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El Evangelio del sufrimiento. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) 

Me llama poderosamente la atención la trayectoria de una gran mujer del siglo XX: Edith Stein. Considerada como una de las grandes filósofas del pensamiento contemporáneo, desaparece de la vida pública cuando oye la llamada de Cristo desde su «silencio interior». Entra entonces en la Orden del Carmelo, que acoge en su seno a una de las grandes pensadoras de todos los tiempos, Sor Teresa Benedicta de la Cruz. Así comienza todo un itinerario espiritual, que surge de su base científico-filosófica para culminar en su muerte en el campo de concentración de Auschwitz en el año 1942.

Primeramente, hemos de acercarnos un poco a su apasionante vida. Edith nació en Breslavia el 12 de octubre de 1891, en el seno de una familia judía. Contaba con solo dos años cuando su padre murió. A los catorce años decide abandonar toda práctica religiosa. Comenzó a estudiar filosofía en 1911 y pronto empieza a seguir el pensamiento fenomenológico de Husserl. Después, se traslada a Gotinga (1913) donde fue discípula del filósofo. De esta forma, integra un círculo intelectual junto con otros pensadores como Hedwig Conrad-Martius, Dietrich von Hildebrand, Max Scheler, Alexandre Koiré, Adolf Reinach, etc.

«mira hacia el Crucificado»

 

En 1917 muere Adolf Reinach y su viuda le pide ayuda para clasificar los escritos de su marido. Es en este momento en el que encuentra a Anna Reinach con sufrimiento pero con paz, con una gran fuerza de Cristo: «Este fue mi primer encuentro con la cruz a aquellos que la llevan. Por primera vez me apareció visiblemente la Iglesia, nacida de la pasión de Cristo y victoriosa sobre la muerte. En aquel momento, mi incredulidad cedió y el judaísmo empalideció a mis ojos», dice la Santa.

En el verano de 1921 se encontraba en compañía de Conrad-Martius y relata: «Tomé casualmente un libro de la biblioteca; llevaba por título Santa Teresa y narrado por ella misma. Comencé a leer y no pude dejarlo hasta que lo terminé. Cuando lo cerré me dije: “Esta es la verdad”». Días más tarde recibe el bautismo (1 de enero de 1922).

Edith había vivido en una época de moderna incredulidad; sin embargo, la tensión sostenida entre lo científico y lo religioso le hace testigo de los acontecimientos de fe de las personas que le rodean.

Entre 1923 y 1933 ejerce como profesora en las dominicas de Speyer y en el Instituto de Pedagogía de la Universidad de Münster. En estos años enseña y se convierte en una conferenciante famosa. Le encargaron que hablase sobre la formación y la vocación de la mujer en la Iglesia. Por este motivo se le considera una de las más destacadas feministas del catolicismo, expresado en la especificidad femenina, que se concreta en la particular receptividad de la acción de Dios en el alma. También explica que en el segundo relato de la creación se profundiza más sobre la relación entre hombre y mujer, pero no se habla de un dominio del hombre sobre esta, sino que se le denomina compañera y auxiliadora. Entre otros cabe mencionar los siguientes escritos: El valor específico de la mujer en su significado para la vida del pueblo (1928), El Ethos de las profesiones femeninas (1930), Fundamentos de la formación de la mujer (1930), Vocación del Hombre y de la Mujer según el orden de la Naturaleza y de la Gracia (1931), etc.

«salve, oh Cruz, mi única esperanza»

 

Los rasgos característicos de la doctrina de Teresa Benedicta de la Cruz se centran en que Dios es Uno, Eterno y Santo; Dios-amor, Dios-Trinidad. Un Dios que se deja encontrar, y es precisamente en el Carmelo donde descubre el corazón contemplativo de la Iglesia, sin dejar de sentirse parte del pueblo de Israel. Por esa razón es exterminada en el campo de concentración. A dicho martirio se une la inmolación de su propia persona.

La experiencia concreta de la Cruz se convierte en otra cualidad de su espiritualidad. De ahí que cuando entra en el Carmelo adopta el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz: «He recibido el nombre que he pedido. Bajo la cruz había comprendido el destino del pueblo de Dios…, hoy comprendo mejor qué quiere decir ser esposa del Señor en el signo de la cruz» (Carta, 9 de diciembre de 1939). Participar en la pasión de Cristo, es lo que le da vida.

Finalmente muere en Auschwitz el 9 de agosto de 1942. El 4 de mayo de 1987 es beatificada y canonizada el 11 de octubre de 1998. Juan Pablo II, en 1999, en el Sínodo de los Obispos para Europa la proclamó co-patrona de Europa junto con Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena. Ella siempre pensó en una Europa unida, solidaria y respetuosa de todas las religiones.

Los escritos de esta ejemplar santa constituyen una variedad de obras, entre las que se encuentran las de carácter autobiográfico: Historia de una familia judía, Cartas, Memorias sobre la vocación; también estudios filosóficos: Ser infinito y Ser eterno, La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás de Aquino, El problema de la empatía, Vías del conocimiento de Dios; obras de carácter social: Una investigación sobre el estado, La mujer, su papel según la naturaleza y la gracia; obras de carácter teológico espiritual: Scienta Crucis, La oración de la Iglesia, El misterio de la Navidad El castillo del alma, La mística de la cruz, entre otras.

En definitiva, Santa Teresa Benedicta de la Cruz es un ejemplo como mujer, como católica y como «hija del Carmelo». Llevó una vida increíble de lucha por el conocimiento y por el descubrimiento de la fe, pasando por diversas etapas de creencias, descreencias y debates filosóficos. Supo estar atenta a los tiempos actuales salvaguardando la esencia más pura del catolicismo: la redención en la Cruz de Jesucristo.                 

El Misterio de la Navidad

«Cuando los días se hacen cada vez más cortos y comienzan a caer los primeros copos de nieve, entonces surgen tímida y calladamente los primeros pensamientos de la Navidad. Y de la sola palabra brota un encanto, ante el cual apenas un corazón puede resistirse. Incluso los fieles de otras confesiones y los no creyentes, para los cuales la vieja historia del Niño de Belén no significa nada, se preparan para esta fiesta pensando cómo pueden ellos encender aquí o allá un rayo de felicidad. Es como si un cálido torrente de amor y alegría se desbordase sobre toda la tierra con semanas y meses de anticipación. Una fiesta de amor y alegría —esta es la estrella hacia la cual caminamos todo en los primeros meses del inverno—. Para los cristianos, y en especial para los católicos, tiene un significado mayor. La estrella los conduce hasta el pesebre donde se encuentra el Niño que trae la paz a la tierra. El arte cristiano nos lo presenta ante nuestros ojos en numerosas y tiernas imágenes; viejas melodías, en las cuales resuena todo el encanto de la infancia nos cantan de él.

Precisamente, cuando al atardecer de la Nochebuena se encienden las velas del árbol y se intercambian los regalos, una nostalgia de insatisfacción nos impulsa hacia afuera, hacia el resplandor de otra luz, hasta que las campanas tocan a la Misa del Gallo y —cuando todo permanece en profundo silencio— el misterio de la Navidad se renueva sobre los altares cubiertos de flores y de luces: Y el verbo se hizo carne. Esa es la hora de la plenitud: Hoy los cielos se han hecho melifluos para todo el mundo». (Extracto de El Misterio de la Navidad, de Edith Stein)

Almudena García Peña
Licenciada en Historia Contemporánea

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