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Comunidad de la Sagrada Familia 

Cristo no merece la pena, merece la vida

El Espíritu Santo no agota su creatividad. En cada época va soplando gracias que brotan con formas nuevas en la Iglesia; las necesarias para vivificarla y capacitarla para asumir los retos que se le presentan. Es el eterno Consoladorque nos guía, nos previene, nos acompaña y sostiene en todo momento. Es el que dirige nuestros caminos aun por senderos que a la luz de la razónno siempre entendemos, pero que al calor de la fe nos adherimos con esperanza. Frente al descreído y turbulento mundo de hoy, el amor de Dios sigue siendo más fuerte que nuestros pecados. En las últimas décadas hemos presenciado cómo el Espíritu Santo, que es el que marca los tiempos, ha ido suscitando nuevas realidades eclesiales con diversidad de carismas. Una de ellas es la Renovación Carismática, cuyo don cobra vida en la Comunidad de la Sagrada Familia, lugar común de acogida al otro.

En el pueblo alcarreño de Trillo se sitúa el Centro Pastoral Juvenil San Francisco de Asís de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, encomendado a la Comunidad de la Sagrada Familia. Se trata esta de una comunidad de hermanos de la Renovación Carismática cuya misión es hacer presente el amor de Dios a través de la acogida, sabiendo que el hombre solo puede ser curado y sanado cuando entra en su espíritu la vida inmortal.

El P. Carlos nació en Argentina hace 57 años. «Estaba estudiando el último año de Ingeniería cuando después de comulgar sentí cómo el Señor me preguntaba: “¿Quieres ser sacerdote?”. “Sí —le dije— pero te pido tres cosas: no dudar nunca de este momento; serte fiel hasta el final y que me lleves al lugar donde mejor me pueda formar para lo que me necesitas”. Encontré providencialmente en mi casa el libro “Los cartujos hoy”, y en menos de un mes ya me había marchado a la cartuja Aula Dei de Zaragoza. Con los años he visto que ese era el mejor lugar donde prepararme para la misión posterior. Allí conviví con verdaderos santos; hermanos que han prescindido totalmente de sí y solo viven para el amor a Dios y al prójimo. En 1996, estando allí como prior, conocí a la Renovación Carismática y recibí del señor la llamada para comenzar un nuevo camino. Lo contrasté con dos sacerdotes y uno de ellos, Baldomero Jiménez Duque, director espiritual de enorme discernimiento, me dijo: “Es de Dios y la obra va a salir. Ponte en marcha pero prepárate para sufrir”. La Comunidad de la Sagrada Familia es el resultado de aquello».

«Cuando salí de la cartuja, el anterior obispo de Sigüenza-Guadalajara, Mons. José Sánchez, me prestó una pequeña casa en Sienes. Se unieron a mí la Hermana María y después la Hermana Pilar, a quienes conocía de la Renovación Carismática, y empezamos con la misión pastoral en cinco parroquias. Poco después se añadieron la Hermana Isabel, Pepe, Marcos… Desde el año 2007 hemos estado rehabilitando esta casa desocupada por los franciscanos, y en junio finalmente la hemos inaugurado como Centro Pastoral Juvenil San Francisco de Asís, aunque está abierta a cualquier necesidad de la Iglesia. También llevamos la pastoral de nueve parroquias, entre ellas las de Villanueva de Alcorán, Viana de Mondéjar, El Recuento, Trillo, Peralveche, etc”.

«si hoy nos queremos es porque resucitó»

¿Qué es realmente la Comunidad de la Sagrada Familia? ¿Existe algún secreto para que personas tan dispares convivan en comunión fraterna? «El único secreto es amar de corazón, salir de uno mismo e ir hacia el hermano —responde el P. Carlos—: Somos como la primitiva comunidad cristiana, hay una consagración total a Dios y con Él triunfa el amor por encima de todo. Nuestro carisma es hacer familia y dar familia tanto humana como divina, atendiendo con cariño a la gente que viene en dificultades: drogadictos, alcohólicos… Viven, rezan, trabajan y se sientan a la mesa con nosotros. En la raíz de esas “desestructuraciones” no solo está la debilidad humana, sino también la carencia de una familia que sostiene, por eso nosotros tratamos de ser ese soporte».

Es evidente que el Espíritu hace unidad, no confusión; su soplo tiende lazos y hace que sea posible el milagro del amor. Todo lo contrario al enemigo, que cuando actúa hay división y prepotencia. «La fe se vive en comunidad, rodeado de hermanos que te digan ante la cruz: “Oye, que es el Señor”. Si Cristo dio su sangre por todos, ¿qué derecho tienes tú para juzgar al otro? Los hermanos más débiles que se han unido a nosotros son precisamente los pararrayos de la comunidad, los que atraen la misericordia de Dios», reconoce el P. Carlos.

