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¿Casarse?, ¿y por la Iglesia? 

Hace años, no tantos como para que la gente de media edad no lo recuerde, todo el mundo se casaba, y se casaba por la Iglesia, claro.   Hoy, parece que han pasado no 30 años sino muchos más, cada vez se casa menos gente. Las  parejas de hecho, bien pasajeras o con un cierto carácter de estabilidad, aumentan cada vez más y también se incrementa el número de solitarios, bien por decisión propia, por incapacidad, por fracaso en su matrimonio, o simplemente por fracaso sentimental previo.

Hoy hay en España casi 47 millones de habitantes, de ellos son mayores de 16 años 39,6 millones.  De estos, la mayoría están casados (un 56%), un tercio están solteros (31,5%), y los demás están viudos (7,4%) o bien están divorciados o separados (4,6%).  Si comparamos la situación con la 1987, vemos que la población mayor de 16 años ha crecido en más de 9 millones (un 31%), los casados y viudos han subido por debajo de la media (19% y 22%), los solteros han subido bastante (un 44%) y los divorciados/separados se han multiplicado por 6 (¡han subido un 502%!).

En cuanto a matrimonios, en 1987 hubo 215.771 matrimonios y en 2009 ha habido sólo 175.952 (un 18,5% menos), a pesar de la subida de población del 31% en esos mismos años.  La tasa de nupcialidad ha sido de 3,83 frente a la de 5,59 en 1987.  Y con una caída muy acentuada en los últimos años: en 2004 todavía fue de 5,04, es decir bajó un 10% en 17 años y un 20% en los últimos cinco.

Si se analizan la forma de contraer matrimonio, el cambio todavía es más rotundo: en 2009 hubo por primera vez más matrimonios civiles que canónicos: 94.993 frente a sólo 80.174.  Los matrimonios por otras religiones fueron sólo 785, aunque han subido mucho relativamente (un 112% más que los 358 de 1996), siguen siendo un valor casi anecdótico: menos del 0,5%.   Se culmina así una evolución donde los matrimonios civiles van creciendo mientras disminuyen los canónicos.

Al analizar estos datos hay que tener en cuenta más parámetros para entender la realidad de esta evolución:

  1. Una parte significativa de estos matrimonios civiles (unos 33.400 en 2009, más de un tercio de los matrimonios civiles) corresponden a segundos (o posteriores) matrimonios donde hay algún divorciado, que obviamente no puede casarse por la Iglesia aunque quiera.

Sin embargo, su incremento es menor que el del resto de los matrimonios civiles.

  1. Un aumento continuado en las rupturas familiares que ha explotado a partir de la “Ley del divorcio-express” de 2005, de forma que prácticamente se rompen dos matrimonios por cada 3 nuevos que se contraen.
  2. El aumento exponencial de las “parejas de hecho” de cualquier tipo que se está produciendo, especialmente en los últimos años.  Hasta ahora había una tendencia a que un gran porcentaje pasara al matrimonio, una vez que se estabilizaba, pero aparecen indicadores que parecen modificar esta conducta en el futuro.

 vaciarse de Dios, llenarse de cualquier cosa

Estos datos muestran claramente el deterioro galopante del matrimonio en España, y aún más el tradicional matrimonio por la Iglesia.  Se podrían seguir profundizando con más datos,  pero creo que es importante pasar a hablar del por qué.  ¿Cómo es posible este cambio tan brusco en nuestra sociedad?  Unos cambios tan drásticos en tan pocos años mientras que en otras sociedades han necesitado mucho más tiempo, pueden llevarnos a la idea de una revolución súbita, que hubiera cambiado las ideas y los corazones de forma aparentemente “natural” en breve tiempo.

