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Celos patológicos 

¿Los celos son una manifestación de amor? En cualquier pareja, la aparición de los celos patológicos es como un virus que puede destruir la relación si no se pone remedio, ya que conducen al que los padece a conductas que nunca hubiera imaginado. La persona con celos experimenta sentimientos de duda, tristeza, miedo e ira. Hoy día, los jóvenes, incluso los adolescentes, comienzan antes una relación de pareja y las manifestaciones de amor se exponen en público mucho más que lo hacían nuestros abuelos. Sin embargo, las nuevas tecnologías han propiciado en nuestra sociedad nuevos métodos de celos o de control, haciendo que se den muchas más conductas de posesión y control enfermizo sobre la pareja que antes. Si hace unos años se registraba la ropa o la cartera del hombre o el bolso de la mujer, ahora se espía el móvil, el perfil de Facebook, de Tuenti, la cuenta de Twitter, de Instagram, el correo electrónico, etc.

Desde el año 2007 se han producido en España 800542 denuncias por malos tratos. En 2013, en España, se presentaron 18594 denuncias por violencia doméstica (entre parientes) y 124894 denuncias en el ámbito de la violencia de género (en la pareja). Mientras se producen 3,9 denuncias sobre violencia doméstica por cada 10000 habitantes, esta cifra se eleva a 26,5 por delitos de violencia de género. Baleares es la comunidad autónoma con más denuncias, con 7,2 en violencia doméstica cada 10000 habitantes y 39,3 sobre la violencia machista.

Esta violencia ha aumentado mucho entre los adolescentes y jóvenes. Es posible que influyan en las nuevas generaciones también varios factores, como mayor libertad a la hora de salir de noche, viajar, consumo de drogas, etc. Sería difícil ponderar cada uno de los factores que influyen, pero está claro que el tan utilizado doble chek, la última conexión, la posibilidad de controlar la ubicación de los nuevos teléfonos, llamados Smartphones, etc. influye. Muchas personas controlan la actividad on line de su pareja, sobre todo los jóvenes, que dominan las nuevas tecnologías mucho mejor.

¿Por qué algunas personas son tan celosas? ¿Por qué controlan tanto a su pareja? ¿Por qué no superan nunca los celos? ¿Tiene alguna culpa la persona que es celosa? ¿Cuántas parejas se rompen por culpa de los celos? Desgraciadamente, para muchos el amor está unido a una concepción de posesión, control y celos de la pareja. Se auto justifican pensando: “Soy muy celoso o celosa porque te quiero mucho”. Sin embargo, los celos no son signo de amor sino de inseguridad o de problemas de personalidad. Los cuales cada día preocupan más a los expertos porque generan muchas conductas agresivas, de posesión y control, que —aunque se dan en todas las edades— han aumentado mucho más en los adolescentes y jóvenes.

necesidad de poseer

Según los datos más recientes, las redes sociales forman parte del 70% de los usuarios de internet y del 96 % de los usuarios entre 14 y 25 años. Según refleja un estudio realizado por el Ministerio de Sanidad, más del 20 % de los jóvenes han controlado a su pareja mediante Internet o el teléfono móvil. Según ese mismo estudio, un 15 % de las jóvenes universitarias se han sentido condicionadas —que no obligadas— a realizar ciertos tipos de conductas sexuales. Un 12 % dice que su pareja la aísla de sus amistades, un 10 % ha sufrido un control absoluto (hasta los mínimos detalles), un 8 % ha sufrido insultos y amenazas y el 6 % ha sido víctima de agresiones o violencia física.

Otro estudio, realizado por el Instituto Nacional de Estadística, confirma esta problemática: de las 32242 mujeres que denunciaron a su pareja el año pasado por recibir malos tratos, el 60 % tenía menos de 18 años. Todo esto, sin tener en cuenta que muchas conductas de malos tratos físicos o psicológicos no llegan a denunciarse. Pero ¿por qué aumentan tanto estas conductas entre los jóvenes? He visto muchos casos en los que la pareja los obliga a darles la clave del móvil, de su correo, de las redes sociales, incluso de las tarjetas de crédito como muestra de amor y de confianza. Así comienza el proceso de control y termina en conflicto. Los casos más complicados van unidos a personas que presentan un trastorno muy claro. El amor no se puede basar en un control excesivo o en una dependencia exagerada; no puede anular la personalidad del otro sino potenciarla en todos los aspectos positivos. En el amor no puede haber posesión sino enriquecimiento de la personalidad del otro. Tiene que desarrollar todo lo positivo que hay en los dos, incluso en lo relativo a la independencia, libertad y respeto.

