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Educación sexual: cuidar la oveja perdida sin perder a las 99 

Está de moda hablar de “educación sexual integral”, pero ¿qué significa realmente esta expresión?; y ¿es realmente integral la llamada “educación sexual integral”? En términos generales podemos clasificar los programas de educación sexual en cuatro categorías: (1) Programas centrados en los datos biológicos y el uso de anticonceptivos; (2) Programas de “solo abstinencia”; (3) Programas oficiales llamados “integrales” (o llamados “abstinence plus”); (4) Programas “centrados en la abstinencia”. Describamos brevemente cada programa.

(1) Los programas centrados en la biología y en el uso de anticonceptivos parten de la premisa de que el hecho sexual es solamente biológico y que, para resolver los problemas educativos, basta informar con claridad sobre los aspectos físicos de la actividad sexual y el uso de anticonceptivos. Se hace demasiado hincapié en informar sobre el uso de estos anticonceptivos y menos en otros aspectos relacionados con la personalidad o afectividad de los jóvenes. En muchos años, no han logrado los resultados que pretendían —una óptima “salud sexual”— y, sin embargo, siguen aplicándose en muchos lugares.

(2) Los programas de “solo abstinencia” solamente plantean la educación sexual con mensajes a favor de la abstinencia de relaciones sexuales. Cuando se dirigen a jóvenes que ya están teniendo relaciones sexuales, se les insiste en que lo mejor es que dejen de tenerlas. Algunos critican estos programas aduciendo que los jóvenes que deciden tener relaciones sexuales estarían menos preparados para asumir y reducir los riesgos que incurren al tomar esta decisión. Según sus críticos, estos jóvenes acabarían teniendo un mayor riesgo de infección de transmisión sexual (ITS) o de un embarazo imprevisto. Los mejores programas no se limitan a defender la abstinencia, sino que trabajan con los jóvenes para ayudarles a lograr este objetivo en las circunstancias reales de sus vidas.

(3) Los programas llamados “integrales” (“comprehensive sex education” en inglés) describen todas las opciones que hay para que un joven pueda evitar o reducir el riesgo de una ITS o un embarazo. Mencionan la abstinencia, pero se acaban centrando en promover el uso de preservativos como la opción más “realista” para los jóvenes. Asumen, en el fondo, que la abstinencia no es posible, no es realista, para ellos. Algunas veces se llama a estos programas “abstinence plus” porque añaden la información del preservativo al programa de la abstinencia. El problema es que no tienen en cuenta que, también desde el punto de vista de los datos científicos, la abstinencia es claramente lo mejor para los jóvenes en comparación con tener relaciones sexuales, aunque usen preservativos. Pueden incluso favorecer el fenómeno de “compensación de riesgos”: al presentar los preservativos como si fueran 100 % eficaces, los jóvenes que no son sexualmente activos, pueden acabar animándose a tener relaciones sexuales por sentirse invulnerables usándolos. De la misma manera, los que ya tienen relaciones sexuales pueden acabar teniendo más parejas que las que tenían antes del programa. Al final, los jóvenes acaban teniendo un mayor riesgo para su “salud sexual”.

(4) Los programas “centrados en la abstinencia” son programas que centran la educación sexual en mensajes a favor de la abstinencia, aunque también informen sobre el uso de preservativos. Se diferencian de los programas llamados “integrales” en que nunca recomiendan como mejor opción para los jóvenes el uso de preservativos. Ni siquiera presentan las opciones existentes con la supuesta “neutralidad” de los programas integrales, como si ambas opciones fueran igual de beneficiosas, sino que apuestan claramente por la abstinencia, asumiendo que los jóvenes pueden y deberían elegir esta opción por su propio bien. A los jóvenes que ya están teniendo relaciones sexuales, se les insiste en que lo mejor es que dejen de tenerlas. Los mejores programas no se limitan a explicar la teoría, sino que intentan, además, ayudarlos a lograr este objetivo en las circunstancias reales de sus vidas.

la abstinencia, una solución viable

 

Los programas que no apuestan por la centralidad del mensaje de la abstinencia dándole la prioridad que se merece como opción más acertada y beneficiosa para los jóvenes, suelen basarse en la idea de que la mayoría de los adolescentes han tenido, tienen o tendrán pronto relaciones sexuales. Basar la educación sexual en esta premisa presenta al menos dos problemas.

