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Dinkys 

“No kids double income” es el leitmotiv de un grupo creciente de profesionales jóvenes y no tan jóvenes, que han renunciado a procrear para poderse dedicar más intensamente a su labor profesional y a su relación amorosa. Amor, trabajo y éxito, en definitiva, no serían compaginables con las onerosas tareas propias de la crianza. La difusión de este modelo social pone en evidencia un inquietante cambio de paradigma, cuyas consecuencias económicas, políticas, sociales, psicológicas y antropológicas apenas alcanzamos a entrever.

Obviamente, cada quien es libre de hacer con su vida lo que mejor le parezca, mientras no fastidie al prójimo o sea un delito. En ese sentido, nadie está por encima de los demás ni tiene la misión de juzgarlos. Pero también es verdad que los seres humanos no somos versos sueltos y, si bien no debemos imponer, siempre es útil reflexionar, sugerir y aconsejar, dejando al interesado en completa libertad de incorporar o no las sugerencias. Como sociedad podemos reflexionar sobre la dirección que estamos tomando y adelantar algunas observaciones críticas en orden a mejorarla o, por lo menos, prever las consecuencias de las nuevas formas de organización.

Además, si uno es existencialista como Sartre, sabe que sus propias decisiones no sólo lo deciden a uno mismo y su libertad, sino que en cierta forma elegimos a la humanidad entera, pues al elegirnos, señalamos aquello que consideramos mejor, valioso, excelente, rechazando en cambio lo que nos parece sin valor. Al elegirme, elijo a la humanidad entera y ofrezco un modelo y una escala de valores determinada. Si uno es cristiano sabe que no puede vivir de espaldas a la sociedad y a las grandes cuestiones de la humanidad. Nada ni nadie me debería resultar indiferente, debiendo encontrar acogida en mi corazón y en mi vida, todas las legítimas inquietudes que anidan en el corazón humano, de forma que el corazón cristiano tome la forma del de Cristo. Es decir, sea un ateo existencialista o un cristiano coherente, debo interesarme por el rumbo que toma mi sociedad y ofrecer responsablemente mi libre contribución ciudadana al debate social.

Una primera observación al proyecto “Dinky” es que descansa en un error, tiene un punto de partida cuestionable. Antropológicamente es falso su presupuesto. ¿El fin de la vida es el éxito profesional? ¿Son los hijos enemigos del amor de la pareja? ¿La felicidad es algo exclusivamente personal, es decir, los otros son solo peldaños o estorbos? Interesantes estudios antropológicos, como la investigación de campo realizada por la Universidad de Harvard por más de 75 años, sobre una base de 724 hombres acerca de su vida y su felicidad, han mostrado cómo no es el éxito ni el dinero lo que hace felices a las personas, sino el tener relaciones estables de calidad. Cuanto más amplio sea mi entorno de personas relevantes, es decir, familia y amigos cercanos, más probabilidades tengo de tener una ancianidad feliz y, a la inversa, cuanto más solo me encuentro y con menos vínculos sociales, más proclive soy a la desdicha. El proyecto “Dinky” parece haber cedido acríticamente a un modelo individualista y consumista de felicidad, políticamente correcto, pero con graves inconsistencias.

El eslabón más débil dentro del proyecto “Dinky” es la mujer. El hombre puede replantearse su voluntaria esterilidad mucho más tiempo que la mujer. Si una mujer a los 40 años decide cambiar de paradigma, ya llegó tarde, o tendrá que recurrir a cuestionables prácticas, como a la congelación de óvulos o a vientres de alquiler. Al elegir este proyecto, en un momento de embriaguez, energía y vida, propias de la juventud, olvida los aciagos años en los que no tendrá tanta energía, padeciendo en cambio una inmensa soledad.

Para la sociedad es también un problema esta elección, si se va difundiendo masivamente, pues no garantiza el relevo poblacional y crea situaciones injustas, porque finalmente serán los hijos de quienes no asumieron el modelo “Dinky” quienes carguen con el peso de los “dinkys” en su vejez.

La solución no es sencilla. Ha habido tantos años de propaganda en contra de la maternidad (Ahora los Ministerios de la Mujer eliminan el “Día de la Madre”, ¿a qué mujer representarán?), no resulta sencillo invertir la tendencia. Culturalmente nos hemos encargado de transmitir un mensaje claro: “los hijos son una carga”. Por ello, resulta indispensable volver a proponer la maternidad como una forma de auténtica realización femenina y un invaluable servicio para la sociedad. No hace mucho Carlos Slim sugería retribuir económicamente a las amas de casa. Es urgente dotar a la maternidad y a la familia de más apoyos económicos, políticos y culturales.

Mario Arroyo

Doctor en Filosofía

p.marioa@gmail.com

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