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Autismo 

El autismo es un grave trastorno del desarrollo, ocasionado por un fallo en la información contenida en los genes, que condiciona un anormal proceso de las redes neuronales del cerebro. Su síntoma principal es la falta de respuesta ante los demás, con una ausencia de comunicación y estímulo. Su incidencia es de cuatro o cinco casos cada 10000 habitantes y es más frecuente en niños que en niñas. El niño al nacer es aparentemente normal, pero a medida que va creciendo se observa en él una ausencia de movimientos habituales. Aunque no existe ningún tratamiento curativo del autismo, existen diversas terapias que mejoran los síntomas y consiguen una mejor integración y mayor calidad de vida.

A medida que el niño va cumpliendo años ya se advierte una gran apatía y desinterés por los demás. Se concentra tanto en sus juegos, caracterizados por rituales y repeticiones extrañas que le incomunican completamente. Coge y toca objetos o juguetes, pero sin ninguna finalidad. Puede soportar un ruido muy grande sin inmutarse y alterarse mucho ante un pequeño ruido. Ni siquiera responde a lo que se le dice y pasa ante los demás sin comunicarse. Si está con otro hermano o compañero no comparte ni intercambia nada. Ante este comportamiento, los padres se preocupan y es cuando acuden al especialista.

En 1943 Leo Kanner publicó los primeros estudios sobre el autismo. Al año siguiente, Hans Asperger describió el comportamiento de unos niños que presentaban una gran incapacidad para comunicarse pero que tenían unas “especiales características”. Desde entonces, se han hecho miles de estudios sobre el autismo. Sus principales síntomas son:

  1. Incapacidad de comunicación. La comunicación verbal y no verbal están muy alteradas. Retraso importante en la adquisición del lenguaje.
  2. Dificultad grave en la interacción social: no es capaz de hacer amistades.
  3. Las demás personas no existen en su mundo. Vive abstraído y es muy independiente.
  4. Aislamiento respecto al entorno. No sonríe ni responde a su nombre cuando se le llama.
  5. Siempre prefiere estar solo. Nunca participa en juegos colectivos.
  6. Tiene movimientos estereotipados anormales. Le gusta alinear objetos o camina de puntillas.
  7.  Indiferencia hacia la afectividad de su propia familia. No empatiza con ningún miembro de la familia, padres, hermanos, abuelos, etc.
  8.  Ausencia de comportamientos no verbales. Por ejemplo, no mira a los ojos.
  9.  No comparte intereses, ni objetos, ni juguetes, ni actividades.
  10.  No tiene conductas de imitación.
  11.  Frecuentemente, tiene posturas corporales anormales.
  12.  No presenta ni el interés ni la actividad propia de su edad. No sabe jugar con los juguetes.
  13.  No da la mano cuando se le pide. No le interesa la atención de los demás niños ni de otras personas.
  14. No disfruta cuando hace algo; repite una conducta muchas veces como un ritual sin sentido.
  15.  Los rituales van aumentando. No soporta un cambio de un objeto en un mueble y grita, no quiere que se le cambie de ropa o tiene que comer lo mismo todos los días antes de dormir. Es frecuente que golpee muchas veces un objeto, que encienda y apague la luz muchas veces, etc.
  16.  No es capaz de jugar a algo realista y simbólico. Realiza un juego como un ritual, repitiendo y observando un objeto durante mucho tiempo.
  17.  Muestra una gran indiferencia ante las emociones o sentimientos de los demás.
  18.  No inicia una conversación.
  19.  Su cerebro no logra integrar la información que le llega por los diferentes sentidos, por lo que la mayoría de las veces no comprende lo que se le dice ni logra captar lo que piensan los demás.
  20. Se obsesiona con un solo detalle. Suele repetir el final de una frase (ecolalia).
  21.  Su conducta se puede alterar mucho por detalles que a otros niños no le influyen (un juguete rojo, un mechero, una linterna, etc.) y presenta un llanto excesivo con agitación, gritos, rabietas, etc.
  22. Se les da mejor las tareas manipulativas, de memoria y espaciales. Un 25 % puede tener aptitudes especiales para el cálculo, el dibujo, la música, la memoria, llegando a ser superdotados en algo.

causas del autismo

No existe una explicación en la etiología del autismo. Durante muchos años se consideró el autismo como un trastorno psicológico, cuya etiología estaba en la anómala relación madre-hijo, en las primeras etapas de la vida. Hoy se considera un retraso en el desarrollo de la configuración de las complejas conexiones neuronales del sistema nervioso. El origen del autismo se considera un fallo en la información contenida en los genes, que condicionan un anormal desarrollo de las redes neuronales del cerebro.

La ansiedad alta es muy frecuente en el autismo por la poca tolerancia que tiene a los cambios, además de por su conducta ritual y su pensamiento reiterativo. Cuando se altera su rutina diaria presenta agresividad, agitación o autolesiones. Un 25% de los autistas, también presenta epilepsia.

El autismo se cronifica y es muy incapacitante. Es infrecuente que un niño autista pueda llevar una vida normal. Solo uno de cada diez podrá realizar un trabajo en la vida adulta, pero siempre con una falta de adaptación a la vida social.

Dentro de los trastornos generalizados del desarrollo, también están el síndrome de Asperger, el síndrome de Rett y el trastorno desintegrativo infantil.

síndrome de Asperger

Los síntomas de este síndrome no tienen la intensidad que presentan en el autismo, aunque comparten lo relacionado con la dificultad de comunicación. En el síndrome de Asperger no hay retraso mental ni déficit en la adquisición del lenguaje. No hay retraso en el aprendizaje, y puede ser superdotado en alguna tarea. Pero tiende a aislarse, no se relaciona con otros niños de forma normal. No mira a los ojos, no tiene empatía y utiliza el lenguaje de forma inadaptada (falta de comunicación, déficit de habilidades sociales, no intercambian contenidos, etc.). No puede adaptarse a los cambios ni modificar su rutina diaria.