El primer problema es que esa idea tiene poco que ver con los datos estadísticos sobre las relaciones sexuales en menores de edad. Por ejemplo, estudios científicos recientes señalan que la proporción de jóvenes de dieciséis años que ya han tenido relaciones sexuales no llega al 30 % (Archives of Sexual Behavior, 2012). Se puede afirmar por ello que estos programas de educación sexual dejan fuera de su mensaje hasta un 70 % de los jóvenes de esa edad. Estos adolescentes se beneficiarían de un mensaje positivo y contundente que refuerce su decisión acertada de no tener relaciones sexuales, porque así no tendrían riesgo de acabar con problemas afectivos, embarazos o infecciones de transmisión sexual. Por el contrario, se les transmite implícitamente el mensaje de que están “del lado equivocado” de la estadística. Estos programas hacen poco para que su libre decisión de no tener relaciones sexuales se vea como una opción acertada y que por tomarla no son “personas raras”. Por el contrario, se encuentran iniciativas que buscan fortalecer al joven que esta tomando decisiones acertadas para su “salud sexual”; el vídeo Amantes, que, según youtube, ha sido visitado por más de trescientas veinticinco mil personas es un ejemplo de tantos (www.soyamante.org).

El segundo problema es que estos programas se centran exclusivamente en dos mensajes: afirmar que es bueno dejarse llevar por los deseos y promover la utilización de anticonceptivos, sobre todo el preservativo. Incluso hay muchos programas que, aceptando teóricamente que la conducta más saludable es no mantener relaciones sexuales hasta el establecimiento de una pareja estable y permanente (como el matrimonio), se vuelcan en la práctica con la mayor energía en el adiestramiento del uso de preservativos. Como se ha explicado más arriba estos programas se han dado a sí mismos el nombre de “educación sexual integral” pero cabe dudar seriamente hasta que punto son realmente “integrales”. Desde el punto de vista de la promoción de la salud, esta contradicción en la que se les dice a los jóvenes una cosa y la contraria en el mismo programa, acaba perjudicando el mensaje necesariamente prioritario para los adolescentes: lo mejor para ellos es no tener relaciones sexuales y el uso de preservativos puede reducir el riesgo pero en ningún caso eliminarlo del todo.

deseo, enamoramiento y amor

Es importante informar sobre los efectos de tener relaciones sexuales y sobre la diferencia entre tenerlas con o sin anticonceptivos. Sin embargo, informar con el enfoque descrito equivale a ocuparse de la oveja perdida, sin garantizar que las 99 restantes estén correctamente atendidas y protegidas. El efecto directo de este enfoque puede acabar siendo que esas 99 queden vulnerables también, porque se ha dejado la puerta abierta al buscar a la oveja perdida.

Lo que ocurre en la práctica es que los jóvenes que no tienen riesgos, porque no tienen relaciones sexuales, se ven presionados por el ambiente para tenerlas y por lo tanto acaban incrementando su riesgo (aunque usen preservativos) (www.unav.es/eash).

Además, a los jóvenes les interesa mucho entender qué tiene que ver el amor con la sexualidad y qué relación hay entre el deseo, el enamoramiento y el amor. Estos programas llamados integrales suelen obviar esta cuestión. Por ejemplo, en las páginas web que contestan a las dudas de los jóvenes encontramos que estos se interesan veinte veces más por preguntas que describen las características del amor que por aquellas referidas a la eficacia del preservativo (www.joveneshoy.org).

Hoy, que se suele dejar de lado a la familia, es útil recordar que no contar con ella en esta preparación para el amor que los jóvenes desean, es llevar a cabo una educación sexual que tiene más que ver con la veterinaria que con la integralidad propia del ser humano (www.educarhoy.org).

Carlos Beltramo, Alfonso Osorio y Jokin de Irala
Proyecto Educación de la Afectividad y de la Sexualidad Humana
Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra

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