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¿Conocemos la vía recta hacia la felicidad? 

La acumulación egoísta de goces individuales nos mantiene en el nivel 1; no nos procura felicidad. La creación generosa de modos de encuentro nos sube al nivel 2 y nos otorga la forma de gozo que llamamos felicidad.

Un joven de Centroeuropa, llamado Norberto, perteneció –según confesión propia‒ a “una familia buena y dichosa”. Fue “alumno modelo hasta el tercer curso”, pero luego se entregó a una vida anárquica; buscó la felicidad febrilmente, por el camino más corto, y ahora piensa que la palabra felicidad, con su magia, “ha hecho morir a muchas personas, en lugar de mostrarles la vida”. Desde lo hondo de su terrible frustración escribió una carta al conocido teólogo Karl Rahner para exponerle su estado de ánimo y preguntarle si sabía “dónde está la felicidad”.

Asusta un poco leer su carta, pues nos hace tocar fondo en el espíritu de un joven ansioso de felicidad, que se lanzó a buscarla por la vía de la seducción, no de la creatividad, es decir, a través de la excitación de los sentidos, no del establecimiento de relaciones personales. Pero las experiencias excitantes se embotan con la repetición, y al final nos dejan frustrados y quemados. Fíjense en lo que dice:

Para buscar la felicidad me entregué a la huida, la huída de mí mismo, porque el entorno ya lo he dejado muy atrás. Me largué de casa a los 15 años y me dediqué a experimentar todas las sensaciones. Me he refugiado en el amor, y lo he aprovechado para ser débil sin darme cuenta. (…) Me he abalanzado al alcohol, para llorar sin avergonzarme de mí mismo. Me he lanzado a las drogas para poder vivir sin tener que pensar, y me he librado de ellas para poder seguir buscando».

Este pobre chico se lanzó a buscar la felicidad con todo empeño, e hizo bien en ser decidido, pero tomó una vía falsa. Adoptó una actitud individualista: quiso ser inmediatamente feliz, acumular sensaciones placenteras, exaltantes, vivir a tope multiplicando experiencias exaltantes. Se sintió posiblemente eufórico al principio, y creyó que la vida a derramar sobre él torrentes de dicha. Pronto le vino la decepción, y ahora se encuentra convertido, como sus amigos, en carne de hospital, con la sensibilidad quemada en plena juventud.

Me gustaría decirle: Amigo Norberto, no estés tan triste, que te queda toda la vida por delante para disfrutar del descubrimiento que vas a hacer ahora con mi ayuda. Has cometido un error al comienzo, cuando saliste en busca de la felicidad. Todos podemos tener la hora tonta. No te preocupes. Pensaste que la felicidad equivale a goce, a placer individual, y no advertiste algo decisivo: que los goces sólo procuran felicidad cuando van unidos con los gozos. Mira: si tomo un marisco sabroso me procura una dosis de goce. Si además sé que me sienta bien a la salud, al goce se une el gozo. El goce tiene más rango que el goce, porque la salud presenta para nosotros más valor que un momento pasajero de goce.

Intenta hacer esto: Cuando trates a una persona, por atractiva que te parezca, no pienses tanto en sacarle jugo para tus conveniencias, sino en hacerla verdaderamente feliz como persona. Esa actitud generosa por tu parte le animará a ser generosa contigo, y, si sois generosos los dos, iniciareis a buen paso el camino del encuentro. Esa es la vía recta hacia la felicidad, que es el fruto maduro del encuentro. Este cambio de actitud que te sugiero equivale a subir del nivel 1 al nivel 2. No vas a perder nada de lo que hay de valioso en el nivel 1, en el que te has movido siempre –a juzgar por tu carta-; lo vas a conservar muy enriquecido.

Si lo haces, pronto advertirás que la palabra felicidad, el deseo de ser feliz no es “un diabólico imán que atrae y arrastra, que destruye con su espantosa fuerza”, como escribes en tu carta. Eso sucede en el nivel 1; en el nivel 2 es una idea motriz que nos impulsa a crear generosamente modos de encuentro, que son estados de enriquecimiento mutuo. Esta ansia de ser felices de verdad no nos hace morir, como tú dices; nos eleva a una forma superior de vida. Hiciste bien en salir en busca de la felicidad con la decisión con que el galgo se abalanza sobre la liebre. Pero olvidaste algo esencial: que la felicidad se nos da de modo oblicuo, sin pretenderla. Dedica la vida a promover la felicidad de quienes te rodean, promueve las relaciones de encuentro verdadero, y verás que tu amor es auténtico y que, sin pretenderlo, sentirás que eres feliz.

                                           Alfonso López Quintás.

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