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El Evangelio y su novedad grandiosa 
15 de Febrero
Por Gloria María Tomás

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla
(San Marcos 8, 11-13).

COMENTARIO

Desgraciadamente en este breve pasaje del Evangelio lo que se advierte son las malas disposiciones de los fariseos que no creen en Jesús y le piden una señal para tentarle. Impresiona ver que el Señor da un profundo suspiro –muestra ahí su dolor ante la cerrazón sobrenatural- para después aclarar por qué no emplea fuerzas no naturales con las que saciar la falta de rectitud de esos fariseos. Decide dejarlos e irse con sus discípulos

Tiene que ayudarnos a rezar sobre este pasaje, huir de la visión humana que achata y deforma a Cristo y a sus obras desdibujando tanto  el sentido de su misión salvadora como el de su poder que rectamente aquí no desea manifestar.

En nuestros días nos solemos encontrar con situaciones semejantes a la que aquí se narra ¿Qué hacer? ¿Qué espera nuestro Salvador de nosotros? Indudablemente que salgamos valientemente al encuentro con los demás, “Iglesia en salida” no exhorta el Papa Francisco y, con mucha paciencia, con mucha esperanza, con caridad, ayudar y dejarnos ayudar contando con la libertad y con la gracia de de Dios, pero teniendo en nuestro corazón el noble y arduo afán de  llevar a todos el Evangelio en su pureza original y en su novedad grandiosa.

Ciertamente cada persona lo hará según su vocación y sus posibilidades. Siempre y todos, con el testimonio de ejemplo, del respeto y del afecto. Acudiendo a María, Madre de Misericordia, como  ahora recitamos en la Letanía. Pues Ella desea, como su Hijo, como tú y como yo, que todos descubran, traten y amen a Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

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