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Dejadlos crecer juntos 
23 de Julio
Por Fernando Zufía

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.

Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'” (Mateo 13, 24-30)

Hoy Jesús viene con una parábola  sobre el reino. Tantas veces pensamos en la segunda venida en gloria y majestad, algunas en la venida en humildad en el pesebre, y que pocas veces como dicen los padres de la Iglesia, en la venida intermedia a nuestro corazón, si acaso lo meditamos algo en advierto, pero muy poco en el tiempo ordinario, cuando Jesús nos insiste en que el reino de Dios está dentro de nosotros, y nos dice a qué es semejante.

En este caso vuelve a hablar de semilla, que es lo que se siembra, y como vemos hay dos siembras distintas una buena y otra de cizaña, luego tenemos ambas sembradas, de ahi la lucha interior entre el hombre de la carne y la del espíritu, y como dice en otro pasaje el hombre de la carne no puede agradar a Dios pues la semilla es la cizaña.
esta es de las parábolas que explica, y te dice que el que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo el mundo, la buena semilla los hijos del reino, la cizaña los hijos del maligno,la siega el fin del mundo y los segadores los ángeles. Primero en el juicio final estarán los de la cizaña, los que actúan inicuamente e irán al fuego eterno y luego los justos brillarán como el sol en el reino de su padre.
Que cuando venga el Hijo del hombre nos encuentre como las vírgenes prudentes con la alcuza llena de aceite y entremos con el novio al banquete celestial.

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