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Criterios de Dios 
22 de junio
Por Manuel Requena

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos “Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis” . MT 7,15-20

En aquel tiempo y también en este, la Palabra Santa, siendo del Dios que tiene todos los tiempos en sus manos, es cercana y ofrece una ayuda concreta para el hombre de fe. Hoy se mete de lleno en nuestros criterios de selección de los que quieren liderar y conducir al pueblo al menos política y económicamente. Incluso al pueblo se Dios, que está imbricado en el hombre de todos los tiempos. Estamos en elecciones. Eso toca ahora, y los criterios para conocer a las personas que nos da el Maestro, pueden sernos muy útiles.Tienen casi dos mil años, pero así confirman su eternidad y su cercanía. La esencia del hombre que busca, sigue siendo la misma: relacionarse con Dios y los hermanos en los signos limpios del amor.

Lucas hoy lo explica desde dos ópticas. 1.- Nadie puede dar lo que no tiene. Las promesas de entrega de un cielo cuando ni siquiera saben poseer la tierra, serán un engaño. Por fuera, en sus tonos de voz, su discurso, sus gestos, los profetas falsos aparentan una autoridad total sobre el bienestar del hombre. La Verdad es otra. Aunque quizás la justificación será la esencia misma del mensaje de Cristo, "Padre, perdónalos que no saben lo que hacen", ni lo que dicen. 2.- Los árboles buenos también se pueden dañar. Incluso habiendo dado otras cosechas, si está dañado, enfermo, y no sirve lo que dé, habrá que cortarlo y quemarlo. Son criterios duros, pero Mateo es más práctico a veces que Lucas. ¿No habrá forma de arreglar ese árbol estéril o dañado?

Aunque la llamada de alerta de Jesús está hecha a gente que conocía bien la agricultura, su criterio de los frutos es aún entendible hoy en nuestra coyuntura histórica de salvación que se nos regala. Habrá que fijarse y conocer a cada hombre. Incluyendo políticos, pastores de la Iglesia y uno mismo. Cada árbol dará fruto según su especie (Gn 1,11), y no podemos pedir uvas a las zarzas, ni peras al olmo, pero afortunadamente, hay hortelanos con mucho coraje y esperanza. Uno de ellos, cuando el Dueño le ordenó cortar su higuera favorita porque ya en tres años no había dado ni un higo, suplicó al Señor y prometió trabajo extra: abonar, cavar, regar, podar… Y esperar. Seguramente lo consiguió.

Falsos profetas eran y son los que prometen al pueblo un futuro espléndido que no pueden cumplir, pero lo exponen tan bonito, que invita a seguirlos. Buscan un provecho personal e inmediato, que llene su estómago de lobos.Disfrazados de oveja, con pieles de las muertas por ellos mismos, vienen algunos lobos que se las dan de listos, pero no bastarán para ocultar su identidad. En cuanto se "dejen la piel" –trabajando, como dicen ahora–, si consiguen lo que quieren, se verá su lupino pelaje. El tufo de mentira y azufre ya los delata.

Mirar, probar, saborear los frutos, en las buenas papilas del discernimiento delante de Dios. No se puede creer al que dice que quiere arreglar la pobreza, cuando personalmente le asquean los pobres, y nunca ha hecho nada por ellos, a no ser empobrecer al que pasa por su lado, o salir en alguna foto de prensa denostando la Palabra de Dios. Conocer a la persona por sus frutos, conlleva tiempo. Hay tiempo de poda, floración, fecundación, riego oportuno, sol y fruto. Y siempre es más fácil ver el fruto o la esterilidad ajena que la propia.

¿Cual es el fruto que me ha regalado el Padre para que estando pleno, llegando a madurez, sirva de alimento y gozo de los hermanos? Es más amplio nuestro Evangelio que el aserto hobbiano de que "el hombre es un lobo para el hombre". En la realidad hay lobos, pero también ovejas. Hay espinas en las zarzas, pero también uvas en la vides de la buena cepa. Y sobre todos los ejemplos, está la sed insaciable del hombre de conocer la verdad de Dios, de gustar su fruto de Espíritu Santo. Si se come una mora verde y agria, creyendo que es una uva, la arrojará de la boca y volverá a buscar lo que le gusta.

Los verdaderos frutos del árbol bueno, –entre ellos saber escoger, la diacrisis o discernimiento –, ya los señalaba Pablo a los Filipenses: Que vuestro amor vaya creciendo cada vez más en el verdadero conocimiento y en delicadeza espiritual. Así sabréis distinguir y escoger lo más perfecto, para ser puros e irreprochables en el día del advenimiento de Cristo. Así también quedaréis repletos de los frutos de justificación, frutos que brotan por la acción de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

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