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El domingo, en crisis 

La Iglesia española se ha propuesto recuperar la centralidad del domingo, que es «clave en la identidad cristiana», según recoge el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal. Del descenso de la asistencia a la Eucaristía dominical se derivan otros aspectos antropológicos y sociales, que diluyen la importancia del domingo como día de descanso, día de la familia o día de la caridad
La asistencia a la Eucaristía dominical sigue cayendo, según el CIS: solo un 9 % de la población española va a Misa los domingos o varias veces a la semana. Un porcentaje que se acerca al 14 % si el límite se pone en dos o tres veces al mes. Pero la crisis de la Eucaristía dominical, central en la vida cristiana, no solo tiene que ver con la práctica sacramental, sino también con aspectos antropológicos que de ella se derivan, que la Iglesia ha ido proponiendo a lo largo de los siglos y que han supuesto auténticas conquistas sociales. Así lo ponía de manifiesto el Papa san Juan Pablo II en su carta apostólica Dies Domini, donde recalcaba que el domingo es el día del Señor, pero también un día para el descanso, la familia, la caridad… Dimensiones que, en mayor medida hoy que entones, están en crisis.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) tiene entre los objetivos de su plan pastoral para este año «proponer y fortalecer la celebración del domingo, eje y clave en la identidad cristiana, como día de descanso, día del Señor y día de la familia». Las distintas comisiones han ido trabajando, desde su especificidad, la revitalización del domingo. Lo hicieron el pasado mes de septiembre los encargados de la Pastoral de Santuarios y Piedad Popular y hace una semana los delegados de Liturgia.

«La crisis del domingo –explica Juan Luis Martín Barrios, director de los secretariados de Pastoral y de Catequesis de la CEE– es la crisis del hombre contemporáneo». Se refiere a que el hombre cada vez tiene menos tiempo para descansar, para disfrutar de la vida y eso redunda «en enfermedades, rupturas familiares…»; dedica menos tiempo a la familia, fundamentalmente a los abuelos, mientras que el matrimonio tiene menos espacios de encuentro íntimos; y también a la Eucaristía. Sobre esto último, añade: «Si la Palabra de Dios no ilumina nuestra conciencia, ¿quién lo hará? ¿La televisión? ¿La ideología? ¿El dinero?».

Domingos «vibrantes»

Según Luis García Gutiérrez, director del Secretariado de Liturgia de la CEE, el domingo se ha diluido en el fin de semana con numerosos planes y actividades. Y añade que los cristianos que participan en la Eucaristía incluso han olvidado los otros aspectos más antropológicos y que forman parte de la identidad cristiana.

William E. Simon Jr. es un empresario y expolítico estadounidense que ha fundado una organización sin ánimo de lucro que apoya a sacerdotes y parroquias de modo que se conviertan en comunidades llenas de vida, lo que él define como «vibrantes». En 2016 publicó un libro –editado en España por la BAC, la editorial de la CEE, con el título Grandes parroquias católicas– en el que muestra una serie de prácticas pastorales que revitalizan las parroquias después de estudiar 244 casos de éxito en Norteamérica y en Él dedica dos capítulos al tema que nos ocupa y que titula así: «Las grandes parroquias brillan los domingos».

 

Fotos: Maria Pazos Carretero

Como Luis García, Simon constata que, hasta hace no mucho, «el domingo era considerado un día de descanso en el mundo occidental. Pero ahora, el domingo, la Iglesia y el descanso se encuentran en competición como muchas otras prioridades». Y se pregunta: «¿Qué pueden hacer las parroquias para abrirse paso a través de la hiperactividad y poner la Misa por encima de las muchas opciones que compiten con ella los domingos por la mañana?». Otro de los desafíos que William Simon pone encima de la mesa es la secularización, que exige a las parroquias salir de ellas mismas para llamar el interés de los feligreses con eventos y temas que les sirvan de apoyo para su vida diaria. Se trata de responder a necesidades reales. Explica que hay parroquias de de Estados Unidos que ofrecen cuidadoras para que los matrimonios jóvenes con dificultades económicas puedan salir una noche u otras que han creado una serie de homilías sobre el trabajo, la familia y cuestiones sociales.

«Hay que inventar», afirma Juan Carlos García Domene, director del Instituto Teológico San Fulgencio de la diócesis de Cartagena y que participó en la jornada de responsables de liturgia con una ponencia sobre Los otros domingos. En realidad, lo que él llama «religiones de sustitución» –conciertos, actividades, planes…– no son un problema, sino más bien una oportunidad. «Así, la Iglesia, la comunidad parroquial, tiene que ofrecer a la gente domingos alternativos, con la Eucaristía y también otras actividades que no sean ir al centro comercial y consumir», apunta.

En este sentido, cree que la belleza, el arte o la música son vías válidas para acercarse al hombre de hoy. También la solidaridad. «Son los caminos que nos quedan para hacer de este día un tiempo para recobrar el sentido y la identidad», añade. Del mismo modo, recalca la importancia de acoger a la gente en la comunidad parroquial, de que se sienta querida y no juzgada. «No podemos acercarnos a ellos para echarles la bronca porque no vienen a la Misa del domingo», completa.

Coincide Juan Luis Martín Barrios cuando afirma que el sacerdote tiene que estar atento a las necesidades de la comunidad. Y eso se hace cuidando las celebraciones, preparando bien la homilía –«es el pan de la Palabra para mucha gente»– o dedicando una especial atención a ceremonias concretas como los bautizos y los funerales. «Hace unos meses –narra– tuve un funeral de una familia no especialmente cercana a la Iglesia. Al fallecido ya lo había visitado en el hospital. Entonces no pedían los sacramentos, pero yo le propuse la Unción de Enfermos. Como sacerdote era lo que le podría ofrecer, un sacramento que fortalece en la debilidad. Uno de los hijos no lo aguantó y se salió. Al poco tiempo, falleció. Tuvimos el funeral y pude hacer una homilía cercana sobre qué aporta la fe en momentos así. Pasó un mes y aquel hombre que se salió durante la Unción me dijo que quería tomarse un café conmigo. Me dio las gracias y desde entonces viene a la Eucaristía dominical de vez en cuando».

William Simon pone el énfasis en la acogida y la hospitalidad. De hecho, cree que las parroquias deberían un equipo y una estructura –también un pequeño presupuesto– que se dedique a ello. Una hospitalidad que engloba el antes de la celebración, el después –«darle a la gente razones para que se queden y conecten después de la Misa»– y la presencia de la parroquia en internet y las nuevas tecnologías. Junto a esto, no pierde de vista otros aspectos fundamentales: cuidar las necesidades de los niños de la comunidad, la presencia del párroco en los momentos importantes, las homilías o la música.

Fran Otero

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