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Cuaresma – La alegría de la conversión 

Cuaresma para los cristianos y Yon-Kippur para nuestros hermanos mayores en la fe tienen un mismo sentido: conocer, reconocer y abandonarse a la misericordia de Dios, en el Rajamim de Dios. Teniendo en cuenta que la palabra misericordia en nuestro lenguaje tiene que ver con el corazón, mientras que su equivalente en hebreo rajamim tiene que ver con la matriz. Por esto a mí me encanta usar la palabra hebrea, pues habla de vida, y de vida nueva, hecha en el nido de amor de una madre. Allí donde hemos sido alimentados por la propia sangre de la madre, donde nuestra madre respiraba por nosotros, donde vivíamos por ella. Así en el espíritu vivimos por la sangre de Cristo y respiramos por su palabra en la matriz de la Iglesia. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna.
Cuaresma, tiempo para conocer. Y nos preguntaremos: ¿conocer qué? Conocer a Dios y reconocer que Él es el único que nos ama de verdad. Que Él es quien nos llama a su intimidad, a un amor esponsal. Y, ¿cómo se puede alcanzar esto? Hay dos caminos: el uno, es profundizar en la palabra de Dios, Antiguo y Nuevo Testamentos, es decir en la Biblia, teniendo en cuenta que el Nuevo Testamento no se puede entender sin el Antiguo. La Promesa del Antiguo Testamento con la Promesa ya cumplida en Jesucristo. El segundo camino es la oración, que es hundirnos en el abismo del amor de Dios, en no dar más importancia a lo que yo digo que a lo que me dice Dios. Dejar de hablar para que me hable Dios.
Cuaresma es pues un tiempo de reconocer que hemos sido nosotros mismos los que nos hemos apartado de Dios, que por nuestra libertad hemos abortado del seno de Dios, que hemos salido de nuestras aguas bautismales como el niño abortado sale de las aguas protectrices del seno de la madre cuando aún no tiene capacidad de sobrevivir. Todos queremos vivir libremente, a nuestro aire y el mundo de hoy más que nunca. Lo triste es que lo queremos hacer en un relativismo absoluto. Sin embargo, Dios nos ha dado su palabra, y Jesucristo su Iglesia, para que en cada uno de nosotros se pueda cumplir lo que rezamos cada día: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”.
Cuaresma, tiempo de actuar. Ayuno y limosna. El hebreo no celebra Yon-Kippur sin un riguroso ayuno. Un cuerpo domado es un espíritu dominado. Es dejar paso a lo espiritual, en realidad a Dios en nuestra vida. Hoy que el mundo no quiere sufrir, sufre mucho más por lo que no tiene, le falta Dios. Pues solo en Dios el mundo encuentra la vida. Y con la limosna hacemos el servicio del Cirineo en el mundo, ayudamos al hermano que sufre.
Proyectémonos hacia la Pascua. Él ha muerto para que nosotros vivamos. Ha resucitado para que nosotros resucitemos de todas nuestras muertes. Para que tengamos vida, y vida en abundancia. Ver como el mundo se está muriendo sin conmovernos es no tener entrañas de misericordia, es no ser cristiano. Hacer algo para que el mundo se reencuentre con Dios es entrar en el Rajamim de Dios. Es empezar a ser cristiano, es empezar a ser hijo de Dios.

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