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Convocados a la Viña 

El pasado domingo escuché en el evangelio de la eucaristía correspondiente al XXV del tiempo ordinario, el pasaje de los obreros convocados a trabajar en la Viña a distintas horas, y al final, como ocurre siempre con las cosas del Señor, reciben igual salario los que fueron llamados al amanecer que los que trabajaron a última hora de la tarde sin soportar el peso del cansancio y del calor.

Así a primera vista parecía que el Señor de la Viña andaba un poco despistado y por supuesto no equiparaba a unos obreros con otros. Pero haciendo una profundización en esta lectura, enseguida me di cuenta de cuán equivocados eran mis pensamientos. Pensaba yo, con mayor cordura, que los convocados al trabajo al amanecer eran los más dichosos a pesar de haber soportado el calor y el cansancio de la jornada, pues ellos tenían asegurado el salario desde el principio, lo que les daba ánimo para soportar el esfuerzo. Sin embargo, los convocados a última hora han vivido con inmensa zozobra todo el día por la incertidumbre de no saber si van a llevar a su casa el pan para alimentar a los suyos.

Yo pensaba que existía un paralelismo entre estos obreros y los que hoy somos llamados a trabajar en la misma Viña del Señor. Algunos hemos sido convocados al amanecer, es decir, en nuestros primeros años de vida y tenemos motivos más que suficientes para estar agradecidos. Pues nos ha acogido bajo sus alas maternales una Iglesia solícita que, entre gozos y lágrimas, nos ha conducido por las veredas del Señor con la esperanza firme y segura (mediante la fe) de la vida eterna. Este es nuestro salario abundante. Los que han sido llamados a lo largo de su vida, incluso en los años de la senectud, han sufrido al faltarles el verdadero sentido de la vida. Han vivido en la inseguridad, en la desesperanza, y esto les ha hecho sufrir mucho más que a los que fueron cobijados bajo el patrocinio de la Madre Iglesia en los albores de su existencia. Por ese sufrimiento, por esa incertidumbre por ese no haber sido convocados antes a la Viña, merecen el mismo salario: el de la Vida Eterna. En verdad tenemos allá arriba un Padre buenísimo que se preocupa por todos y nos da lo que es justo, o más bien nos regala con largueza, muy por encima del merecimiento de nuestro pobre trabajo. Porque Él es bueno y paga con generosidad, aunque nosotros seamos perversos e injustos.

Isabel Rodríguez de Vera

Responder a Convocados a la Viña

  1. María Ángeles Fernández

    Es verdad que aún hoy dia en la Iglesia existen reacciones sobre lo que Jesús proclama en esta parábola. Los primeros y los últimos o, justos y pecadores. La conclusión que saco de este Evangelio es la importancia del arrepentimiento, el saber pedir perdón aunque sea “tarde”, para Dios que es Amor y es misericordioso, SIEMPRE perdona, pues nos ama. “Más vale tarde que nunca”.

    Gracias, Isabel, por esa conversación tan enriquecedora que hemos mantenido esta mañana. Gracias por tu oración. Como ves, acabo de encontrar tu Blog. Un beso. Mari Ángeles.

     

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