Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, junio 17, 2019
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¿Debate o combate? 

Insultos, provocaciones, mentiras, interrupciones, cifras sin justificar. Con tan “interesante” contraste de opiniones ¿qué pretendían los aspirantes a dirigir el próximo gobierno? En mi opinión, creo que descalificar al contrario ante un público intoxicado por las sesgadas informaciones a las que los medios de comunicación de masas le tienen sometido, para obtener sus votos en las próximas elecciones. Votos partidistas, viscerales, irreflexivos, inducidos únicamente por ideas preconcebidas, atractivo personal de los litigadores y ancestral toma de posición de cada persona adicta a determinada ideología. Pero nada de eso importa con tal de lograr el voto.

Si estuviésemos en un país con un mínimo de sentido común, todos estaríamos de acuerdo en que lo importante es que los gobernantes cumplan con su deber produciendo las mayores cotas de bienestar de todos los ciudadanos. Para conseguirlo, también estaríamos de acuerdo, todos, en que se habría de tender a obtener la mayor cantidad posible de bienes materiales para repartirlos de manera que a nadie faltase nada de lo necesario, dada su dignidad de persona. Además, querríamos que se combatiese implacablemente la corrupción, se consiguiese un nivel de seguridad ciudadana óptimo, se respetasen todas las libertades democráticas de cada uno (entre ellas la de elegir la educación que desease para sus hijos) y que no hubiera trabas para que cada cual tuviese la ideología que, respetando a los demás, le pareciera oportuna y pudiera practicar la religión que quisiera.

Sentados estos principios, el debate entre aspirantes a jefes del gobierno habría de centrarse en mostrar cada uno de ellos, ante los electores, la forma concreta en que piensan conseguir esos objetivos; de acuerdo con sus respectivas ideologías, formación y medios disponibles. También podría traerse a colación en el debate los logros conseguidos hasta el momento y la experiencia obtenida de los fracasos, según el punto de vista de cada aspirante.

Así, la opinión pública estaría bien informada y podría votar a aquella persona que, en opinión de cada uno, estuviera mejor dotada para lograr ese bienestar por todos deseado.

                                                              Juan José Guerrero.

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