Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, noviembre 19, 2019
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Ejemplo, exigencia y buena comunicación 

Antes de tratar de cada uno de los puntos del enunciado, he de expresarles en confidencia de amigos, que por circunstancias familiares –Dios sólo sabe el motivo-, afectividad y sentimientos altamente emotivos en quien se lo transmite, a buen seguro son debidos a ellas; humanamente no deseadas por extremadamente duras, pero llevadas con tal garbo, dignidad ¡y alegría exterior! Que dejaron huella indeleble en la descendencia; como la de las profesiones vocacionales que “imprimen carácter”. Es, sin entrar en detalles que pertenecen a la propia intimidad, la mayor y mejor lección que, basada en el ejemplo de mis mayores, hacen posible que trate de temas que, sin el ejemplo, sería poco menos que imposible exponer. Otra cosa es que recibidas estas lecciones, el alumno las haya asimilado como debiera. De forma similar a como recibida una intensa y “ejemplar” formación cristiana, hayamos correspondido debidamente o no, a tanto como gratuitamente se nos ha dado.

En el aprendizaje emocional, el ejemplo tiene un particular protagonismo. Basta pensar, por en cómo se transmite de padres a hijos la capacidad de reconocer el dolor ajeno, de comprender a los demás, de brindar ayuda a quien lo necesita. Son estilos emocionales que todos aprendemos de modo natural y los registramos en nuestra memoria sin apenas darnos cuenta, observando a quienes nos rodean.

Pero no por eso todo es cuestión de buen ejemplo. Hay hijos egoístas e insensibles cuyos padres son personas de gran corazón. Y esto es así porque el modelo es importante, pero, además de ello (por ejemplo, de padres atentos a las necesidades de los demás), es preciso sensibilizar frente a esos valores (hacerles descubrir esas necesidades en los demás, señalarles el atractivo de un estilo de vida basado en la generosidad) y, además, educar en un clima de exigencia personal, porque, si no hay autoexigencia, la pereza y el egoísmo ahogan fácilmente cualquier proceso de maduración emocional. La disciplina y la autoridad son decisivas para educar, pues sin un poco de disciplina difícilmente se pueden aprender la mayoría de las cuestiones importantes para la vida.

Imposible no recordar lo que Alguien dijo -“¡y dijo bien!”- A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán.

Junto a eso, es esencial que haya un clima distendido, de buena comunicación; que en la familia sea fácil crear momentos de mayor intimidad, en los que puedan aflorar con confianza los sentimientos de cada uno y así ser compartidos y educados; que no haya un excesivo pudor a la hora de manifestar los propios sentimientos; que haya facilidad para expresar a los demás con lealtad y cariño lo que de ellos nos ha disgustado; etc.

Cuando falta esa sintonía frente a algún tipo de sentimientos (de misericordia ante el sufrimiento ajeno, de deseo de superarse ante una contrariedad, de alegría ante el éxito de otros, etc.), o en la medida en que esos sentimientos no se fomentan, o incluso se dificultan o se desprestigian, cada uno tiende a restringirlos y, poco a poco, los sentirá cada vez menos: se van desdibujando y desaparecen poco a poco del repertorio emocional.

                                                             Carlos de Bustamante.

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