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“Dios no ha abandonado al hombre negro” 

¿Cuándo comenzásteis la misión?

En el año 1989, después de once años de Camino escuchando la Palabra de Dios, celebrando el Misterio Pascual de Nuestro Señor Jesucristo y viviendo en nuestra comunidad, el Señor nos concedió una gracia enorme que no merecemos: ser apóstoles y familia itinerante con nuestros diez hijos, y dos en el cielo, que han nacido en la Evangelización.

Este 2012 hemos cumplido 23 años de itinerancia y declaramos que es cierto que Cristo ha resucitado, que es fiel a pesar de nuestras rebeldías y divisiones en la familia y en el equipo. Siempre ha estado con nosotros, haciendo el milagro de reconciliarnos y de restaurar la comunión.

Habéis abierto el Camino en varias diócesis de la R.D. del Congo y Burundi. ¿Cuáles?

En siete diócesis, con 66 comunidades en total:

RD. CONGO: 1989: Diócesis de LUEBO (Tshikapa); 1989: Diócesis de UVIRA, con 22 comunidades; 1990: Diócesis de KIKWITE; 1996: Arquidiócesis de BUKAVU, con 26 comunidades.

BURUNDI: Se abrió el Camino Neocatecumenal en 1978, pero se cerró y se ha vuelto a abrir en el 2002, en la Archidiócesis de BUJUMBURA, 14 comunidades; 2009: Diócesis de BURURI, 2 comunidades; 2011: Diócesis de RUTANA, 2 comunidades.

¿Cómo viven vuestros hijos la misión?

La Iglesia nos ha enviado a la misión sin dinero y el Señor ha intervenido constantemente. Los hijos estudiaban un año escolar en tres escuelas diferentes. Para acabar la secundaria, recorrían hasta diez y once escuelas cada uno, pero el Señor les ha ayudado con fuerza, incluso en la Universidad. Damos gracias a Dios por esta vida errante que ha transmitido y transmite la fe a nuestros hijos, y les certifica que Dios existe, que es Padre.

¿Por qué crees que se da un contraste entre la acogida de la predicación por parte de los fieles y, a veces, un rechazo frontal por parte del clero?

Nuestro continente africano, y más precisamente nuestro país, tiene mucha necesidad de un camino de conversión. Hoy, casi todas nuestras diócesis están festejando el jubileo y el Centenario de la Primera Evangelización, pero la conclusión es que el hombre congolés generalmente sigue siendo un pagano pero bautizado. El anuncio del Evangelio no lo ha sacado de su cultura pagana, de la creencia en la brujería, de la poligamia y la bigamia, que están en la base de sus grandes heridas. Por otra parte, su agrupación tribal pasa por encima de la pertenencia a la Iglesia, a su parroquia o a su comunidad cristiana; lo que conlleva que los sacerdotes y los cristianos estén divididos a muerte a causa de su tribu. Desgraciadamente, nuestras diócesis y parroquias no son signo de Cristo Resucitado que es Amor y Unidad.

¿Qué aporta el Camino para cambiar esta realidad?

El Camino Neocatecumenal es una ayuda para que la Iglesia en África y particularmente en el Congo y en Burundi pueda salir de esta situación y sea Luz de las gentes, ya que es un antídoto muy eficaz contra el veneno de todas las divisiones y cizañas, al permitir que Cristo realice un cambio radical de mentalidad y de comportamiento en la vida de los cristianos y de los sacerdotes.

Allí donde existe el Camino empezamos a ver algunas primicias de conversión en los hermanos de nuestras comunidades; donde conviven las etnias hutu y tutsi y donde Cristo aparece con su Espíritu para curar las heridas causadas por las guerras y las divisiones.

En estas comunidades algunos matrimonios son reconstruidos, abriéndose a la vida: los jóvenes han visto la importancia de casarse para transmitir la fe a sus hijos; los sacerdotes descubren el sentido de su presbiterado…

El Papa Benedicto XVI, al enviar familias para la Nueva Evangelización, dijo al presbítero de la Misión Familias que viajaba al Gabón: “¡Ánimo, África os necesita!”. ¿Qué suponen para ti, como itinerante africano, estas palabras?

Al hacernos participar de este gran don inspirado por la Santa Virgen María, que es el Camino Neocatecumenal, nosotros los africanos descubrimos que Dios no ha abandonado al hombre negro, considerado siempre como el último de la tierra, el maldito.

Estamos agradecidos al Señor por nuestro nuevo equipo, formado por el P. Juan, el seminarista Joël y nuestra familia, llamados y empujados a evangelizar en esta zona de los Grandes Lagos.

Rezad por nosotros, que somos pecadores.

P. Juan Ignacio Echegaray
Presbítero Itinerante en el Congo y Burundi

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