Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, septiembre 17, 2019
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Cuestiones relevantes sobre el aborto 

Cualquier debate sobre el aborto que quiera ser honesto debe plantearse al menos las siguientes cuestiones:

Primera cuestión: ¿de qué estamos hablando?

​Esta es la cuestión previa esencial para afrontar con seriedad cualquier debate sobre el aborto: ¿de qué -de quien, en su caso- estamos hablando? ¡Ojalá en el debate parlamentario hubiese seriedad intelectual​ y se plantease en serio esta cuestión como previa a decidir cual debe ser el tratamiento legal del aborto!

Es cierto que no es universal ni pacífica entre los científicos la afirmación de que la vida humana comienza con la concepción y alguien ha escrito que tal afirmación no es una evidencia científica. Sin embargo es un dato que el cigoto, si no se le destruye, acaba siendo un niño en la cuna. Y también es un dato que muchos científicos cuando hablan no lo hacen en nombre de su ciencia sino reflejando sus opiniones personales de tipo ético o filosófico.

¿Qué se puede decir al respecto? Al menos, lo siguiente:

​a) en el momento en que la cabeza del esp​ermatoz​ó​ide penetra la corteza del óvulo

y accede al núcleo y los dos núcleos se recombinan, aparece una realidad biológica absolutamente nueva en la historia de la vida en este Planeta, dotada de un patrimonio genético absolutamente único e inconfundible con ningún otro y que a partir de ese momento inicial se autoprograma y desarrolla; es decir, aparece un individuo nuevo de la especie a que pertenecen el ó​​vulo y el espermatozoide. Esta es una evidencia biológica en todas las especies que se reproducen sexualmente y era verdad pacíficamente admitida por todos los biólogos hasta que empezó a normalizarse el aborto ​políticamente y sigue siendo verdad pacíficamente admitida para todas las especies ​(​menos para la humana​,​ por culpa del debate ideológico sobre el aborto​).

b) las dudas o negaciones sobre este hecho han ido paralelas​,​ no al avance de la ciencia​, sino a​l progreso de la ideología proabortista. ​La discusión sobre el carácter de individuo humano del embrión ha surgido no de la evolución de la ciencia sino contra ésta y en paralelo a la “necesidad” de justificar su explotación al avanzar las posibilidades tecnológicas al respecto (y los interese​s​ económicos de la industria farmacéutica al respecto, dicho sea de paso).

​c) los que niegan el consenso fáctico sobre el origen de la vida con la concepción, no logran ponerse de acuerdo sobre un momento posterior en que la vida se originaría; es más, los mismos autores defienden argumentos distintos según pretendan legitimar el aborto o la investigación con embriones humanos. Por ejemplo, las leyes españolas -a efectos de aborto- protegen la vida a partir de la  semana ​ 24​ de embarazo; y sin embargo a efectos de investigación y manipulación de embriones, protegen la vida a partir del día 14 desde la fecundación. ¿Poco lógico y científico, verdad?

​d) si alguien por ignorancia de los datos acreditados o por no interpretarlos de la forma en que me parece resulta evidente, dudase sobre el carácter humano del fruto de la concepción, debiera aplicar la “presunción de humanidad”, pues es el criterio que todas las leyes del mundo civilizado suscriben para casos de duda sobre si nuestra conducta pone en peligro o no una vida humana (por ejemplo a efectos de certificar la muerte o de trasplantes).

e) solo me parecería legítima intelectualmente una postura sobre el aborto que desconociese que lo que está en juego es una vida humana, si el ponente pudiese argumentar con sólidas evidencias científicas que no estamos hablando de un ser humano. Y, sinceramente, hoy me parece imposible que alguien honesto e informado pueda sostener seriamente que  hay duda razonable sobre  que el fruto de la concepción es un especimen biológico de homo sapiens cuando los gametos originarios pertenecen a esta especie. Lo mismo podría decir del cerdo: si los gametos son de cerdo y cerda, el fruto de su unión es un cerdito y no puede ser otra cosa.

