Los Camilos atienden a unas 700 personas al año. La iniciativa ha creado escuela. Han surgido centros similares en otras diez ciudades españolas.

Helena conoció el Centro cuando un vecino le propuso ser voluntaria en la residencia de ancianos de los Camilos. Allí supo de esta oferta. «Me ayudó -dice- el sentirme acompañada, hablar con personas que saben las fases por las que pasas, que te ayudan a identificar lo que sientes. Es difícil creer que pueda salir algo bueno de esto, pero he salido totalmente fortalecida». Esto le permitió ayudar a otros miembros de su familia y, ahora, es voluntaria del Centro. Las personas a las que acompaña suelen buscar ayuda tras muertes especialmente trágicas -accidente, asesinato, suicidio…-, aunque también acude personas a las que les cuesta superar una muerte esperada, como la de un padre anciano. Magaña explica que vivimos en una sociedad donde hay mucha soledad y, frente a los rituales de antes, que ofrecían una ayuda a la persona, hoy se oculta la muerte. Por eso, a veces es necesario suplir la falta de apoyo del entorno.

La valentía de aguantar
Reunión de un grupo de ayuda mutua, del Centro
de Escucha, de los Camilos. 600 personas pasan
al año por este Centro

Muchas personas quisieran acompañar a alguien cercano que pasa por un momento así, pero no saben bien cómo. La directora del Centro de Escucha explica que «las personas en duelo necesitan a alguien con quien hablar» de ello; alguien que «tenga la valentía de aguantar», sin negarles que expresen sus emociones, o que hablen del fallecido; también sin intentar distraerlos o marcarles tiempos. Sólo hay que preocuparse -añade- si se supera el año de duelo.

Su consejo es «ponerse a tiro, hacer que la persona doliente sea consciente de que estás ahí» para lo que quiera, ya sea hablar, o estar en silencio. Que acepte o no hay que dejarlo a su criterio, pero recordarle el ofrecimiento de vez en cuando; no decirlo una vez, en el entierro, «y desaparecer. Deja claro, también, que no vas a juzgar lo que diga». Si el doliente, por ejemplo, siente culpa, y «en seguida decimos: No pienses eso, se va a cerrar».

Espacio para grandes preguntas

Ante la muerte, surgen las grandes preguntas. En el Centro de Escucha tienen claro que la dimensión espiritual es fundamental, y muchos voluntarios son sacerdotes y religiosas. Su Directora explica que, «en general, las personas creyentes lo viven menos mal». Pero también tienen que vivir su duelo, e incluso a veces la fe de algunos se tambalea. En el otro extremo, aunque «muchos no creyentes se reafirman en no creer, otros se abren, y leen la Biblia, o hablan con sacerdotes».

Es posible -añade Marisa Magaña- abordar con una persona doliente el tema de la fe. «Lo primero es respetar a la persona. No puedes evangelizar a quien no quiere. Ofrécele tratar sobre la fe. Si está abierta, quien le hable debe tener un conocimiento sano sobre la religión», porque una palabra inadecuada «puede ponerle más en contra. Hay que hablar de un Dios que, cuando te acercas sufriendo, va a estar ahí para darte consuelo».

Para orientar sobre estas cuestiones, el Centro tiene entre sus prioridades la formación. Así, ofrecen desde jornadas formativas para cualquier persona interesada -la próxima será los días 6 y 7 de noviembre-, hasta un Máster dirigido a sus voluntarios y a profesionales de la salud que quieran integrar esta faceta en su labor.

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