Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, octubre 23, 2019
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Cristo, sol de justicia – Salmo 18 

El cielo proclama la gloria de Dios,

el firmamento pregona

la obra de sus manos

el día al día le pasa el mensaje,

la noche a la noche se lo susurra.

 

Sin que hablen, sin que pronuncien,

sin que resuene su voz,

a toda la tierra alcanza su pregón

y hasta los límites del orbe su lenguaje,

 

Allí le ha puesto su tienda al sol:

él sale como el esposo de su alcoba,

contento como un héroe,

a recorrer su camino.

 

Asoma por un extremo del cielo,

y su órbita llega al otro extremo:

nada se libra de su calor.

Vivimos tiempos difíciles. El hombre del progreso se cree autosuficiente y capaz de darse a sí mismo la felicidad. Convencido de que Dios no existe, busca la plenitud de tejas para abajo. La razón le ha dicho que Felicidad = Más placer y menos sufrimiento. Y hala, manos a la obra: como los mosquitos, a cabezazos contra la bombilla para estar más cerca de la luz. Me convierto en una máquina de hacer dinero, porque “tanto tienes, tanto vales”; quito este abuelo de aquí y lo pongo en aquella residencia; aborto y me libro de este embarazo no deseado y me compro un perro; aplasto a quien sea menester con tal de ser alguien en el trabajo; cambio mujer de 50 por dos de 25; me opero las veces que haga falta para hacerme la ilusión de que la vejez y la muerte todavía están lejos, etc.

Y a pesar de tanto esfuerzo en sacar brillo al ídolo, el ser humano constata que por este camino no sólo no encuentra la vida, sino que, como el que nada en arenas movedizas, cuanto más se mueve, más se hunde en la muerte. El hombre sin Dios, en el mejor de los casos, vive alienado, distraído con las criaturas, construyendo torres de Babel para conquistar un sueño. Pero muchos no consiguen superar la frustración y acaban quitándose la vida, poniendo fin a tanto sinsentido.

La humanidad dormita encerrada en una gruta en la que apenas entra la luz y nos quieren hacer creer, a los que hemos salido al campo y hemos visto bajo los rayos del sol las maravillas de la creación, la obra de Dios en los acontecimientos concretos de nuestra vida, que todo es producto de nuestra imaginación. De vuelta a la oscuridad de la cueva podemos parecernos a los discípulos de Emaús dejándonos convencer del fracaso de Jesús de Nazaret, que pasó haciendo el bien, pero que está muerto.

Por eso es necesario que los cristianos nos animemos unos a otros mientras perdura el HOY: “Despierta, tú que duermes y te iluminará Cristo”, para que tú y yo seamos ese pequeño espejo que, aunque como la luna, no es más que polvo y carece de luz propia, refleje la luz “el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tiniebla y sombra de muerte” (Lc 1,79).

En la noche de la historia ha comenzado a clarear un nuevo día, en la plenitud de los tiempos, pues Dios mismo ha tomado nuestra carne, esclava de autosatisfacerse, para que esta naturaleza, hasta ahora corruptible, ya no guste la muerte más: “Ya es hora de despertar del sueño, la noche está avanzada, el día se echa encima. Despojémonos de las obras de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Caminemos como en pleno día, con dignidad” (Rm 13, 11b-13).

Hombre, deja de arrastrarte por el barro, enfangado como los puercos, pues has sido creado para amar y has sido amado hasta la muerte. Tú, que escuchas escondido en las sombras, la voz también es para ti. La voz es para todos, porque “nada se libra de su calor, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje”. Esta voz que clama en el desierto te trae la alegría de una buena noticia: el Reino de Dios ha llegado ya. Ven, camina hacia la luz. Ven a buscar tu herencia, la que te corresponde; no le des a otros tu parte: vida eterna, vida en abundancia.

Adán creado del barro y Eva creada de su costado fueron mordidos por la serpiente y experimentaron la muerte por buscar el conocimiento del bien y del mal fuera de la voluntad de Dios. Del costado del nuevo Adán, Jesucristo, engendrado en la carne humana, ha brotado sangre y agua, recreando la Iglesia, la Esposa, nueva Eva.

¡Enhorabuena, Humanidad!, porque HOY el Rey del Universo se ha desposado contigo en la noche de la Historia. Se ha unido a ti con pacto de sangre. Cristo muriendo se hace una sola carne contigo en el lecho de la cruz. Hoy lo encontrarás en tu cruz particular, que hasta ahora te destruía, pero que hoy puede ser gloriosa. Él ha deshecho el maleficio contraído por Adán. Este nuevo día, el primer día de la semana, la aurora tiñe de púrpura el cielo, el mundo triunfante se alegra, temeroso el infierno brama mientras el Rey, Cristo, libra a la humanidad de la cárcel tenebrosa que es la muerte y, tras una noche de pasión y amor con su amada, la nueva Eva, se levanta del sepulcro y “sale de su alcoba contento como un héroe a recorrer su camino”.Y te dice a ti, Esposa: eres negra, pero hermosa, amada mía. Levántate y vente que te conduciré a la Vida.

No más luto, ni llanto, ni pesares: RESUCITÓ.

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