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Aplauso del Papa a los abuelos: pide a los jóvenes la «fantasía del amor» si no pueden ir a verles 

Francisco pidió a todos los asistentes este domingo al Angelus de la Plaza de San Pedro que le acompañasen en “un aplauso grande a nuestros abuelos“, y así sucedió durante unos segundos.

La “fantasía del amor”

La Iglesia celebra hoy la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, y por eso el Papa invitó a los jóvenes a “realizar un gesto de ternura hacia los ancianos, sobre todo a los que están más solos, en las casas y en las residencias, los que desde hace muchos meses no ven a sus seres queridos”.

“¡Queridos jóvenes”, exhortó, “cada uno de estos ancianos es vuestro abuelo! ¡No les dejéis solos! Usad la fantasía del amor, haced llamadas, videollamadas, enviad mensajes, escuchadles y, donde sea posible respetando las normas sanitarias, id a visitarlos. Enviadles un abrazo. Ellos son vuestras raíces. Un árbol separado de las raíces no crece, no da flores ni frutos“.

La valentía de dejar el destello fugaz a cambio de la Luz

Previamente, en su comentario a dos parábolas sobre el Reino de los Cielos del capítulo 13 de San Mateo, la del tesoro escondido y la de la perla preciosa, el pontífice resaltó la reacción de quienes encuentran uno y otra: “Venden todo lo que tienen, abandonando así sus seguridades materiales”, con lo cual Jesucristo quiere enseñarnos que solo “se adhieren completamente al Reino aquellos que están dispuestos a jugarse todo, que son valientes”.

La escasa afluencia de turistas en Roma se deja sentir también en la Plaza de San Pedro.

Es decir, “la construcción del Reino exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre. ¡Todo lo hace la gracia, todo! De nuestra parte solamente la disponibilidad a recibirla, no la resistencia a la gracia: la gracia hace todo pero es necesaria ‘mi’ responsabilidad, ‘mi’ disponibilidad”.

“Son gestos decisivos, son gestos radicales, diría solamente de ida, no de ida y vuelta: son gestos de ida. Y, además, realizados con alegría porque ambos han encontrado el tesoro”: imitándoles, nosotros debemos convertirnos también en “buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos”, abandonando las “seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos“.

Todos esos bienes son “destellos brillantes, pero ilusorios porque después dejan en la oscuridad”, mientras que la luz del Reino “nos acompaña toda la vida”.

“El signo de aquellos que caminan en este camino del Reino”, concluyó Francisco, “es la creatividad, siempre buscando más. Y la creatividad es la que toma la vida y da la vida, y da, y da, y da… Siempre busca muchas maneras diferentes de dar la vida“, con “la alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad”.

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