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El Espíritu de Dios 
16 de Julio
Por Hermenegildo Sevilla

 

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones». Mateo 12, 14-21

Hoy Jesucristo nos enseña a poner la prudencia y el discernimiento al servicio del anuncio del Evangelio. Fueron utilizadas, estas virtudes, frente a los que desde el poder religioso de la época, querían callar o eliminar a Jesús. También el católico de hoy, que quiera en verdad ser fiel a Jesús, puede ser objeto de persecución por parte de quienes han devaluado y “acomodado” la Palabra de Dios. Por eso, todo cristiano, debe rezar en todo momento para pedir al Espíritu Santo su poder para enfrentarse a todo intento de adulterar el mensaje de Jesús. El Señor “escocía” a los fariseos, que creían ser los mejores fieles, porque no se acomodaba a sus manejos y manipulaciones. El mismo Dios había descendido hasta ellos, pero en su orgullo y necedad no lo reconocieron. Lo calificaban de sacrílego. Jesucristo se aparta de ellos para continuar difundiendo su mensaje por otros lugares. Todavía no había llegado la hora de su Pasión. Jesús, dueño del tiempo, lo maneja con sabiduría y misericordia. También sus discípulos tienen que saber manejar el tiempo de su vida en la realización de la misión asignada. De nuevo el discernimiento aparece como una cualidad muy necesaria.

La misión de los cristianos de todas las épocas no es otra que difundir el Evangelio a sus contemporáneos, con palabras y obras de amor. El Señor nos revela hoy cual es el espíritu con el que tenemos que ponernos manos a la obra en esta labor. La vida de Jesucristo nos muestra este espíritu, mediante el cual nos podemos enfrentar a las dificultades con humildad y mansedumbre. Los “inteligentes” del mundo se burlan y menosprecian al que les habla de vida eterna, pero no es devolviendo burlas y menosprecios como se consiguen conversiones, sino derramando el amor de la fe. Suavidad en la forma y firmeza en el fondo, en favor de la difusión del Evangelio. Esta firmeza y fidelidad es la que está convirtiendo en mártires a muchos cristianos en el mundo. Con el beneplácito, consentimiento, pasividad o complicidad de tantos gobiernos. Los enfermos. Los pobres, los débiles y marginados rodeaban a Jesucristo, porque veían en Él, al único que podía cambiar radicalmente sus vidas. Los sumos sacerdotes sólo ofrecían cargas pesadas y condenas desde la tribuna del templo. Jesús, en cambio, renueva sus vidas, gratis, por puro amor, sin reproches ni juicios.

Jesús nos enseña la manera de curar las heridas del débil, del moribundo que arrastra sus llagas por los caminos. La justicia se implanta con el estilo de la suavidad y la mansedumbre. Sólo esta justicia sirve para el reino de Dios. El poder temporal se rige por leyes de recorrido corto, sin más trascendencia que la que le otorga el hombre.

El Espíritu del Señor nos lleva a ser fieles en todo momento y lugar al Evangelio. Esta fidelidad siempre se desarrolla en el marco del amor, compartiendo los momentos alegres y los tristes, compadeciéndose del pobre y desamparado, siendo valientes y decididos en su defensa. Convenciendo sin violencia. Susurrando la Buena Nueva, sin querer implantarla a la fuerza.

La cruz es el medio a través del cual Jesucristo culmina su mensaje de salvación. No debemos sustituir nunca, como discípulos suyos que somos, este medio por atajos que nos resulten más razonables o cómodos. Nuestra misión pasa por ser fieles al estilo de vida que nos ha enseñado Jesús. No importa si parece que no obtenemos resultados de conversión. La rentabilidad, que tanto mediatiza al mundo, debemos dejarla en manos de Dios. Basta con ser fieles a su voluntad. Es verdad que los tiempos de ahora son difíciles, pero no muy diferentes a los de otras épocas. Tenemos a nuestro lado al dueño de toda victoria, que nos acompaña y precede con sus promesas. Con esto basta.

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