Debajo de los celos patológicos siempre se da un profundo egoísmo y una inmadurez psicológica. La persona que padece estos celos piensa, aunque no lo diga: “Es mi pareja, es la persona que más quiero y tengo derecho a controlar todo lo que hace, con quién habla, a quién mira, qué ropa lleva y a pedirle explicaciones por todo lo que haga desconfiar.”

La Organización Mundial de la Salud sostiene que una buena educación eliminaría estas conductas de control machista. En nuestra sociedad ya se están impartiendo valores de igualdad en el colegio o en la familia, pero no está siendo suficiente. Toda pareja de recién enamorados tiene que saber pasar del enamoramiento romántico al amor con mayúsculas: desarrollar habilidades de comunicación, de asertividad, saber perdonarse, adquirir pautas de convivencia y de respeto, saber aceptar las diferencias o discrepancias del otro, hablar sin irritarse, saber afrontar problemas y no perder nunca la capacidad de comunicación; todo lo contrario, desarrollarla más, procurando siempre enriquecer la personalidad del otro. En el amor de verdad se habla de todo, no se evitan los problemas, sino que se afrontan entre los dos, y se perdona.

causas y síntomas

Los celos no solo aparecen en las relaciones de pareja, también son frecuentes entre hermanos, padres, amigos, compañeros de trabajo, etc. Es un problema complejo en el que influyen varios factores. Los celos son una emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer a la pareja de forma exclusiva y enfermiza. Una persona puede tener una historia frecuente de celos en la infancia con los hermanos, en el colegio, con objetos (un coche, una casa, etc.). Los niños pueden tener una actitud celosa hacia sus hermanos u otros niños. No desean compartir el cariño de sus padres, ya que a menudo creen que el amor tiene límites cuantitativos. A veces es uno de los padres el que tiene celos porque piensa que su hijo o hija quiere más al otro padre o madre. Los celos entre padres, cuando es un hijo único, son más frecuentes.

En diversos estudios se ha demostrado que las personas más inseguras, con baja autoestima o con trastornos de personalidad son las más propensas a tener celos patológicos. También influye que una persona haya sentido en la infancia celos de algún hermano o en el colegio. Otro factor importante es que se haya sentido engañado por alguna relación anterior. En estos casos, son conductas aprendidas, derivadas de experiencias anteriores. Un 95 % de estas personas presentaban ira, un 80 % inseguridad, un 65 % tristeza y un 80 % miedo. En todos ellos había alteraciones emocionales importantes. Otros estudios han puesto de manifiesto que la mujer teme más a la infidelidad emocional o psicológica y los hombres temen más la infidelidad física o aventura sexual de su pareja.

Los celos patológicos llevan a una persona a tener conductas que quizá antes hubiera considerado absurdas: registrar los bolsillos, papeles, tarjetas de crédito, movimientos en la cuenta bancaria, espiar el móvil (llamadas, mensajes, etc.), el correo electrónico, las redes sociales, etc., con lo que cada día su desconfianza es mayor y le puede llevar a conductas violentas. Cuando una persona tiene celos, se activan las zonas del cerebro relacionadas con las conductas agresivas, como el hipotálamo y la amígdala.

