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Conflicto entre lo viejo y lo nuevo 
06 de septiembre
Por Alfredo Esteban

Pero ellos le dijeron: “Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber”. Jesús les dijo: “¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Pero llegarán días en que se lleven al esposo; entonces, en aquellos días, ayunarán”.

Les dijo también una parábola: “Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará y los odres se estropearán. A vino nuevo, odres nuevos (San Lucas 5, 33-39).

COMENTARIO

Hoy nos toca reflexionar sobre lo viejo y lo nuevo, buena noticia que viene traída de la mano del Evangelista San Lucas. No debemos confundir el cumplimiento de la Ley con la Ley cumplida que nos regala el Dios con nosotros y que nos trae Jesús de Nazaret.

Tampoco hay que olvidar que el nuevo vino que nos trae Jesús revienta o hace estallar el pellejo viejo. Intentaremos separar las cosas:

En el Antiguo Testamento, varias veces, Dios mismo se presenta como el novio de la gente (Is 49,15; 54,5.8; 62,4-5; Os 2,16-25). En el Nuevo Testamento, Jesús es visto como el novio de su pueblo, y de su gente (Ef 5,25). El Apocalipsis presenta el convite para la celebración de las nupcias del Cordero con su esposa, la Jerusalén celestial (Ap 19,7-8; 21,2.9).

El mensaje de Jesús no es algo absolutamente nuevo dentro del campo de la historia de la humanidad; su verdad entronca de algún modo con las verdades y esperanzas de las religiones de la tierra. Pero, a la vez, señalamos que la palabra y el gesto de Jesús inauguran sobre el mundo una experiencia religiosa diferente. Esta singular novedad que nos trae Jesús se refleja en el texto que hoy comentamos.

El tema de la novedad cristiana, interpretada sobre todo en forma de superación del judaísmo, se ha expresado de maneras distintas y algunas de ellas se reflejan en estos versículos.

Una primera parte se relaciona con el ayuno (5,33-34) y la respuesta de la Iglesia es clara: la actitud fundamental de los cristianos reproduce un gesto de alegría; es el tiempo de las bodas (del esposo que es Jesús), se ha hecho presente el Reino, ha despuntado e irrumpe sobre el mundo la verdad cristiana. Por eso carece de sentido mantenerse en actitud de espera y penitencia en el ayuno. Aunque por otra parte la Iglesia nos ayuda y enseña que es posible el ayuno tras la muerte Pascual como se nos dice en el versículo (5, 35), es también importante el ayuno para el propio crecimiento personal, tanto religioso como humano. Sin embargo, no podemos olvidar que la penitencia cristiana está fundada sobre la experiencia de la salvación y se traduce en forma de fraternidad y amor al prójimo.

Otra parte trata sobre lo nuevo y lo viejo y se refleja en las palabras de Jesús sobre el remiendo nuevo en paño viejo y sobre el vino nuevo en pellejos viejos, ver los versículos de esta lectura (5,36-39). Estas palabras son una luz que arroja claridad sobre los diversos conflictos, relatados por San Lucas, antes y después de la discusión en torno al ayuno. Aclaran la actitud de Jesús en relación a todos los conflictos con las autoridades religiosas: comer con pecadores, perdón de los pecados, observancia del sábado, etc… La religión defendida por las autoridades religiosas es entendida como ropa vieja y pellejo viejo.

No olvidemos que la novedad que seguimos teniendo los cristianos es que también hoy el Señor sigue estando entre nosotros, en la Eucaristía, en los Sacramentos, cuando dos o más hermanos nos reunimos en su nombre y en la Palabra que comentamos hoy.

Lo nuevo también viene con la Palabra “…y llegarán a ser una sola carne” (Mt 19, 5). Esta  unión extraña y extraordinaria se realizó cuando “el Verbo se hizo carne” en el seno de la Virgen y “habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Así como todos los elegidos son resucitados con Cristo cuando Él resucitó, así en Él se han celebrado unas bodas. La Iglesia ha sido unida al Esposo por los lazos del matrimonio cuando el Hombre-Dios recibió en plenitud los dones del Espíritu Santo y cuando toda la divinidad ha venido a habitar en un cuerpo semejante al nuestro… Cristo se hizo hombre por el Espíritu Santo y, “como un esposo que sale de su alcoba” (Sal 18,6), sale del seno de la Virgen que hizo de alcoba nupcial. Pero la Iglesia, renaciendo del agua y del Espíritu se convierte en un solo cuerpo en Cristo, de manera que ya “son una sola carne” (Mt 19,5), lo que relacionado con Cristo y la Iglesia, “es un gran misterio” (cf Ef, 5,31).

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