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Dios es providente 
Por Juan A. Tuñón

«En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino”. Los discípulos le preguntaron: “¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?”. Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis?”. Ellos contestaron: “Siete y unos pocos peces”. Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas».  (Mt 15, 29-37)


Ya estamos en Adviento. El Señor va a nacer, es tiempo de alegría, tiempo de reconciliaciones y paz. Tristemente no en todo el mundo existe la situación elegida y deseada de Paz y Amor, como muestra Jesucristo en este Evangelio, que subiendo al monte cura enfermos de sus dolencias y alimenta a los hambrientos. Esto mismo quiere hacer hoy con las dolencias de nuestros pecados y de nuestra incredulidad.

El Señor, en este evangelio de hoy anticipa la vida eterna al enfermo, al desolado y abandonado que no encuentra sentido a su vida. Jesucristo le llama a acercarse a Él con fe para curar nuestros corazones perversos del pecado e incluso sanar realmente nuestro cuerpo. Solamente hay que ir a escuchar su Palabra y, al igual que la Virgen María dijo “hágase en mi según tu palabra”, así nosotros creamos lo que nos dice.

Pobre del hombre que en sus momentos de angustia y sufrimiento no tenga donde apoyarse, porque a todo hombre le llegan momentos de soledad, de sinsentido, y ¿dónde se apoya el hombre que no tiene a Dios en su vida?.

La multiplicación de los panes y los peces me invita confiar cuando me quedo sin trabajo, cuando me quedo solo, sin comida real, cuando no me llega el dinero a fin de mes y me pregunto cómo pagaré la luz, la hipoteca… Pero desgraciadamente, ante el gran drama de la sociedad actual de desahucios y pérdida de trabajo el hombre quiere huir escapando del sufrimiento sin pasar por Jesús.

Él no quiere que sus hijos sufran, pero desea que se lo pidan. Quiere darnos de su alimento espiritual y también del material. Si te acercas con fe al Señor y le suplicas, él multiplicará los panes y los peces para ti.

El número «7» simboliza a Dios hecho hombre y manifestado a todos los hombres en Cristo, y Cristo realmente resucitado. Ahora en Navidad se hace hombre en total humildad y pobreza, como la que quiere de nuestro corazón; que seamos ese enfermo y hambriento necesitado de Él.

Juan Antonio Tuñón

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