Los celos patológicos son una enfermedad y producen muchos cambios en la conducta de una persona. Un ataque o locura de celos puede aparecer únicamente porque una persona piensa que le engaña su pareja, pero sin tener ninguna prueba.

tipos más graves 

 

  1. CELOS OBSESIVOS. Se caracterizan por la preocupación no delirante acerca de la infidelidad percibida de su pareja. Está obsesionado con el control mental e interpersonal de su pareja o cónyuge. Le obsesionan todos los pequeños detalles y siempre es muy rígido y obstinado. La preocupación puede derivar en comportamientos o actos mentales repetitivos en respuesta a la preocupación por la infidelidad que causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del comportamiento. Tiende a interpretar mal muchos pequeños detalles que se van convirtiendo en obsesiones cada vez más intensas, y que ya no las puede controlar. Cuando se agrava, llega a estar todo en día obsesionado con el control de su pareja. Se convierte en la actividad principal de su vida diaria. El obsesivo vive en una ambivalencia constante: es rígido e inflexible, pero a la vez está lleno de dudas y temores. Es perfeccionista al máximo. Le cuesta expresar emociones y comprender a los demás. No tiene empatía con los demás. Les falta flexibilidad y espontaneidad. Todo lo que se salga de la rutina diaria le provoca ansiedad y angustia. Aparentan ser muy educados, pero en realidad son muy autoritarios. Son extremadamente dogmáticos y agresivos. Tienen pensamientos y sentimientos muy contradictorios. Su expresión afectiva es de una persona muy controlada, escrupulosa, reprimida, seria y triste. Siempre aparenta ser muy maduro y disciplinado. No soportan a las personas frívolas o impulsivas. No muestra su propio afecto por miedo a que experimente una gran cantidad de emociones contradictorias e incontrolables, y todo lo reprime. Su mecanismo de defensa es la formación reactiva: reprime sus impulsos indeseables y expresa lo contrario, por ejemplo, formalidad y madurez.
  1. CELOS PARANOIDES. Sospecha recurrente y sin justificación respecto a la fidelidad del cónyuge o la pareja. El paranoide está convencido que su pareja le engaña con todos. Es muy desconfiado y suspicaz, sospecha de todo y de todos. Se enfada y se irrita con mucha frecuencia. Considera que todos están contra él y todos le engañan. No confía en las personas, y cuando alguien es amable con él, piensa que le está engañando en algo, que tiene un plan oculto. El estado de duda y malestar es tan intenso que llega a provocarle una incapacidad para mantener una vida normal. Se da en él un excesivo afán de posesión y una desconfianza generalizada. Está permanentemente en alerta, vigilando todo. El resentimiento es muy grande, como si sus sospechas fueran todas ciertas. Sus actitudes de rivalidad son constantes. Llega a vivir en un delirio patológico, porque proyecta todas sus desconfianzas en su pareja con una vivencia absoluta de que son reales. Es muy rencoroso, nunca olvida, y reacciona con hostilidad. Espiar a su pareja se convierte en lo más importante. El paranoide siempre está en guardia; en todo percibe alguna amenaza. Odia ser dependiente porque para él es lo mismo que debilidad e inseguridad. Llega a ser provocador y petulante con los demás. Consigue exasperar e irritar con facilidad. Es constante su conducta de desconfianza interpersonal, de resentimiento ya que cree que todos son injustos menos él. Se siente maltratado, amargado y menospreciado. No soporta que alguien haya triunfado en algo, lo considera peor que él. Se ofende con facilidad y desprecia a los demás. Piensa que todos están tramando algo contra él. Es desconfiado en extremo. Llega a conspirar contra los demás, pero con su mecanismo de defensa, la proyección, piensa que los demás conspiran contra él. Nunca percibe sus propios errores porque los proyecta en los demás en forma de debilidad. Es envidioso, hostil e irascible. Sus actos agresivos impulsivos son cada vez más frecuentes. Rara vez se pone en tratamiento porque hasta el terapeuta es un “espía” de su cónyuge. El paranoide va desarrollando una estructura cognitiva delirante.

Si crees que tienes celos patológicos no dejes de ponerte en manos de un profesional para ayudarte o acabarán destruyendo tu noviazgo o matrimonio. Quiero acabar este artículo con las palabras más hermosas que, en mi opinión, se han escrito sobre el amor. Las dirigió San Pablo a la comunidad de Corinto:

 “El amor es paciente, es servicial, no es envidioso; no es jactancioso, no se engríe; es decoroso, no busca su interés; no se irrita, no toma en cuenta el mal; no se alegra con la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. El amor no acaba nunca ” (1 Cor 13,4-8a).

José Antonio Gris

Especialista en Psicología Clínica

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