Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, agosto 12, 2020
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¡Calma, mi Dios! 

Desde la distancia rememoro tus miedos y tu angustia… ¡Calma mi Dios!, ya no puedo

hacer nada por ti más que amarte.

– Dime, ¿alguien te pidió que hicieras por mí?

– No, Señor, pero pienso que debí hacer algo por ti entre los que te seguían hacia el

Calvario.

– ¿Alguien te dijo que podías evitarlo?

– Pues tampoco mi Dios, pero creo que entre todos los que te amábamos pudimos haber

armado una revolución…

– ¿Para qué?

-Pues te lo estoy diciendo, para evitarte tanta crueldad. ¿Sabes? fuiste la persona del

mundo que más sufrió en espíritu y en sus carnes, pero amando a los asesinos… ¡El

colmo!

– Nadie te pidió, nadie lo evitó… ¿Te das cuenta? Yo no nací para vivir como tú, yo

nací para hablarte de mi reino, para que aprendas a llenar de amor tu maleta que

deberás enseñar el último día; nací por ti, para salvarte de la muerte porque te amo

hasta el extremo. Si Yo no hubiera muerto aquél día, si tú lo hubieras evitado… No

habría podido demostrarte el gran amor que te tengo.

– ¡Ay! Señor, pues menos mal que no estaba… Porque la verdad, si no es por tu especial

Muerte y Resurrección, nunca hubieras estado conmigo y eres la persona, el amor y el

Espíritu con quien quiero estar el resto de mi vida y en la eternidad.

– ¡Pues calma tú, hija!  Y respira profundo, que cada lágrima mía y gota de sudor de

entonces debe ser una sonrisa para ti, una gota de fe y un mar de amor que debes dar

al mundo, porque Yo estoy en el mundo.

– ¡Vale! ya me he enterado de todo. ¿Pues sabes qué? Que ahora quiero acompañarte en

el dolor por aquellas escaleras de Jerusalén, rezarte y amarte como Tú lo haces, hasta el

extremo. Ya, ya sé, amarte a Ti, pero en los demás.

– Ok hija, así es, hasta ahora.

– Ok Padre, millones de gracias y hasta siempre.

                                                                                                                                 Enma Díez Lobo

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