«Aquí se cumple lo que dice el profeta Isaías: “Vivirá el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará…”. La convivencia no siempre es fácil pero se da el amor y el perdón. Si te crees algo, el vivir en comunidad te permite conocerte y reconocer que eres un desastre», confiesa Diego. «La clave está en la oración —añade Paula— para estar abiertos a la escucha del Espíritu. No es idílico, lo que realmente convierte cada día es el sufrimiento y lo que pule es amar al hermano en la dimensión de la cruz. Todos nos ayudamos a aterrizar mutuamente pues queda patente la debilidad propia».

toda mi vida es tuya

La Hermana Pilar tiene 48 años y es de Burgo de Osma. A los 36 años recibió la llamada para consagrarse al Señor y formar parte de la Comunidad. «Tengo una vida tan plena que a veces le he preguntado al Señor por qué no me llamó antes. Pero sé que es porque la Comunidad no existía. Sentía una necesidad del Señor que no la colmaba yendo a misa los domingos. Me invitaron a una eucaristía celebrada por la Renovación Carismática y ahí el Señor transformó mi vida. En el 2002 fui a Sienes (Guadalajara) en unas vacaciones y conocí a la Comunidad, que por aquel entonces estaba formada por el P. Carlos, la Hermana María y Gabriel, un laico que se marchó fuera de España. Al cabo de unos días supe que era mi sitio. Como decía San Juan Pablo II, “Cristo no merece la pena, merece la vida”. Para mí estar con el Señor y con los hermanos es la plenitud. Vivir de la Providencia es más seguro que tener un sueldo a fin de mes porque Dios es mi Padre todopoderoso y sé que me va a cuidar».

La Hermana Isabel tiene 43 años y es de Collado-Villalba. «Yo era cristiana de cumplimiento, pero dos de mis hermanas se fueron a un retiro Carismático en Santiago de Compostela y volvieron tan entusiasmadas que me contagiaron el deseo de tener intimidad con Dios. Cuando mi trabajo me lo permitía participaba en el grupo de oración de la Renovación Carismática. En 1996 acudí a la celebración de la Pascua y me impactó; pasé de sentir que estaba muerta a resucitar con Cristo. En el 2006 fui a Sienes y sentí que el Señor me invitaba claramente a formar parte de ella. Yo siempre me fío del Espíritu Santo porque sé que no se equivoca».

Pepe, seminarista de segundo curso, nació en Madrid hace treinta años. «Vengo de una familia católica tradicional y desde pequeño he tenido encuentros con el Señor, pero a los veinte años mi vida perdió su sentido. Era como si el Señor me hubiese puesto unas gafas y todo lo que veía a través de ellas me parecía mentira, como de una función de teatro. Sentía que no había amor en las relaciones sino únicamente un fondo de conveniencia, ¡y me hundí! Desde niño estar presente en ciertos ambientes me producía un nudo en el estómago. Esto explosionó y era como si un cristal de acero me separara de los demás. Un verano conocí en Santander a los Legionarios de Cristo y al verles tan felices me di cuenta que ahí estaba la verdad. Pasó el tiempo y mi hermana tuvo una experiencia muy fuerte del Espíritu Santo cuando su suegra fue curada milagrosamente de sanación. Me invitó al grupo de oración de los jueves en la parroquia de Santa Catalina de Alejandría y el Señor comenzó a corregirme. Finalmente, en una Pascua Dios entró en los rincones más oscuros de mi alma y sentí como nunca su amor y su misericordia. “Quien pierda su vida por mí la encontrará”, resonaba fuertemente en mi corazón. Yo era como el joven rico; había terminado la carrera de Derecho y trabajaba en un despacho de abogados, tenía moto, coche… ¡Era muy mundano y el Señor me quitó esa capa de apariencia! Hasta ese momento, aunque hacía lo que quería no era feliz. Esa noche Dios me llamaba para seguirle y me sentía indigno, pero su misericordia y su fuerza pudo conmigo, puede hoy y sé que va a poder siempre. Mi alma grita: “Señor, llévame que yo no sé”, y eso me sostiene para ser sacerdote».

