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¿Cuántos panes tenéis? 
13 de Febrero
Por Mª Nieves Díez Taboada

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».
Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».
Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron: «Siete».
Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.
Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.
La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta (San Marcos 8, 1-10).

COMENTARIO

Este conocido pasaje de los evangelios, en el que se nos presenta la multiplicación de los panes y los peces, aparece dos veces en Marcos y Mateo, expuestos con pequeñas diferencias en las cantidades, pero no así en Lucas y Juan, que narran una sola, coincidente con la primera de los otros evangelistas.

Algunos comentaristas creen que solo hubo una y que, en la transmisión oral del mensaje evangélico a las dos comunidades: la judía y la pagana, se hizo de forma distinta, adaptado a los símbolos propios según sus respectivas tradiciones.

Aseguran también que no parece un milagro que deba explicarse al pie de la letra; es un signo como dice el propio, Jesús asegurando que ni los discípulos y ni las gentes beneficiadas han entendido muy bien su simbología y trascendencia.

No voy a meterme en terrenos para los que me falta preparación teológica, mi desconocimiento de las lenguas y tradiciones no me permite disquisiciones.

Desde mi punto de vista de cristiana de a pie, veo en este pasaje dos puntos claros:

Jesús, siempre movido a compasión, se muestra y se ofrece como dispensador del alimento corporal y espiritual. Nos insiste para que el corporal se lo pidamos a Dios en el padrenuestro y, el espiritual, nos lo da en la palabra, instándonos a difundirla. Y se nos da además en la Eucaristía con su cuerpo partido y repartido, que él multiplica para todos.

En el evangelio de hace unos días, Jesús decía que le movía a compasión la gente, porque andaban como ovejas sin pastor, necesitados del silbo que les guía y el cayado que los sosiega.

Aquí también muestra su compasión porque llevan tres días conmigo y además algunos vienen de lejos.  Es necesaria la postura interior de dolor, ante el dolor o la necesidad del hermano. Dice el poeta: “Es sangrar por heridas prestadas.”

El segundo punto importante, muchas veces comentado, es esa insistencia de Jesús en que ellos (nosotros) se sientan obligados a aportar ‘algo’ para la solución del problema, con sus conocidas frases:  En esta primera de Marcos “¿Cuántos panes tenéis?” y en Mateo, 14 “Dadles vosotros de comer”.  

En los dos casos, nos encarga a sus seguidores este reparto de alimento con nuestras distintas misiones en la comunidad eclesial: la pastoral, encomendada principalmente a los sacerdotes, y la acción social, asumida por congregaciones religiosas y los laicos.

La doble misión es pues esa tarea del compromiso contraído con Jesús: La difusión de su palabra y administración de los sacramentos; y la caridad en la justicia para paliar las carencias del prójimo, como una exigencia ineludible. Es un mandato para todo cristiano. El padrenuestro es una oración plural, la misión se diseña en el evangelio, como una tarea interrelacional de grupo.

El versículo 35 del evangelio de Mateo resuena tozudo en nuestros oídos, como nos lo presenta insistentemente el papa Francisco en la “Fratelli tutti”.

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