Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, julio 17, 2019
  • Siguenos!

Dios ama en la tierra 
23 de Febrero
Por Gloria Mª Tomás

«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”». (Mt 5,38-48)


El Evangelio de San Mateo, el primer Evangelio, se propone proclamar por escrito la “Buena Nueva” predicada de palabra por los Apóstoles. Recoge parte de la vida de Jesús y sus discursos, en los cuales se anuncia la salvación de Israel y de toda la humanidad, prometida por Dios en el Antiguo Testamento.

En este evangelio los hechos y los dichos de Señor se complementan de una forma preciosa y conducen al lector desde el inicio hasta el final a introducirse en esa preciosa y conmovedora historia que culmina con la plenitud del Sacrificio Redentor de la Pasión y Muerte del Señor, seguida de su Resurrección gloriosa.

A grandes rasgos el contenido del Evangelio de Mateo podemos resumirlos en los siguientes apartados: nacimiento e infancia de Jesús; anuncio de la misión de Cristo realizada por su Precursor, Juan el Bautista; llamamiento de los Apóstoles y comienzo de la condición mesiánica del Señor, que se manifiesta en sus enseñanza y milagros; los viajes del Señor por la tierra prometida; final de su ministerio público; historia de su Pasión, muerte, Resurrección y apariciones en estado glorioso.

En este contexto, el pasaje de este día está contenido en esta condición mesiánica; en este sentido, no solo este pasaje sino todo el capítulo 5 nos enseñan cómo Jesucristo lleva a su plenitud la Ley de Moisés, explica profundamente el sentido de esa Ley y abre el camino y los horizontes del cristiano a la Ley de la caridad y del amor.

Para entenderlo con mayor profundidad, recordemos que entre los antiguos semitas, de los que procede el pueblo hebreo, imperaba la ley de la venganza, que, entre otros efectos adversos, daba lugar a interminables luchas y crímenes. La ley de talión constituyó en aquellos primeros siglos del pueblo elegido un avance ético, social y jurídico. Por ejemplo, señalaba que el castigo no podía ser mayor que el delito, cortando de raíz toda reiteración punitiva. Así quedaba satisfecho el honor de los clanes y familias y se cortaba la cadena de venganzas.

Jesucristo nos da un avance definitivo: es el papel fundamental del perdón y de la superación del orgullo, lo cual no significa no defender los derechos personales —naturales u otorgados— porque la caridad que Jesús pide y vive presupone e impregna la justicia.

En los versículos 43-47 Jesucristo establece que el cristiano no tiene enemigos personales. Su único enemigo, su único mal, es el pecado, no el pecador. El versículo 48 —“Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”— resume el contenido de este capítulo, incluidas las Bienaventuranzas. Estrictamente, nadie puede ser tan perfecto como Dios y no es lo que pide el Señor, sino que muestra que la perfección divina es el modelo al que debe tender el discípulo. Nos enseña así, que el camino para seguirle no está construido con deseos más o menos indefinidos, sino que tiene una finalidad infinita capaz de iluminar cada vida en cualquier circunstancia. Particularmente ilumina el corazón del hombre, abriéndole do al amor y a la misericordia.

Termino de preparar este comentario del Evangelio, el día 22 de febrero, que se celebra en la Iglesia la fiesta correspondiente a la Cátedra de San Pedro. Deseo señalar cómo el “camino reglamentario” para seguir a Jesús es a través de Pedro, del Papa. En esa línea, el próximo beato, Mons. Álvaro del Portillo, decía en una de sus Homilías (26-VI-1982): “… La Iglesia no es una entelequia (…), es una sociedad presidida por el Papa y por los obispos en comunión con él, integrada por el clero y el pueblo fiel. Si amamos a la Iglesia, hemos de amar al Papa, a los obispos, al clero y a los religiosos y al pueblo fiel. Si no, no es verdad que amamos a Dios. Haciendo examen de conciencia, vemos que en nosotros están esas semillas de amor (…). Y respondemos: Señor, te damos gracias, queremos amar todavía más, comprender más, disculpar más; ser siempre buenos hijos de Dios, que aman al Padre celestial y, por Él, a todas las almas”.

En este programa de vida que este evangelio nos ofrece y que hemos tratado de encuadrarlo tanto en el Evangelio como en el modo de aplicarlo a nuestra vida, no me resisto a acabarlo sin copiar uno de los últimos tweets de nuestro querido Papa Francisco. Dice así: “Aprendamos de Jesús a rezar, a perdonar, a sembrar la paz, y a estar cerca de los necesitados”. @Pontifex_es.

Gloria Mª Tomás y Garrido

Añadir comentario