sea el Señor tu delicia

Diego y Paula, de 36 y 37 años respectivamente, son un matrimonio de Madrid. Tienen cinco hijos: Alonso, Paula, Teresa, Micaela y Francisco, de edades comprendidas entre los nueve años y los trece meses. «Vivíamos en Madrid —comenta Diego— pero en un momento dado me arruiné y lo perdimos todo. Ahora entendemos que es la respuesta a una petición que le hicimos al Señor de vivir la fe más en profundidad. Un amigo sacerdote destinado en Rascafría me llamó justo el día que supimos que estábamos en la ruina. Le conté lo que nos había pasado y nos ofreció su casa parroquial para vivir; allí pasamos un verano con mucha paz. Nos dejaba las llaves de la iglesia y podíamos hacer adoración cuando queríamos.  Coincidió además con la JMJ Madrid-2011 y atendíamos a la gente que pasaba por la parroquia. Está claro que todas las experiencias están en orden a la misión. En el invierno me salió un trabajito en Lozoyuela y comenzamos una nueva vida. Ganaba 630 euros al mes y solo el alquiler de la casa costaba 450 euros, con lo cual vivíamos de la Providencia, ¡y no nos faltaba de nada! La ruina ha sido para nuestro bien porque yo estaba metido en una rueda de idolatría de la que no podía salir, y el Señor tuvo que cortarla radicalmente. Después fuimos a Canencia de la Sierra y seguíamos colgados de Dios. Que el Señor da el pan a sus amigos mientras duermen es una realidad. En Madrid caminábamos en una comunidad del Camino Neocatecumenal, a la que no podíamos asistir por la distancia. Durante esos dos años echamos mucho de menos compartir la fe. Una prima mía conocía esta Comunidad desde sus inicios, le pedí el teléfono del P. Carlos, le llamé y nos invitó a conocerlos. Sentimos la presencia viva del Señor en ella. El año pasado vinimos unos días de vacaciones y ya nos quedamos. Con esta acogida hemos visto a un Padre que vela por sus hijos pobres y débiles».

Paula, su mujer, comparte la alegría de esta experiencia comunitaria. «Dios nos sacó del mundo porque las cadenas cada vez eran más pesadas. Nuestro papel principal como padres es transmitir la fe a los hijos y aquí es más fácil. Además, humanamente, el convivir con tanta gente enseña a ser corregido, a aceptar que somos imperfectos, que arrastramos miserias y pecados y aun así el Señor nos sigue queriendo. Sin embargo, no nos hemos diluido como familia. Los niños tienen muy claro la autoridad de sus padres. Que una familia formada por el matrimonio y los hijos viva con personas consagradas es chocante pero también es una maravilla. Vimos el cielo abierto cuando esta comunidad nos acogió para caminar hacia Dios con ellos, porque nosotros solos hubiéramos languidecido. Uno no puede combatir en el combate de la fe solo».

Alonso, de nueve años, es el mayor de los cinco hermanos. Aunque es corta su edad no lo es su discernimiento. «Es muy divertido vivir aquí. Madrid es un rollo patatero ¡y yo prefiero ser de pueblo! Dios ha llamado a mis padres para vivir en la Comunidad pero yo también tengo vocación de estar aquí».

Pilar, madre de la Hermana Pilar, tiene 85 años y desde hace un año forma parte permanente de la Comunidad. «Hace treinta y seis años que soy viuda. Toda mi vida he sido de la Iglesia y ahora he descubierto una nueva manera de vivir. Cuando mi hija me dijo que se venía a la Comunidad me disgusté porque creía que me quedaba sola. ¡Tenía miedo de perder una hija y he ganado una familia!».

te busco desde la aurora

En estos años la Comunidad ha crecido en número; desde niños hasta ancianos todos encuentran su lugar e interceden y oran por quien lo necesite. Además de los mencionados se han unido a ella los padres de la hermana María; Horacio —ex presidiario y posteriormente ayudante en la rehabilitación de drogadictos en Zaragoza—; Florín, incorporado hace seis meses después de vivir un año y medio en la T4 de Madrid aquejado de alcoholismo. «Estos somos los fijos, pero siempre se va añadiendo gente. Muchas veces somos más de treinta a la mesa y el Señor ha provisto para todos. Como es Dios de bueno y generoso con nosotros lo somos con la gente que viene. Todo el mundo necesita experimentar el amor de Dios. Florín llegó muy mal a esta casa y después de este tiempo de misa diaria, oración, trabajo y familia ya no bebe nada. ¡Ponemos a la gente delante del Señor y Él es quien les cura!», apunta el P. Carlos.

