Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, diciembre 14, 2018
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El demonio del mediodía 

Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Ef 5, 14.

Los Padres del desierto fueron expertos en identificar, rechazar y exorcizar al ‘demonio del mediodía’. Es un espíritu que para introducirse comienza inspirándote una autoestima exagerada: “tú eres la divina pomada”, te sopla. Luego, – por sorpresa también – te hace una llave de yudoka: te provoca por medio de una situación límite: un atasco; la llegada de un pago imprevisto; que no tienes la comida lista. Lo que se dice una situación límite, que te pone en un estado de ánimo agriado, descontento, murmurador, hasta llevarte, – finalmente como cogido por el cuello – a la maldición, te pone nervioso y te induce a la blasfemia.

Ya lo tienes identificado, por sus frutos lo conoceréis.
¿Qué hacer? Te paras de cualquier cosa precipitada que estés haciendo, busca la paz, y descubrirás que esos pensamientos no vienen de ti, vienen de fuera.
Pide al Señor una palabra de alegría por lo bueno que Él es; por lo bien que lo hace todo; un sentido agradecimiento por cómo te cuida a ti y a los tuyos.

A mi me ha dado hoy una Palabra que da en la diana: MÁS AÚN, NOS GLORIAMOS HASTA EN LAS TRIBULACIONES, SABIENDO QUE LA TRIBULACIÓN ENGENDRA LA PACIENCIA; LA PACIENCIA VIRTUD PROBADA; LA VIRTUD PROBADA, ESPERANZA; Y LA ESPERANZA NO DEFRAUDA, PORQUE EL AMOR DE DIOS HA SIDO DERRAMADO EN NUESTROS CORAZONES, POR EL ESPÍRITU SANTO QUE NOS HA SIDO DADO.

Y si seguimos leyendo a San Pablo que es experto en estas lides, dice: CUANDO TODAVÍA ESTÁBAMOS SIN FUERZAS… CRISTO MURIÓ POR LOS IMPÍOS – así que de “divina pomada” nada, somos pecadores y de los peores -,… LA PRUEBA DE QUE DIOS NOS AMA ES QUE CRISTO, SIENDO NOSOTROS TODAVÍA PECADORES, MURIÓ POR NOSOTROS… JUSTIFICADOS POR SU SANGRE, SEREMOS POR ÉL SALVOS DE LA IRA. Rom 5, 3-9.

¿Qué mejor exorcismo? Pertréchate porque mañana este demonio del mediodía volverá. El Santo Cura de Ars, a fuerza de pelear con él, lo tenía contra las cuerdas y le daba un nombre curioso, porque se repetía cómo el ajo: ¡ahí está “el Viejo”!

                                                                                              Juan Ignacio
                                                                                              Missio ad Gentes Riga (Letonia)

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