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Así es el trabajo de la Iglesia con las personas migrantes 

En la archidiócesis de Madrid hay innumerables iniciativas de ayuda a inmigrantes que parten tanto de la propia diócesis como de congregaciones religiosas o asociaciones de laicos. En decenas de parroquias y centros, se puede encontrar formación, orientación para el empleo, asesoría jurídica, trabajo con familias y, sobre todo, formación espiritual

En la Comunidad de Madrid hay más de 1.200.000 inmigrantes, según los últimos datos publicados por el INE. De ellos, alrededor de 12.000 pasan, cada año, por la calle Raimundo Fernández Villaverde número 18, donde está la sede central de la Delegación de Migraciones del Arzobispado de Madrid. Allí, sacerdotes, trabajadores sociales, educadores y abogados tienen como objetivo prioritario la acogida de todos los que llaman a la puerta. «Desde aquí, en coordinación con las distintas áreas pastorales de la diócesis y otras organizaciones que trabajan con inmigrantes, ofrecemos una primera acogida, acompañamiento, asesoría jurídica, orientación en asuntos de extranjería, información sobre recursos, atención a mujeres en situación de riesgo y apoyo familiar y personal», explica don Antonio Martínez, Delegado de Migraciones. Pero lo más importante, añade, es que «atendemos al hombre y damos un servicio a la fe sin dicotomías, para que puedan hacer un proyecto personal y familiar de vida, y releer su nueva historia desde la fe». El teléfono es: 91 365 65 18.

El trabajo de A.S.T.I.

La Delegación, que trabaja desde hace 30 años a través de la asociación A.S.T.I. (Asociación Solidaridad Trabajadores Inmigrantes), tiene en Madrid, además de la sede, otros diez centros repartidos por toda la capital. Normalmente, se ubican en los salones de las parroquias. Estos centros tienen como objetivo «ser plataformas de integración en el barrio y en la sociedad» y «ser puntos de referencia para los inmigrantes que llegan a la Comunidad de Madrid y necesitan descubrir los códigos culturales que conforman la vida en nuestra sociedad», señala don Antonio.

En el centro Almanzil, en la parroquia Nuestra Señora de Luján (calle Ponferrada, 49. Metro Barrio del Pilar); en el Centro La Campana, en la parroquia Ascensión del Señor (calle Zaida, 71. Metro Vista Alegre); y en el centro Buen Suceso, en el colegio Fray Luis de León (calle Evaristo San Miguel, 10), se ofrece acogida y clases de español. En el centro San Lorenzo, en la parroquia de San Lorenzo (calle Salitre, 33. Metro Lavapiés), se ofrece asesoría jurídica, español, clases de informática, atención a la mujer y apoyo extraescolar para los niños. En el centroSan José de Cluny (calle Juan XXIII, 7. Pozuelo de Alarcón), hay equipos de formación y grupos de apoyo, además de convivencias mensuales. En el centroSanta Isabel (Travesía de San Mateo, 5. Metro Tribunal), se ofrece acogida, clases de español, clases para graduado en Educación Secundaria, clases de informática y diversos talleres. En el centro Tahanan, en la parroquia Nuestra Señora del Espino (calle Conde de Serrallo, 17. Metro Plaza de Castilla), además de acogida y clases de español, hay una bolsa de trabajo. En el centro Entre Culturas, en la parroquia de Santa María de Majadahonda (Avenida de España, 47), se ofrecen clases de español, apoyo a la preparación de ciclos formativos de grado medio y superior, orientación y formación para el empleo, trabajo con mujeres, apoyo a Primaria y ESO y varios talleres más. En el centro Sin Fronteras, de la parroquia Nuestra Señora de la Paz, de Parla (carretera de Pinto, 55 bis), se ofrece, además de acogida y clases de español, un grupo intercultural de mujeres. Y finalmente, en el centro Sagrado Corazón, en Torrejón de Ardoz (calle Los curas, 7), hay orientación para el empleo, bolsa de trabajo, grupos de oración y reflexión, alfabetización, costura, cocina, cursos de auxiliar de geriatría, de primeros auxilios, de ayuda a domicilio, entre otras cosas.

Siete capellanías en Madrid

Además de estos once centros, A.S.T.I. trabaja en siete capellanías con inmigrantes que tengan una especial dificultad con el idioma, o celebren en un rito diferente. El motivo es que «es esencial realizar una pastoral de comunión, salir al encuentro de los que llegan y actualizar las estructuras tradicionales de atención a los inmigrantes y refugiados, a fin de que respondamos mejor a las nuevas situaciones en que interactúan culturas y pueblos, haciendo de nuestras comunidades casa y escuela de comunión», recuerda el Delegado. Por eso, los inmigrantes rumanos de rito greco-católico pueden acudir a la Eucaristía según su rito en la parroquia Nuestra Señora de las Angustias (calle Rafael de Riego, 16). También la comunidad rumana de rito latino tienen su capellanía en la parroquia Crucifixión del Señor, de la calle Cuart de Poblet, en Madrid, y en la parroquia de San Marcos, en la calle Gran Canal, de Alcalá de Henares. Los ucranianos greco-católicos también tienen su capellanía, en Nuestra Señora del Buen Suceso (calle Princesa, 43). La mayoría de los capellanes, además, son oriundos del país al que atienden. Los inmigrantes polacos acuden a dos centros, en la parroquia Nuestra Señora de la Paz, en la calle Valderribas, 37; y en la parroquia Santo Domingo de Guzmán, en la calle Camarena, 183. También los filipinos tienen capellanía, en Nuestra Señora del Espino (calle Conde de Serrallo, 17); los africanos en la parroquia Purísimo Corazón de María, en Embajadores, 81; y los chinos en la parroquia de Santa Rita (calle Gaztambide, 75) y en la parroquia de Cristo Rey, en la calle Pilarica, 12. «El objetivo de las capellanías no es crear guetos, sino ser un punto de referencia para los inmigrantes que contribuya a su integración en la parroquia de su domicilio», explica Martínez.