 Algunos seudoargumentos bastante estúpidos  se manejan al respecto -por desgracia- en el debate público. Me ocupo de algunos de ellos:

a) algunos dicen que si el embrión es una vida humana, también lo son el espermatozoide y el óvulo. Y vinculan los tales la prohibición eclesiástica del aborto a la censura de la Iglesia de la masturbación y el condón. Por el contrario, es un hecho que el espermatozoide y el óvulo son, como todas las células del cuerpo humano, células de un individuo pero no son un individuo. Estas células como las demás de nuestro cuerpo -salvo las neuronas-  viven y mueren sin que el individuo se vea afectado en su vida: mi cuerpo no tiene hoy ninguna célula, salvo las neuronas, de las que tenía hace 20 años, pero yo sigo siendo yo (prueba por cierto de que no soy sin más un conjunto de material orgánico, pues subsisto al cambio de este material a lo largo de mi vida).

b) por ello, la muerte de un espermatozoide o de un óvulo no es la muerte de un individuo de la especie humana, sino la muerte de una célula de un cuerpo humano. Y eso es así porque la identidad genética de esas células es la del individuo de que forman parte. Por contra, tras la fecundación, la identidad genética (es decir, la individualidad genética) del óvulo fecundado (del embrión) es singular, individual, distinta a la del espermatozoide y el óvulo progenitores.

c) cuando la Iglesia condena el aborto, está condenando un atentado contra la vida humana. Cuando la Iglesia censura la masturbación o el condón, está censurando un atentado contra la castidad. Y la Iglesia sabe que un pecado contra la vida es mucho más grave que un pecado contra la castidad. Y la Iglesia -porque es institución seria e intelectualmente solvente- aspira a que, incluso quienes no compartan su visión sobre la castidad, puedan compartir su defensa de la vida.

Segunda cuestión: ¿qué se deduce de los datos sobre el origen de la vida a efectos de las ​leyes sobre aborto?

​La cuestión del tratamiento legal del aborto exige con carácter previo​ -como hemos señalado- precisar de qué (de quién) hablamos: si hablamos de la vida de un ser humano, solo hay una respuesta justa: hay que respetar esa vida. ​ Esta no es una afirmación científica​, sino una afirmación ética de gran trascendencia jurídica.

Si la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento como indica sabiamente nuestro Código Civil, la eventual ignorancia de la realidad biológica de la vida ​ humana del embrión​ tampoco exime de la obligación de respetarla. Si alguien duda​ (científicamente)​ sobre cuándo se origina una vida, debe aplicar ​ (éticamente)​la presunción de vida: en caso de duda sobre  si se está matando o no, hay que abstenerse; pues no es aceptable asumir ni siquiera el riesgo de matar por ignorancia. Caso clásico de derecho penal: si un cazador oye un ruido en el bosque y no sabe si se trata de un hombre o de un oso, no puede disparar. Pues si dispara y resultase que era un humano, sería condenado por homicidio por imprudencia como mínimo. El pluralismo social de ignorancias ​ o incertidumbres sobre el origen de la vida, no puede justificar nunca una legislación que privatice el derecho a la vida haciéndolo disponible para los ignorantes o dubitativos. Si no aplicásemos este criterio con carácter general, habría que derogar todas las normas protectoras de la salud, la vida y la integridad, pues siempre habrá personas que crean que no son científicas ni razonables las normas de tráfico o las de vacunación o las de igualdad racial o las de igualdad entre los sexos o las de seguridad laboral o….
En una sociedad civilizada, la protección del ser humano debe estar por encima -como exigencia inderogable- de las opiniones o sentimientos sociológicos. En caso contrario, discriminar a la mujer sería justo y razonable en Arabia Saudí, masacrar judios sería justo y razonable en la Alemania de los años 30 del siglo XX, exterminar tutsis o hutus sería justo y razonable en el África tribal, ​el genocidio de armenios sería razonable en la Turquía kemalista, ​etc.

De sostener este criterio o no, está en juego la posibilidad de una cultura humanista o la entrega desarmada de toda una civilización a la barbarie.

La ciencia no es fuente de la ética pero nos ayuda a conocer la realidad de las cosas porque nos permite saber de qué estamos hablando; y sin tener claro de qué estamos hablando no hay juicio ético que se sostenga seriamente. Esa ciencia sobre la realidad de las cosas puede ser la espontánea captación de la realidad por los sentidos o la mostración por medios más sofisticados (científico-empíricos o filosóficos) de lo que no es asequible directamente a nuestros sentidos. Si yo quiero formarme un juicio sobre el aborto, antes tengo que aclararme sobre qué supone en la realidad un aborto: si atendiendo  a la realidad  de las cosas compruebo que un espermatozoide no es un ser vivo, no puedo calificar la masturbación como un atentado a la vida; si compruebo que lo que se elimina con el aborto es un ser vivo debo calificar el aborto como un atentado contra la vida. Y a partir de ahí sí puedo hacer un juicio moral diciendo que no es lícito eliminar una vida humana inocente -matar- y por tanto que no es éticamente correcto abortar (no me detengo aquí a razonar este juicio ético pues con quien no lo entiende el debate es imposible porque estaría él mismo legitimando que puedo concluir el debate matándolo y esa –matar al otro- no es forma razonable de debatir).