El fenómeno es complejo e influyen muchos conceptos, por lo que es imposible un análisis completo en este artículo.  Por ello, simplemente indicaré algunas grandes líneas que aclaren las raíces de este cambio:

1)    Es fundamental negar la idea de una revolución súbita.  No, aunque los resultados se han manifestado en los últimos años de forma rapidísima, el cambio profundo en los conceptos, en los valores se ha producido desde hace décadas.  Podríamos considerar que España hace 50 años era socialmente católica, y que el cambio se ha producido desde entonces, pero realmente ya había algunos gérmenes entonces que han facilitado ese desmoronamiento.

Ciertas ideas que se “venden” públicamente se van aceptando, aunque inicialmente se rechacen sus consecuencias más negativas, pero esa aceptación lleva finalmente a la de sus consecuencias, que ahora vamos viendo.

2)    También es importante resaltar que no ha sido un cambio “natural” por la misma evolución de la sociedad, sino que ha sido motivado, dirigido y forzado por amplias y poderosas fuerzas internacionales y de presión en distintos ámbitos y con distintos intereses incluso.

Sin caer en tópicos de “conjuras internacionales”, la realidad es que ha habido una labor muy decidida para imponer unas ideologías con graves aspectos antihumanos y antifamiliares, y cuya máxima expresión actual es la “ideología de género”.   Aquí se encuentran actores tan dispares como los Estados Unidos con su interés en el control demográfico del tercer mundo, los “lobbys” feministas y homosexuales, ciertas multinacionales farmacéuticas o la izquierda marxista reconvertida tras la caída del muro a nuevas revoluciones.

Actualmente, la mayoría de los organismos internacionales y de los medios de comunicación son los principales focos de expansión e imposición de estos neovalores antihumanos.

3)    La decadencia moral del mundo occidental, donde gran parte de las masas abandonan el hecho religioso. En muchos casos se ha edulcorado y rebajado para facilitar su aceptación, pero se ha provocado el efecto contrario de rechazo ante su inutilidad para dar respuesta a las auténticas necesidades del hombre: “si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres”.

4)    Como corolario del punto anterior, se ha producido un vacío, donde el cientifismo (y otros “ismos”) han ocupado una posición de prestigio y poder en la mentalidad pública que ha facilitado la aceptación acrítica de estos “nuevos valores”.

5)    Como consecuencia de los puntos anteriores, asistimos a una sociedad confesional de nuevo cuño, donde los valores indiscutibles, so pena de rechazo social, ostracismo o ridiculización, son esos pseudos-valores que se han ido extendiendo anteriormente.  Así, hoy día es un auténtico “pecado” social el rechazar ciertas ideas.   Se plantea ya incluso el “defender” legalmente estos valores, es decir que dentro de poco defender la familia natural puede ser considerado “delito de homofobia” o algo similar en este neolenguaje que también es otro paso más en la construcción de un nuevo hombre y una nueva sociedad.  Y esto que era ciencia-ficción hace unos años ya es casi realidad.

 firmes en la Verdad

Ante este panorama desolador sólo hay dos actitudes posibles (toda vía intermedia tarde o temprano tendrá que optar necesariamente) o bien rendirse y unirse a la ola que parece imparable humanamente, o bien oponerse a ella.  Pero para no ser arrollado, es necesario conocer la verdad y estar dispuesto a trabajar por ella, aunque nos cueste.

Ya no se puede ver los toros desde la barrera, cada vez el cerco se estrecha más.  En las escuelas buscan inculcar esos valores (Educación para la Ciudadanía, Educación sexual, etc.), en la legislación buscan imponerla por encima de cualquier derecho y libertad.

En definitiva, frente a este gigantesco proceso de reconstrucción humana y social, asentémonos en el auténtico valor de la persona y la familia tal como son, sin dejarnos intoxicar.  Precisamente ahora que se acercan al triunfo y se van despojando de las máscaras para mostrar en toda su extensión su proyecto, es cuando es posible despertar a la sociedad, a las personas.  Si permanecemos firmes, si realmente somos capaces de actuar en la medida de nuestras posibilidades podemos vencer.  Es un gran reto pero es nuestro reto.

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