Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, agosto 9, 2020
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Ciudades de hielo 

“Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, nos visitará la luz de lo alto – Jesucristo – para iluminar a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte.” Lc 1; 78-79

Tienen frío… Les han enseñado a llenar sus vidas y a cubrir sus almas con cientos de cosas, pero …tienen frío. Nadie les ofrece una alternativa. Nadie se preocupa realmente por ellos. Les venden formatos de vida feliz. Les hacen promesas que nunca se cumplen. Les hablan de rutas, de sitios, de espacios de itinerarios para conseguir su felicidad. Y nada les sirve porque , en el camino han abandonado, sin saberlo ellos la única ruta: la del corazón. Y por eso… tienen frío.

No te amamos, Padre si permanecemos ausentes e impávidos ante tanto frío. No hemos comprendido la muerte de Cristo si nos limitamos a compadecernos de tanto dolor. El dolor que sufre tanta y tanta gente que vive en ciudades cubiertas de hielo. Gente que daría hoy toda su vida por salir de allí. Son los convocados por Cristo aquel día en aquel sermón desde la montaña. Son los abatidos porque no encuentran nadie que les guíe. Y en su soledad y en su vejación levantan sus ojos y nos interpelan: ¿dónde está tu Dios? porque tengo frío.

Y los que tenemos las antorchas llenas, llenas de tu Luz, debemos correr, correr a su encuentro. No descanses, Padre, dinos dónde están, todos esos hombres, para así ,poder pasarles la antorcha de tu Luz eterna, de la única Vida que viene de Tí.

“En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los humillados.” Is. 57; 15

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