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Benedicto XVI y la química 

Convocado por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, tuvo lugar la celebración del acto cuyo lema “Ecos del mensaje del Santo Padre en El Escorial” reuniría a parte de quienes participamos en el encuentro de jóvenes profesores con Benedicto XVI, en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en plena JMJ 2011. Tras la presentación de don Feliciano, delegado de pastoral universitaria, los testimonios de cuatro profesores coincidieron en señalar que la reunión con el Santo Padre en El Escorial fue un hecho histórico.
Benedicto XVI nos invitaba a seguir a Jesucristo en el ambiente no siempre fácil – aunque la Iglesia interviniese en su puesta en marcha- de la Universidad, y nos indicó que el modo mejor de hacerlo es el de considerar que nuestra vocación, más que la de “formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento” es la de considerar a la Universidad como “casa donde se busca la verdad propia de la persona humana” y la de conseguir en los alumnos “suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo”. Nos llamó claramente a conversión, como Juan el Bautista, para caer en la cuenta de que si dejamos que la Palabra – el Logos- se encarne en nosotros seremos un testimonio elocuente que sirva a los alumnos a vivir Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (cf. Col 2, 7), como rezó el lema de la JMJ 2011.
A continuación, el Cardenal Rouco subrayó nuevamente –como lo hiciera al saludar a Benedicto XVI en la basílica de El Escorial el pasado 19 de agosto- que se trataba de la primera vez que el Papa tenía un encuentro de estas características en una JMJ, y nos contó que se le ocurrió proponer el encuentro al Santo Padre tras caer en la cuenta de que de un 60 a un 80% de los jóvenes que acuden a las jornadas son universitarios, y de que estimularía a quienes les educan e instruyen unas palabras desde el Magisterio Petrino.
La sorpresa fue que el Papa aceptó inmediatamente la propuesta, seguramente en parte –como recordó en el encuentro- por haber sido joven profesor universitario. Su magisterio hacia esta profesión había sido expresado con anterioridad en varios discursos como los de Ratisbona, los Bernardinos de Paris o La Sapienza. En su discurso del 27 de julio de 2007 en Roma, dado a los participantes en el primer encuentro europeo de profesores universitarios celebrado con ocasión del 50 aniversario de la firma del Tratado de Roma, que puso en marcha a la UE, el Papa refiriéndose a la vocación de la universidad de ser una verdadera Universitas, subrayaba como clave para que Europa encontrase nuevamente su vocación cultural específica en el mundo de hoy: “…Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentación…espero que las universidades se conviertan cada vez más en comunidades comprometidas en la búsqueda incansable de la verdad, en “laboratorios de cultura”, donde profesores y alumnos se unan para investigar cuestiones de particular importancia para la sociedad, empleando métodos multidisciplinarios y contando con la colaboración de los teólogos”.
oración y estudio en un monasterio emblemático
El Cardenal Rouco señaló que precisamente esta unidad del saber a la que hacía alusión el Santo Padre se expresaba en el Real Monasterio de El Escorial, motivo por el cual fue el sitio elegido para el encuentro. Construido en el siglo XVI bajo el reinado de Felipe II, su arquitecto Juan de Herrera se inspiró en el Templo de Salomón y en los escritos del beato mallorquín Ramón Llull, del que se declaraba ferviente admirador y quien le inspiró el texto más conocido de Juan de Herrera, El Discurso de la figura cúbica.
El monarca quiso que en el centro del conjunto, que dicen se asemeja a la parrilla donde san Lorenzo fue martirizado, se situase precisamente el sagrario, como lugar de adoración a la presencia de Cristo en la Eucaristía, cumbre del saber y del conocimiento en ese darse del todo de Dios al hombre.
Comentaba Rouco Varela que sorprende este hecho en comparación con lo que ocupa el centro del Palacio de Versalles: el dormitorio del rey. Además del convento de monjes de la Orden de san Jerónimo – que aseguraban una liturgia continuada- y de las estancias reales, en el monasterio de El Escorial se encontraba la Biblioteca Laurentina, una de las mayores del mundo, que llegó a albergar cerca de 14.000 volúmenes y fue concebida como gabinete científico y centro de investigación, por lo que el acceso a ella no solo de los religiosos, sino de eruditos y sabios de la época, fue una de sus características fundamentales.
cuna de la investigación científica
Felipe II quiso en ella recopilar todo el saber humano, y además fue sede de múltiples objetos astronómicos y científicos. Pero el monasterio albergó además otras estancias directamente relacionadas con la actividad científica experimental: la botica y la destilería.
El rey siempre manifestó un extraordinario interés por la medicina y la farmacia, y en el Monasterio de El Escorial quiso juntarlas con las humanidades y el reconocimiento al único Dios verdadero en obediencia a la Iglesia Católica. La garantía de que los beneficios de ambas recaerían no solo en la familia real, si no en todo aquel a quien dicho auxilio le fuese necesario, fue fray Francisco de Bonilla, fraile boticario que escribió entender su responsabilidad y actividad como “un nuevo sacramento de socorro a los pobres”.
La destilería, construida en edificio anejo –hoy sede del Colegio Universitario María Cristina, en el que se imparte docencia en la actualidad- fue puesta en marcha por importantes científicos de la época y además hombres de fe, como el napolitano y destilador real Giovanni Vincenzo Forte que, junto con el español y también destilador Diego de Santiago, el vidriero veneciano Guillermo de Carrara, o el benedictino irlandés Richard Stanihurst, contribuyeron a desarrollar en el monasterio las ciencias experimentales.
En ella se construyó una Torre Filosofal, según los diseños del también veneciano Pietro Andrea Mattioli, pieza más importante de la instalación, especialmente útil para la obtención de la quintaesencia –que hoy denominamos alcohol- imprescindible para la extracción de nuevos y más potentes fármacos. Con esta actividad, un monarca católico, inspirado en la unidad del saber, fomentaba la transición desde el galenismo hasta el paracelsismo, contribuyendo además a sentar las bases de lo que hoy conocemos como química médica, la vertiente de la química más útil para el hombre.
Precisamente en 2011, declarado por la ONU como Año Internacional de la Química, el carisma profético de Benedicto XVI le llevaba al Monasterio de san Lorenzo de El Escorial, del que dijo en su alocución a los jóvenes profesores universitarios del mundo: “Este monasterio de gran belleza artística, fue testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y de estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España”.
Gracias santo Padre por su pastoral hacia los profesores universitarios, por su visita y sus palabras en la JMJ 2011. ¡Que María, Trono de la Sabiduría, le siga concediendo palabras de Vida Eterna para la universidad y el mundo científico! ¡Vuelva pronto a España: le esperamos! ¡Que Dios le bendiga!

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