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Dos días y una noche: Una épica social en miniatura 

Título original: Deux jours, une nuit. Título internacional: Two days, one night. Dirección y guión Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne. Países: BélgicaFrancia e ItaliaAño: 2014. Duración: 95 min. Género: Drama. Interpretación: Marion Cotillard (Sandra), Fabrizio Rongione (Manu), Pili Groyne (Estelle), Simon Caudry (Maxime). Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne y Denis Freyd. Fotografía: Alain Marcoen. Montaje: Marie-Hélène Dozo. Diseño de producción: Igor Gabriel. Vestuario: Maïra Rameddhan-Levi. Distribuidora: Wanda VisiónEstreno en España: 24 Octubre 2014.

Hace unos meses un alumno mío ha obtenido en su tesis doctoral el Doctorado Internacional con la máxima calificación. Unos de sus capítulos trata sobre los hermanos Dardenne, directores de la película “Dos días y una noche”. Señala este nuevo doctor, Miguel Ángel Millán: «En sus películas (de los Dardenne) existe una diversidad temática que enfrenta a los individuos con situaciones derivadas de la perdida de la identidad y la lejanía de la memoria, como son: la clandestinidad de un inmigrante, la marginación de unos sin techo, la exclusión social de una joven no cualificada, la acogida a un homicida, la explotación despiadada de un “Yonki”, o la desprotección de un niño… Son situaciones límite enmarañadas de sordidez e inmundicia, como consecuencia de una realidad social que no les ofrece más salida que un estigma irreparable de segregación. Lo que conduce a justificar que en la diversidad de dificultades hay un solo motivo para reparar las heridas, la protección de la humanidad».

«Este planteamiento —sigue diciendo Miguel Ángel Millán— permite evolucionar de la clandestinidad a la visibilidad, de la exclusión al encuentro, de la culpa a la inocencia, del castigo al perdón, de la explotación a la dignidad, de la orfandad a la maternidad… En definitiva experimentar el tángido latido de lo humano que permite pasar de la herida mortal a la plenitud vital, que ilumina lo que hay de infinito en el hombre».

«En definitiva —señalará también— la idea de explorar sus imágenes más allá de lo evidente conlleva una comunión de razones y emociones arraigadas en una perspectiva cristiana del acontecer humano; por ello son capaces de filmar penetrando en los sentimientos de sus protagonistas, abriéndose a las posibilidades que la cámara ofrece para generar un arte de vitalidad trascendente centrado en la cercanía del prójimo, lo que con sus palabras significaría “filmar la aparición de lo humano, captar el paso de la bondad en el simple comercio humano”. A veces el arte puede preceder a la vida».

maestros de lo imperfecto

Este trasfondo es el que se capta en esta película, quizá la mejor de estos directores. Distintos expertos la enfocan acertadamente señalando que los Dardenne son maestros de lo imperfecto; ofreciéndonos una vez más una obra maestra. Si bien, puede parecer una película rara, ya que sorprende su simplicidad nada forzada, que nos muestra lo que está pasando en la Europa del siglo XXI, con sus trastiendas morales donde se refleja el gran peso humanitario de los personajes.

Los Dardenne son realistas, se olvidan de la retórica, no adoctrinan, no enfatizan diálogos ni situaciones y van directos al corazón. Esta película va de lo social a lo íntimo, sin dividir el mundo al modo maniqueo de buenos y malos, de villanos y héroes; da voz a todas las posturas, a la comprensión íntima de la complejidad de lo humano. La puesta en escena es austera y honesta; además, recrean a los seres humanos comunes, corrientes, con los que fácilmente nos identificamos. Es una épica social en miniatura.

Se comprende que hay recibido los siguientes premios:

2014: Premios Oscar: Nominada a Mejor actriz (Marion Cotillard)

2014: Premios César: Nominada a Mejor actriz (Cotillard) y Mejor film extranjero

2014: Premios Guldbagge: Mejor película extranjera

2014: Festival de Cannes: Sección oficial largometrajes a concurso

2014: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película en habla no inglesa

2014: Seminci de Valladolid: Sección oficial largometrajes a concurso

2014: National Board of Review: Mejores películas extranjeras del año

2014: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actriz (Cotillard)

2014: Premios del Cine Europeo: Mejor actriz (Cotillard)

2014: Satellite Awards: 2 nominaciones incluyendo Mejor película extranjera

2014: Critics Choice Awards: 2 nominaciones incluyendo Mejor actriz (Cotillard)

2014: Críticos de Chicago: 2 nominaciones incluyendo Mejor película extranjera

Pasemos ya al argumento: Sandra (la espléndida Marion Cotillard) ha estado de baja por depresión en la fábrica donde estaba empleada. Casada y con dos niños, cuando ya medianamente recuperada está a punto de reincorporarse al trabajo se lleva la desagradable sorpresa de que sus compañeros han sido presionados para votar entre un incentivo en forma de sustanciosa prima, y la eliminación de su puesto de trabajo. Ha ganado la primera opción. Dada que la votación no ha sido del todo clara, su jefe concede a Sandra la oportunidad de que el lunes —es decir, en dos días y una noche después— haya una nueva oportunidad de votar.

En ese tiempo Sandra, ayudada por su marido, irá visitando a cada uno de sus compañeros para pedirles que voten a favor de su puesto de trabajo. Se encuentra con diferentes reacciones por parte de cada uno de los trabajadores a los que intenta convencer que voten por ella: el egoísmo, la solidaridad, el miedo, la necesidad… Sentimientos que vamos descubriendo en los diferentes personajes, pues cada uno de ellos afronta el problema con diferente actitud, todas comprensibles, todas humanas. Y en Sandra, incluso sumida en esa situación que muchas veces la supera, encontramos atisbos de felicidad y de gratitud hacia sus compañeros. La película culmina con una espléndida escena final.

una apuesta por la ética personal

Sandra es el centro de este largometraje. La vemos evolucionar con una carga emocional profunda a lo largo de toda la película; una evolución progresiva con varias recaídas hacia el punto de partida. Al principio se presenta como una persona débil, sin ganas de luchar y pesimista, incluso abordada por la depresión. Pero según avanza el film, paulatinamente va cambiando su actitud hacia la esperanza y las ganas de luchar. Esto influye de manera positiva en su marido (Fabrizio Rongione) y en algunos de sus compañeros, que se contagian de esta actitud para tomar decisiones difíciles pero positivas para sus vidas.

Este derroche de humanidad lo refuerza Marion Cotillard, que realiza una de las mejores interpretaciones de su carrera, secundada y en cierto modo desafiada constantemente por unos actores —y no actores— tan plenos de veracidad, que le exigen desplegar sus numerosos registros para resultar verosímil. Cabe elogiar, en concreto, la sobria caracterización de Fabrizio Rongione, quien en sus contadas intervenciones logra dotar de una fuerte personalidad al esposo de Sandra. Es uno de los contrapuntos optimistas de esta película a ratos desoladora, ardua quizás en su sucesión de encuentros traumáticos, y tal vez algo desequilibrada. Pero que enriquece su certero discurso con una bocanada de esperanza, a la manera de los Dardenne, es decir, alejada de los “happy ends made in Hollywood” y cercana al sencillo humanismo de Vittorio de Sica en Ladrón de bicicletas, su magistral película de 1948.

Dos días y una noche es una apuesta por la ética personal, con un desenlace que está a la altura de la cinta y de su protagonista.

Gloria Mª Tomás y Garrido
Catedrática honoraria de Bioética UCAM

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