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EL BUEN PASTOR, TE LLAMA POR TU NOMBRE 
03 de Mayo
Por Francisco Javier Alba

“Dijo Jesús: “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón  y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: “En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (San Juan 10, 1-10).

COMENTARIO

¿Quién no entra por la puerta? Dice Jesús: “el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón  y bandido” Pero, ¿cuál es la puerta del aprisco? Ese es el punto.  Por la puerta entra el pastor, y Cristo es el Pastor y fuera de la puerta entran los ladrones y bandidos.

¿Cuál es la puerta? EL mismo Jesús nos lo dice:   “En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas”. Y nos aclara más: “todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos”. Nosotros a lo largo de nuestra vida hemos escuchado muchas voces pero no eran la voz de Cristo, sino de ladrones y bandidos. También hoy el mundo nos inunda cada día a través de todos sus medios de voces de ladrones y bandidos, pero no de la de Cristo, el Buen Pastor. Pero nosotros, las ovejas, como dice Cristo, no las escuchamos. Son voces aduladoras, mentirosas, ladronas, pero no entran en nuestro corazón, porque nuestro corazón sólo ha sido creado para Cristo, no para el mal.

“Yo soy” dice el Señor a Moisés. “Yo soy la puerta” nos dice Cristo a nosotros en este evangelio. Sólo en Cristo podemos salvarnos, sólo en Él podremos ser liberados de la esclavitud y de la mentira del Maligno para poder “entrar y salir”. Porque para liberarnos ha venido Cristo.

Sólo en Cristo podemos descansar y “encontrar pastos”. Porque como proclama el Salmo responsorial de hoy: “El Señor es mi pastor nada me falta, por prados de fresca hierba me conduce”. Nuestro corazón ha sido creado por Él y para Él y sólo puede descansar en Él. Todo lo demás es vanidad.

Y esto lo hemos experimentado nosotros los cristianos muchas veces a lo largo de nuestra vida. Hemos sido malheridos por el Enemigo: “el ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos”. Hemos sido recogidos por Cristo el Buen Samaritano que nos ha llevado al hospital de la Iglesia para ser curados. Porque Él ha venido a nuestra vida: “para que tengan vida y la tengan abundante”.

Oremos hermanos para que sólo abramos la puerta de nuestro corazón a Cristo que llama y espera a la puerta, para sentarse a la mesa con nosotros.

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