Por eso, en contra de lo que opinan algunos, sí creo que se sostiene perfectamente la afirmación de que la ignorancia de la realidad biológica sobre el embrión no exime de la obligación de respetarlo, como la ignorancia de la condición humana del negro o del judio no exime de la obligación de respetar su derecho a la vida. La obligación de respetar la vida es un derecho del ser vivo por el hecho de serlo, no un dato relativo dependiente de las  condiciones subjetivas del potencial agresor (incluida su ignorancia). Admito que puede no resultar evidente esta afirmación, pero -si se piensa un poco con calma- me parece que o se acepta o ya no es posible ningún orden moral o jurídico que se sostenga en algo más que la fuerza bruta; y para legitimar la mera fuerza como clave del orden social sobran las palabras y la reflexión, basta con las SS de turno.

La ignorancia puede excluir la culpabilidad o la responsabilidad moral subjetiva, pero no altera la tipicidad objetiva de una conducta (por ejemplo de la homicida).

Esta cuestión, me parece absolutamente esencial en este momento cultural; por ello me he detenido en ella con atención especial: es una de las claves últimas y radicales del desnorte moral de nuestra época y de la devaluación del Derecho en nuestra sociedad (en mi opinión, obviamente). Si esta tesis no se acepta, habría que anular las condenas de Nuremberg.

Tercera cuestión: ¿debe la ley prohibir o castigar  toda conducta injusta, máxime si no es percibida como tal por parte de los ciudadanos?​

Debe plantearse esta cuestión como autónoma intelectualmente de las anteriores pues de la constatación científica sobre el embrión y el feto como seres humanos y de la afirmación ética de que es injusto matar seres humanos no se deduce de forma unívoca y necesaria cómo debe ser tratado legalmente el aborto. Por eso, por ejemplo, una Institución intelectualmente seria como la Iglesia, a pesar de tener una convicción muy firme sobre el carácter totalmente rechazable del aborto, no tiene ningún modelo concreto de “ley del aborto” que proponer a las sociedades, como no tiene modelo de leyes sobre nada en concreto según dijo con clara coherencia Benedicto XVI en el Bundestag alemán en septiembre de 2011.

Si el lector de este documento  llegase a legislador o gobernante nadie le va a dar la fórmula mágica de lo que debe hacer. Deberá ser él mismo quien -con prudencia y sabiduría, conociendo la sociedad en que vive, valorando su capacidad real de influencia en las estructuras de poder en que se integra, el bien que puede hacer, el mal que puede evitar y lo que la justicia le reclama- habrá de decidir en conciencia qué propuestas concretas ha de defender.

Yo, suponiendo que me dirijo a un amigo provida en el Gobierno en una España como la actual, le diría:

a) no te conformes  con dejar las cosas como están solo porque haya división de opiniones en la sociedad respecto al aborto. Hablamos de algo tan serio, la vida humana, que rendirse ante tanto dolor e injusticia no me parecería propio de un gobernante responsable. Debes ayudar desde el poder a mejorar el respeto a la vida del no nacido en tu sociedad cuanto puedas. Quienes trabajaron contra la esclavitud también se enfrentaron a una profunda división de opiniones en la sociedad al respecto, quienes se opusieron a Hitler lo mismo…¡e hicieron lo correcto!

b) no te preocupes por quienes te critiquen a priori porque no llegas a acabar con el aborto de una vez por todas pues esos no entienden la libertad ni lo que es la sociedad pluralista ni que nuestra obligación es hacer el bien que creemos posible en conciencia desde nuestro ámbito de responsabilidad, aunque ese bien sea una gota de agua en el desierto. Eso sí, no utilices este argumento para, cobardemente, no hacer nada.

c) trabaja para mejorar la legislación actual todo lo que puedas, aunque sea poco lo que puedas.

d) ocúpate no solo de las leyes, sino también de la realidad social pues desde el poder se puede influir mucho: si hablas bien de la vida  y su dignidad, si defiendes la dignidad también de los discapacitados, si te preocupas de la mujer embarazada lanzando mensajes de apoyo y ánimo, si impulsas políticas de apoyo a la maternidad, si….estás ayudando a la causa de la defensa de la vida con responsabilidad.

e) si haces todo ésto, podré discrepar de ti y tus soluciones, pero te respetaré profundamente y contarás con mi agradecimiento.

Benigno Blanco
Presidente del Foro de la Familia

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