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Dios en la literatura contemporánea: Gerardo Diego 

Autor: Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987).

Obra: Primera antología de sus versos (1918-1941).

Fuente: Gerardo Diego: Primera antología de sus versos (1918-1941), novena edición, Espasa-Calpe, Madrid, 1980.

IX

VIA CRUCIS (1924)

TERCERA ESTACIÓN

A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hincan en la tierra roja.
Ya no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo.
Y en un esfuerzo supremo
lentamente te incorporas.
Como el cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tu mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados.
Con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.

PENÚLTIMA ESTACIÓN

He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.

VERSOS DIVINOS

(1938-1941)

A LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

¿Es de ingrávido sueño,
aire o magia refleja
este resplandor súbito,
esta erguida presencia?

Todo en torno se afirma,
se deslumbra, se ciega.
La piedra es más que nunca
piedra, gozosa piedra;

la humana piel confusa
de oscuros centinelas,
tañida del prodigio,
centellea evidencias,

y el alba, el alba tímida
tan mojada y tan tierna,
confirma de rubores
su inocencia perfecta.

Otra vez sobre el mundo
la Verdad se hace cierta,
cierta con certidumbre
transverberada, céntrica.

No el aire, no, ni el sueño
ni la magia espejean
este cuerpo armonioso
que fulgura y destella.

Las brisas le acarician,
la tierra le sustenta
y la luz que de él mana
le ciñe y le modela.

Pudiendo ser más leve
que plumas o humaredas,
humana, humildemente
pisa la hierba, y pesa,

y al goce del suavísimo
tacto, contacto, prenda,
invita -ábranse flores-
a las yemas incrédulas.

Resurrección. Oh gloria
taladrada y tan nuestra,
tan de hueso y de carne
firme, caliente, fresca.

Por Ti, Jesús, tan nuevo
hoy con tus cinco estrellas
que en cifra dibujada
tu caridad constelan,

por Ti, Señor, devuelto
a la luz que te estrecha,
al amor que te ciñe,
al aura que te besa,

por ti, todo nos canta,
oh divina certeza
para después del tiempo,
quieta ya primavera.

Páginas de esta antología correspondientes a poemas en que aparece Dios o lo divino: 17, 23, 29, 30, 32, 58, 80, 86, 102, 106, 107, 114, 115, 125, 135, 138, 139, 145, 149, 156, 157, 158, 182.

 

 

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