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“Dejémonos guiar por el amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre”, el Papa en la Vigilia de la Divina Misericordia 

“En Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumentos de su misericordia.”, lo dijo el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, durante la Vigilia de oración por la Divina Misericordia.

En su discurso, el Santo Padre recordó con alegría que este momento de oración nos introduce en el Domingo de la Misericordia, segundo Domingo de Pascua, solemnidad instituida por San Juan Pablo II, tras las revelaciones a santa Faustina Kowalska.

Después de haber escuchado los testimonios de algunos participantes en la celebración y comentando las lecturas del profeta Isaías, el Pontífice señaló que, “Dios no se cansa nunca de manifestar su misericordia y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla. Siempre es algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor”.

En diferentes pasajes bíblicos, preciso el Obispo de Roma, Dios se ha revelado, manifestando muchas veces su nombre, y este nombre es “misericordia”. Así como la naturaleza de Dios es grande e infinita, agregó el Papa, del mismo modo es grande e infinita su misericordia, hasta el punto que parece una tarea difícil poder describirla en todos sus aspectos. Pero sobre todo, puntualizó el Sucesor de Pedro, “la misericordia es cercanía de Dios a su pueblo. Una cercanía que se manifiesta principalmente como ayuda y protección”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco señaló que “no tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades. Por lo tanto, en Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumentos de su misericordia”. Puede ser fácil hablar de misericordia, dijo el Papa, mientras que es más difícil llegar a ser testigos de esa misericordia en lo concreto. Este es un camino que dura toda la vida y no debe detenerse. Jesús nos dijo que debemos ser “misericordiosos como el Padre”.

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