Susan Boyle, que se hizo famosa en 2009, en el concurso televisivo Britain´s Got Talet, cantando I Dreamed a Dream, era una mujer muy tímida y con aspecto ausente toda su vida. Fue diagnosticada de síndrome de Asperger, aunque de pequeña le hicieron un diagnóstico equivocado (daño cerebral al nacer). En el colegio fue víctima de acosos porque era diferente. Entre otros famosos que pudieron tener este síndrome, podemos citar a Albert Einstein (no aprendió a hablar hasta los cuatro años y con fluidez hasta los nueve); a los escritores Hans Cristian Andersen y Franz Kafka; el filósofo Friedrich Nietzsche; el pintor Vincent van Gogh; el cineasta Tim Burton, etc. Los afectados por este síndrome suelen ser personas inteligentes y creativas.

síndrome de Rett

Muchos de sus síntomas son similares al autismo. Fue descubierto en 1966 por el médico austriaco Andreas Rett. Incide más en mujeres, al contrario que el autismo, y tiene una evolución muy diferente. Afecta a una de cada 10000 niñas. Durante los primeros años, el niño parece normal pero poco a poco se va observando en él un retraso generalizado del desarrollo, principalmente psicomotor y cognitivo. Provoca una grave discapacidad, la persona que lo tiene será dependiente de los demás toda su vida.

El niño con síndrome de Rett, presenta apraxia (dificultad para realizar funciones motoras), anomalías en el electrocardiograma, epilepsia, rigidez muscular con atrofias musculares, retraso en el crecimiento, trastornos óseos que llegan a producir escoliosis graves que requieren intervenciones quirúrgicas.

Con frecuencia, el niño con síndrome de Rett tiene muchos síntomas de hiperventilación y de aleteo con las manos. Hoy día se considera que, aunque su origen es genético, la mutación ocurre al azar y no se hereda.

Trastorno Desintegrativo Infantil

Durante los dos primeros años, el niño presenta una normal evolución en su maduración psicológica y neurológica. A partir de esa edad comienza a producirse un importante retraso psicomotor y en la interacción social, que termina alterando toda su actividad. Hoy día conocemos poco de este trastorno. Futuras investigaciones descubrirán más aspectos sobre su etiología y evolución.

Tratamiento

Actualmente, no existe ningún tratamiento curativo del autismo. Ni los fármacos actuales ni otras terapias logran curarlo. No obstante, existen diversas terapias que mejoran los síntomas y consiguen una mejor integración y mayor calidad de vida. Las técnicas que han demostrado ser más eficaces en el autismo son las de tipo cognitivo-conductual. El tratamiento se basa en aplicar programas de intervención psico-educativa, mediante la utilización de técnicas de intervención psicológica y programas educativos. Este tratamiento debe ser llevado a cabo por especialistas médicos, psicólogos, pedagogos y asistentes sociales. Se aplica en centros especializados y con especialistas formados en esta patología. El programa de intervención se basa en el refuerzo positivo. El tratamiento ha de conseguir:

  1. Técnicas para disminuir su estrés familiar.
  2. Técnicas para mejorar su capacidad de atención, percepción, memorización, etc.
  3. Mejorar su capacidad de comunicación.
  4. Técnicas de desarrollo del lenguaje.
  5. Técnicas que desarrollan su interacción social.
  6. Técnicas de autocontrol emocional para que controle mejor sus emociones.
  7. Técnicas de desarrollo de habilidades sociales.
  8. Técnicas para reforzar el interés por los demás y por las actividades propias de su edad.
  9. Modificar su rigidez cognitiva.
  10.  Eliminar sus movimientos estereotipados y repetitivos.
  11.  Extinguir sus conductas negativas (rabietas, agresividad, autolesiones, etc.).

Para lograr estos objetivos es fundamental que la familia participe en el tratamiento, para enseñarle pautas con las que aprender a manejar las conductas conflictivas del niño, así como conocer técnicas de refuerzo positivo para potenciar sus conductas de aprendizaje. La medicación también puede ser necesaria para ayudar a eliminar las conductas de descontrol, repetitivas o reducir las autolesiones. Si hay crisis epilépticas, el tratamiento farmacológico es absolutamente necesario. Las técnicas se basan en el refuerzo positivo, en técnicas de aprendizaje y en la percepción del ambiente que le rodea con un feedback positivo.

Estas técnicas tienen los siguientes objetivos:

a)            Aprender a adaptarse a los cambios.

b)            Aprender a modificar sus rutinas y repeticiones.

c)              Aprender a compartir.

d)            Aprender a integrar las partes en un todo.

e)            Aprender a respetar las normas y las reglas.

f)             Comprender las emociones y opiniones de los demás.

g)            Aprender a jugar en grupo.

Los consejos básicos para la familia durante el tratamiento son:

  1. Reforzarle siempre su conducta positiva.
  2. Evitar conductas que le resulten frustrantes, negativas o que le alteren.
  3. No provocar cambios bruscos sino de forma progresiva y explicarlos.
  4. Ayudarle a organizar su espacio en casa mediante instrucciones sencillas .
  5. Ayudarle a planificar el tiempo, las actividades, etc.

José Antonio Gris

Especialista en Psicología Clínica

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