Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, octubre 30, 2020
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Beato e influencer 

La actualidad del beato Carlo Acutis está fuera de duda. Su vida y su mensaje suponen una bocanada de aire fresco para la Iglesia, pues confirman lo que afirmó hace años Benedicto XVI: “la Iglesia está viva y es joven”. En efecto, la finalidad de la Iglesia es la santidad, y las nuevas generaciones, los millennials han tomado la estafeta y han alcanzado la santidad. Carlo Acutis, beatificado este 10 de octubre, es el primer ejemplo de ello.

Acutis ha sido propuesto como “patrono de internet”, pues alcanzó una gran competencia en la informática, convirtiéndose en el “ciber-apóstol de la eucaristía”, gracias a la exposición virtual sobre milagros eucarísticos que realizó. Ahora bien, más allá de su notable exposición sobre la eucaristía, aquello que realmente lo convierte en un modelo de gran actualidad, es lo que afirma Nicola Gori, el postulador de su causa: “nunca usó internet para algo que no fuera hacer el bien”. En efecto, una parte de su proceso de canonización consistió en el análisis, por parte de técnicos especializados, de su computadora, para revisar los sitios web que había visitado. Todo estaba en orden, lo cual es admirable, pues basta un clic para acceder a sitios incompatibles con el amor de Dios. El no haber hecho ningún clic desafortunado es ya una clara muestra de santidad.

Ser patrono de internet tiene esas dos facetas complementarias: usarlo para el bien, evitar servirse de él para el mal. Lo segundo es mucho más difícil que lo primero, pues los buenos deseos son bastante generalizados, gracias a Dios el hombre es más bueno muchas veces de lo que suponemos. Pero también es furiosamente frágil, e internet y sus seducciones suelen apelar a esta debilidad. La coherencia en el uso de las redes sociales y el ciberespacio en general es una de las palestras donde más se ejercitan las virtudes cardinales de la fortaleza y la templanza, y sólo es posible hacerlo si uno actúa movido por una ardiente caridad.

Eso fue lo que hizo Carlo Acutis, lanzarse vehementemente al ciberespacio, pero con el deseo de redimirlo, de convertirlo en un instrumento de evangelización y de servicio. Como todas las personas estuvo tentado de darle un mal uso, pero fue más fuerte su amor. Encontró en su vocación informática una manera excelente de servir a Dios, de amarlo a Él y al prójimo, de forma que tenía el alma y el corazón llenos, sin espacio para las tristes compensaciones sensuales que ofrece la red. Mostró así, prácticamente, una idea muy querida por san Josemaría: “la vocación humana es parte, y una parte importante, de nuestra vocación divina”.

En efecto, el nuevo beato encarnó muy bien lo que predicaba “el Santo de lo ordinario” (como calificó san Juan Pablo II a san Josemaría), que el secreto de la santidad está en “vivir santamente la vida ordinaria”, en “hacer endecasílabo de la prosa de cada día”. La madre del beato Carlo Acutis señala, en una entrevista que “Carlo vivía lo ordinario en forma extraordinaria; lograba transformar lo ordinario en extraordinario”. Esta buena mujer captó muy bien la síntesis de la santidad de vida, que es accesible y heroica a la vez.

Ahora bien, ¿cómo fue eso posible? ¿Cómo es que un influencer llegó a las cimas de la unión con Dios?, ¿cómo alguien inmerso en el mundo digital no fue presa de los vicios que suelen acompañar oscuramente a ese mundo? La santidad no se improvisa, si Carlo Acutis pudo preservar limpia su alma en medio de ese mundo plagado de incitaciones es porque tenía una gran riqueza interior, tenía el corazón y el alma llenos, no las necesitaba.

El beato Carlo Acutis nunca usó el internet para algo malo gracias a la rica vida espiritual que tenía, la cual no improvisó. ¿Cuál era su secreto? Su plan de vida espiritual; el mismo remedio ofrecido por san Josemaría para vivir santamente en medio de un mundo herido por el pecado. Las normas o reglas de vida que vivía el nuevo beato son asequibles a todos: comunión y rosario diarios, confesión semanal. Todo ello unido al hecho de ser buen estudiante –según testimonian sus profesores-, buen amigo –como lo confirman sus compañeros-, y tener una preocupación por la gente necesitada, que le llevaba a utilizar su tiempo libre sirviendo en una catequesis y en un comedor para inmigrantes. Porque tenía la vida llena de amor a Dios y al prójimo podía navegar incólume por el ciber-espacio y utilizarlo como instrumento de evangelización. Su ejemplo es vivo, cercano, accesible, necesario para todos los que aspiramos a ser influencers de Dios.

Mario Arroyo

Doctor en Filosofía

p.marioa@gmail.com

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