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BANQUETE DE EVANGELIO 
20 de Febrero
Por Manuel Requena

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan»
(San Lucas 5, 27-32).

COMENTARIO

Parece la llamada de Mateo un amor a primera vista, de entrega total, inmediata, con gran banquete incluido en el que pecadores y justos ante la ley, por aquella magia aglutinante de Jesús, se habían mezclado. Sin duda es un paradigma del Reino de los cielos en el que pecadores, enfermos y hasta los justos hallan respuesta, encuentran médico, perdón de pecados, reconciliación y banquete espléndido. La luz de la verdad los pone a cada uno en su sitio, y a Mateo, -el publicano Leví-, le tocó la mejor parte ese día. No solo tuvo a Jesús en su casa, sino que allí se alumbró una de las vías esenciales de su Evangelio, la bienaventuranza de la cercanía, que en algunos provoca juicios temerarios según su ley y en otros quizás vergüenza, pero que el Médico y Señor iguala a todos en su palabra que no ajusticia, sino que justifica. En Mateo tuvo tanto éxito la Palabra, que su vida se hizo Evangelio. Esa fue su casa para siempre y en ella nos sigue acogiendo a los pecadores y a los que buscamos la justicia de las bienaventuranzas. Hoy tenemos los mismos elementos para rehacer el banquete del Reino con Jesús. Pecadores, pegados al dinero, banquete que celebra la gracia de la llamada al Evangelio, críticas de los que se creen justos, que no justificados, por sus tradiciones e ideas. Tenemos impuestos a saco, y también el paso de Jesús que nos llama. ¿Qué hacemos? No estaría mal un gran banquete de Pascua, pero antes adquiramos los ingredientes que hagan las delicias de la mesa. Pan de pobreza y mansedumbre de los que buscan vida en la justicia, salsa amarga de lágrimas de arrepentimiento y dolor de los pecados, limpieza de corazón, que es la vajilla donde se sirven todos los manjares del amor, condimentados con la paz y el picante del dolor y la cruz al gusto. Esa sigue siendo la mesa en casa de Mateo, en su Evangelio, y la invitación personal que provoca con su respuesta inmediata. Cómo hizo él, se puede vivir en el Evangelio. ¡Habrá que estar muy atentos por si pasa hoy Jesús y nos llama! Esa es la Noticia de hoy.

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