Los jesuitas, con los migrantes

El trabajo de la Compañía de Jesús es otro punto de referencia de atención a los inmigrantes en Madrid. El centro Pueblos Unidos, en el barrio de la Ventilla, realiza una «intervención integral con inmigrantes: primera acogida, trabajo social, acompañamiento, orientación para el empleo, asesoría en temas psicológicos… También trabajamos en red con otras organizaciones del barrio», explica Alberto Ares, responsable de la acción social de los jesuitas en España.

En 1955, la Compañía de Jesús se hizo presente en el Pozo del Tío Raimundo, acompañando las luchas, esperanzas y vidas de la gente del barrio. Desde entonces, los jesuitas que vivían allí y la parroquia de San Raimundo de Peñafort iniciaron un proyecto de atención a niños y jóvenes del barrio, para ayudarles en su integración escolar. En la actualidad, el centro Amoverse recoge ese trabajo, haciendo intervención con menores en riesgo, muchos inmigrantes.

El centro Padre Rubio, en la parroquia San Francisco de Borja (calle de Maldonado), hace una labor similar a Pueblos Unidos, «aunque más centrado en intervención social y búsqueda activa de empleo. Y trabajan mucho la espiritualidad con la población inmigrante», añade Ares. Los jesuitas trabajan, además, en varios centros de formación de estudios, como el Instituto Universitario de Investigación sobre Migraciones, en Comillas; la iniciativaentreparentesis.org, o la Casa San Ignacio, una sede social donde los centros que trabajan con migrantes realizan actividades. Y están las Comunidades de Hospitalidad, «comunidades de jesuitas y familias que comparten su hogar con los inmigrantes». En Madrid ya hay cuatro.

Los religiosos, volcados

Varias congregaciones religiosas apoyan el trabajo de Karibú, Asociación de Amigos del Pueblo Africano. Esta asociación tiene un centro de formación para mujeres y niños; un centro de intervención social (calle Santa Engracia, 140), donde se ofrece alfabetización, clases de español, formación y orientación laboral, asistencia médica y distribución de materiales de primera necesidad. Además, tienen una decena de casas de acogida, según explica Antonio Díaz, religioso mercedario responsable de la asociación. De los mercedarios, también es la casa para menores solicitantes de asilo, en la calle Castelar, 21. Allí duermen, se forman, y son orientados para conseguir un empleo y regularizar su situación.

APLA, primero Amigos del Pueblo Latinoamericano, y ahora Amigos de las Personas Inmigrantes, surgió como filial de Karibú. Con sedes en Madrid –calle José Marañón, 15– y Fuenlabrada –parroquia de Belén, calle Zamora, 5– , ofrecen asesoría jurídica y psicológica, formación para el empleo y acompañamiento.

Los salesianos, a través de la Federación Pinardi, trabajan con niños y adolescentes inmigrantes «a través de programas específicos, que van desde la acogida, asesoría jurídica y acompañamiento, siempre partiendo de la educación», explica Sonia Martín, responsable de comunicación de la institución. Los usuarios son, especialmente, marroquíes y subsaharianos, y, como reconoce Sonia, «la excusa es que vengan a clase a aprender, para luego trabajar con la multiculturalidad, para evitar los guetos». La sede principal está en la calle Marqués de la Valdavia, 2, donde se ofrece formación para el empleo. Hay también seis sedes más, repartidas por la Comunidad de Madrid. Una de ellas es la Asociación Lumbre, en la calle Barcelona, 5. Un centro abierto para inmigrantes que no tienen casa ni red familiar, gestionado conjuntamente por salesianos e Hijas de la Caridad. «Allí pueden sentarse a leer un libro, poner una lavadora, darse una ducha…», señala Sonia. Está destinado a jóvenes de 18 a 25 años.

La asociación Puente de Esperanza Madrid –calle Bravo Murillo, 267– surge de la iniciativa de un grupo de mujeres, de diferentes congregaciones religiosas, que residen en el distrito de Tetuán y que desean dar una respuesta a la realidad de precariedad con la que se encuentran personas de origen extranjero. Su objetivo es acoger, acompañar y fomentar la convivencia y el crecimiento humano de las personas migrantes.

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