La razón del cristiano es evangelizar, que otros conozcan a Dios y tengan vida eterna. Es por ello que, aparte de su carisma de acogida, todos los lunes se desplazan hasta la parroquia de Santa Catalina de Alejandría de Madrid con el fin de celebrar a las 20:30 h. una eucaristía carismática para la familia y otra los jueves para los jóvenes. «La gente está muy necesitada de Dios. Nos rodea un ambiente tan paganizado ¡que muchos mueren en el alma! Anunciamos a Jesús, la buena nueva de la salvación, y Él va por delante con el poder del Espíritu curando a los enfermos. He presenciado sanaciones impresionantes, muchas de ellas a través del carisma de curación del ya fallecido P. Emiliano Tardif; como por ejemplo la de dos paralíticos que se pusieron a caminar o una señora sorda que comenzó a oír de repente. Una vez escuché al P. Tardif decir: “La primera pregunta que voy a hacerle a Dios cuando le tenga delante es por qué cura a unos y a otros no”. Eso es un misterio, pero lo que está claro es que la misericordia de Dios siempre está presente; unas veces Dios cura por misericordia y otras veces, precisamente por misericordia no cura, porque dejándole sin curar hace partícipe al enfermo del misterio de la Pasión de Cristo».

«Un matrimonio que ya habían iniciado los trámites para separarse vino a pasar unos días aquí. Rezamos por ellos y salieron de la mano. ¡Todavía siguen juntos! La Comunidad tiene el carisma de rezar e interceder por quienes se encomiendan a ella y Dios todo lo reconstruye», señala Diego.

por la mañana escuchas mi voz

Nos cuentan que el día a día es sencillo y pleno a la vez porque se vive al soplo del Espíritu. El hilo conductor de toda jornada es la oración. «Con el Señor tenemos más aventuras que Indiana Jones y Rambo juntos —afirma la Hermana Pilar—: Después de laudes y adoración eucarística comenzamos con las tareas de la casa. A las 13:30 rezamos el rosario y a las 14:00 comemos todos juntos. Por la tarde retomamos las tareas hasta la hora de la eucaristía. Después, la cena y las oraciones de la noche. Los lunes y los jueves vamos a los grupos de oración en Madrid y los sábados y domingos llevamos la actividad pastoral de las parroquias de alrededor. En verano se presta más a tener más actividades de encuentro con los jóvenes y las familias. Este mes de julio y agosto hemos acogido a cinco campamentos y los fines de semana a grupos de convivencia».

Decía Santa Teresa de Jesús que orar es tratar de amistad con quien sabemos que nos ama. Por eso vivir con Dios es mantener una relación personal de amor y libertad. “El Señor me ha dado mi sitio y soy yo mismo —explica Pepe—: no tengo que fingir ni dar la talla, la da Dios. Antes buscaba debajo del sillón moneditas de un céntimo cuando tenía un tesoro delante. ¡Y ahora lo he encontrado!”.

Paralelamente, y en contraposición al paganismo que invade nuestro siglo, destaca la naturalidad con la que se vive la fe, sobre todo por parte de los jóvenes religiosos. “Se han perdido los clasicismos estancos de antes. Los religiosos no vivimos encorsetados ni rígidos, sino naturales, cada uno con su personalidad. Porque Dios no te cambia, te potencia. Te quita el polvo del camino, te cura las heridas y los roces para que salga a relucir la criatura que ha creado. Y esa naturalidad es lo que atrae; lo forzado y la mueca tira para atrás. El joven olfatea la verdad y cuando la encuentra entonces se compromete. Donde hay verdad hay alegría y eso se contagia”, señala el seminarista.

María, reina de las familias

Como no podía ser de otro modo, la Virgen siempre está presente en la Comunidad de la Sagrada Familia. «En 1980 leí “El tratado a la verdadera devoción de la Virgen Santísima” de Luis María Grignon de Montfort, y la Virgen me mostró que del mismo modo que las fuerzas del mal empujan a una persona a venderse por dinero o por poder, y termina en posesión diabólica, la Virgen hace lo mismo a la inversa. Poco después pude leer la carta original que en 1932 San Maximiliano Kolbe le mandó a un sacerdote en la que ponía: “Queremos estar poseídos por María como los posesos son de Satanás”. Por eso nosotros también le pedimos diaria y libremente a la Virgen que tome posesión de nuestra alma, a través de esta oración: “Ante ti, oh santísima Majestad, delante de toda la corte celestial, de los ángeles y de los santos. Ante ti, oh Santísima Virgen María, proclamamos y declaramos solemnemente que de modo irrevocable y eterno, de manera totalmente libre y espontánea, te entregamos todo nuestro ser para que con el Espíritu Santo y San José nos poseas completamente para gloria y esplendor de l reino de tu Hijo amado. Esta posesión anula toda asechanza de las fuerzas del mal y la sellamos con la preciosísima sangre de Jesús. Amén”».

Victoria Serrano Blanes

Responder a Comunidad de la Sagrada Familia

  1. Juanjo Gomez- Escalonilla

    Hola
    Desearía comunicarme con vodotros para discernir la voluntad de Dios y ver si es consrtir mi fe en esa comunidad
    Gracias
    Mi tfno es 651880200

     

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