Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, mayo 26, 2020
  • Siguenos!

“Echad las redes” 
05 de Agosto
Por Mª Nieves Diéz Taboada

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»

Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron (San Lucas 5, 1-11).

COMENTARIO

Cualquier meditación del evangelio siempre se apoya en dos pilares: la humildad y la caridad. La humilde fe en Dios, reconociendo su poder, su santidad, su cualidad de padre amoroso; y la obligación de dar al prójimo todo bien a nuestro alcance, material o espiritual.

En  este pasaje del evangelio descubrimos tres puntos claros para la meditación:

1º “Maestro hemos pasado la noche bregando y no hemos sacado nada, pero por tu palabra echaré las redes”. Seguro que pensarían: ¿este carpintero nos va a decir dónde y cuando hay pesca?, pero obedecen. Muy importante lección: obedecen a pesar de que no lo ven muy claro, porque admiran y respetan al Señor.

La confianza en  Dios en sus promesas, en sus advertencias, en sus mandatos, el reconocimiento de que su palabra es fiable nos ayuda a encontrar el camino recto, a caminar seguros y confiados, como va el niño de la mano de su padre. Abandonados en él para sobrellevar lo que es imposible para nuestras fuerzas: Las enfermedades y los sufrimientos, las carencias, las humillaciones, el deterioro, y la muerte como fin seguro. Cuando el camino es  incierto hay que tener la valentía de obedecer y echar las redes.

2º “Apártate de mí que soy un pobre pecador”. He aquí el humilde reconocimiento de nuestra pequeñez ante la grandeza y el poder de Dios. Los cuatro avezados profesionales de la pesca cansados, después de trabajar toda la noche intentando aquí y allá encontrar los bancos de peces, ven estupefactos como llega Jesús y revientan las redes. Las criaturas y la Naturaleza le obedecen, como pasó cuando calmó las aguas, porque es el Señor del universo creador de todo. Se nos olvida frecuentemente quién es este hombre, Jesús de Nazaret, que vivió sencillamente como un judío de su tiempo, sus costumbres, sus prácticas religiosas, su trabajo, sus comidas eran las mismas. Pienso que los apóstoles convivirían con él como un compañero más, compartirían la comida, reirían juntos, descansarían próximos, pero Jesús es el hijo de Dios. Los apóstoles se quedan tan admirados de su poder, que no se sienten dignos de su compañía. Como nosotros repetimos ante el milagro de la eucaristía, antes de recibirlo.

3º.-“Desde ahora serás pescador de hombres” Llega la llamada, la vocación al trabajo y a la entrega en una difícil misión. Jesús ha tenido que mostrarles con hechos prodigiosos quién es el que los invita a una vida nueva. El llamamiento no es solo para los apóstoles sino, para todos sus seguidores.

Ser “pescadores de hombres” se ha interpretado como labor publicitaria y proselitista para ganar clientela con doble beneficio, porque exigimos una paga por ello. No. Tiene que ser la gratuita necesidad de comunicar una esperanza y una alegría a los demás ante el sinsentido de la vida de una sociedad  llena de injusticias y falta de amor. Es hacer un regalo a los que nos rodean del tesoro que hemos descubierto y no puede quedarse en nuestra intimidad: la palabra de Jesús que, como la levadura, fermentará toda la masa. El mandato de la salvación es plural, la formación espiritual, la oración, las prácticas religiosas, todo está encaminado a ser revertido en el prójimo. El diario ascenso de la vida del cristiano no puede ser individual, tiene que desparramarse por el mundo  renovarlo y cambiarlo. La verticalidad que a Dios nos lleva se apoya en la firmeza del “nosotros”.

Añadir comentario