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“Cuidado que nadie os engañe” 
23 de Noviembre
Por Rafael Luis Alcázar

Reflexion, evangelio, hoy, Martes

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y ofrendas votivas. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.» Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero al final no vendrá en seguida.» Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo» (San Lucas 21, 5-11).

COMENTARIO

Que fácil es para los que no te conocen Señor seguir las voces de algunos falsos profetas que nos rodean. En caminar por las huellas que tu hijo nos ha marcado está la auténtica felicidad porque has sido El quien nos has enseñado el camino de retorno al cielo. Por tu infinito amor fuimos pensados y concebidos. Es inexplicable nuestra existencia sin tu existencia y tal cual tú nos has diseñado se cumple la palabra: “pues en el vivimos, nos movemos y existimos…” Hch 17,28 porque tú lo eres todo en todos nosotros y tanto nos has amado otorgándonos la libertad que conociendo bien nuestra soberbia y altivez nos has mostrado el camino de retorno entregándonos a través de Él, la fe que nos llena de esperanza y nos enseña la verdadera luz de lo que es el amor. Ese amor con mayúsculas que es tu propia esencia que nos mostraste en la imagen de tu hijo: “porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” Jn 3, 16. De la nada vinimos y a través de tu Hijo encontraremos la puerta que nos lleve de vuelta a tu definitiva presencia.  No dejes Señor que me pierda. Usa de tu misericordia conmigo sin tener en cuenta mis pecados, mis debilidades, mis egoísmos, mis… tantas lacras que me distraen poniendo mis ojos o mi esperanza en las cosas perecederas que ya he aprendido a descubrir que nada sacian. No me sueltes de tu mano. Agárrame fuerte aunque tantas veces me distraiga en el camino escuchando otras voces. Enséñame cada día a reconocerte en los acontecimientos, a escucharte en las sencillas cosas que me aguardan cada momento de mi vida para que en medio de los sufrimientos o de las alegrías te sepa yo descubrir. Que mis oídos estén atentos a tus voces, las que resuenan en mi corazón y las que disciernen mis pobres ojos cuando ven mas alla de los reflejos que me muestran las cosas. Te pido Señor que en mi se cumplan tus propias palabras: “Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba cimentada sobre roca” (Mt. 7 24-25). Sé tú mi roca Señor y que todos mis planes y proyectos los dirijas tú.

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