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Charles Lavigerie, 150 años después 

OMPRESS-ARGELIA (20-12-18) Fue en 1868, hace 150 años, cuando el cardenal Charles-Martial Allemand Lavigerie, arzobispo de Argel, creaba la Sociedad de los Misioneros de África, los Padres Blancos. Eran tiempos duros, en Argelia en aquella época particular, con una sequía a la que siguió una terrible hambruna, y, en el continente africano en general por la pervivencia de la esclavitud y muchas otras formas de explotación. Al año siguiente fundaba Mons. Lavigerie la congregación de Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África, la Hermanas Blancas.

En este aniversario, y con la cercanía de la beatificación de los 19 mártires de Argelia, varios de ellos hijos espirituales de Lavigerie es bueno recordar a este hombre que tanto amó África: “Amad África por las cruentas cicatrices de la esclavitud, por los gritos de dolor que se elevan de lo más profundo de su pasado. Amad África, que en tiempos pasados fue cristiana; amadla por sus grandes hombres por sus santos. Amadla por mucho que tengáis que sufrir, amadla con todas sus razas, que un día llegarán a fundirse en un solo pueblo. Amadla con sus recuerdos, sus leyendas, con sus tradiciones de respeto y de fe, con la resignación estoica que la tiene inmovilizada. Los patriarcas amaron hasta las piedras de Sión para ellos símbolo de tantas esperanzas. Siguiendo su ejemplo, todo lo he amado en África: su pasado, su porvenir, sus montañas, su sol y su cielo”.

El espíritu misionero de Charles Lavigerie es el que el mismo Papa Francisco expone: la presencia, el ejemplo y la atracción, no el “proselitismo”: “Recordad que la fuerza de una causa se reconoce sobre todo en la moderación de quienes la defienden, sin ceder nada de lo que les pertenece y sin ir más allá del límite de sus derechos. Recordad que la caridad, la paz, son inseparables de la verdad. Creedme que para un defensor de la fe es ésta la única manera de alumbrar a los hombres. Ofendiendo a las almas se cierra para siempre la puerta de los corazones”. Y añadía: “No quiero de ninguna manera usar ni la fuerza, ni la coacción, ni la seducción para llevar las almas a una fe cuya condición primera consiste en la libertad”.

Su actuación y la de las dos instituciones que fundó siempre se ha caracterizado por un amor y caridad exquisita: “Cuando yo hablo de la caridad, no hablo únicamente de la fácil caridad de la limosna, hablo de la caridad que sabe sufrir, sacrificarse, inmolarse si es menester, y por este medio termina, por fin, obligando a los más endurecidos a exclamar: ‘Estos verdaderamente son discípulos de Dios’”. Y pensando en las contrariedades y las persecuciones decía: “Vengaos del mal que os hayan querido o quisieren hacer, de la única manera que conviene a un sacerdote de Jesucristo, es decir, perdonando y redoblando en celo y caridad a favor del bien”.

En recuerdo de los 19 mártires de Argelia, recién beatificados, y su amor al pueblo musulmán de Argelia, las palabras de Charles Lavigerie parecen proféticas: “No tengo para los musulmanes de buena fe, como son casi todos de hecho en África, más que sentimientos de bondad paternal. Estoy dispuesto a no azuzarles, sino a servirles, como hice siempre, si tuvieron necesidad de mí. Ellos saben que si me necesitan yo los defenderé, y si se les ataca, me sacrificaré por ellos si es preciso”.

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