Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, octubre 23, 2019
  • Siguenos!

Cruce de cruces 

Hacia finales de noviembre de 1994, moría en Madrid a los ochenta años de edad Julián Ocaña Peña, a quien tuve el privilegio de conocer desde la década de los años sesenta. Trabajó mucho por la Formación Profesional en España para el reconocimiento de los colegios religiosos que impartían estas enseñanzas y formación, de una forma muy competente, incluso antes de que se extendiera globalmente esta formación en otros ámbitos estatales.

Un cáncer había minado su salud. Un par de meses antes de su fallecimiento, me acerqué a saludarle (despedirme de él) con mi hijo mayor para que nos impartiera a ambos la bendición de la Virgen María Auxiliadora. En esa ocasión me dejó este poema sobre la cruz, que había escrito en la Semana Santa de ese mismo año, que él había titulado “La cruz y las cruces”.

Buenanueva ofrece estas líneas ante la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

 

Tuve que ser viajero impenitente.

Mil caminos anduve, crucé mares

y he visto muchas cruces en mi vida.

Cruces de vanidad, en oro y plata,

sobre pechos incrédulos, lascivos,

frivolidad en cruz sin crucifijo.

Cruces de mármol, sobre viejas tumbas,

o de hierro en veletas de altas torres,

y de las más humildes espadañas;

cruces de procesión, cruces de entierros

con que adornan los féretros los vivos.

Cruces de honor, en pechos militares

o de ilustres-prelados, pastorales.

y minúsculas cruces en pendientes de damas

o en sortijas y anillos ostentosos.

Cruces pobres, al borde de caminos:

“Aquí murió fulano en accidente”.

Sirvieron, breve tiempo, de recuerdo,

y hoy tan sólo son ya cruces de olvido.

En contraste, las cruces de pobreza,

del abandono, el llanto y el olvido.

En hospitales, otras muchas cruces

que no se pueden ver, pero se sienten,

hechas de gritos, de dolor y sangre.

Y he visto allí piadosos Cireneos

de tocas blancas, cuya fe ve a Cristo

en aquellos que sufren a su lado.

¡Cuántas cruces, Señor, en mi camino!

¡Qué pocas de madera tosca y vasta

como la que llevaste y fue tu trono

redentor  en la tarde del Calvario!

Esta semana, que aún llamamos “Santa”,

se llenarán de cruces nuestras calles,

recordando la tuya, vagamente;

y nuevamente, luego ,el placer, la rutina, el egoísmo.

¡Para cuántos que dicen ser cristianos

será tu Cruz, la cruz de carretera

con el triste epitafio del olvido:

“Aquí murió Jesús, en accidente!”

Añadir comentario