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El hombre en busca de sentido 

 

Me plantea un familiar por qué mueren personas jóvenes y con hijos pequeños y, al mismo tiempo, perseveran en la existencia ancianos que no pueden con su alma… Es una cuestión peliaguda que pone el dedo en la llaga del carácter misterioso de la vida humana. Misterio no significa terror. Misterio significa magnitud inabarcable, realidad incomprehensible. En general, casi todo y, fundamentalmente, lo tocante a la vida humana es misterioso más que problemático. Conocemos parte de la realidad, no toda. Y son pocas las realidades que pueden explicarse con una ecuación, como un problema de matemáticas.

La pregunta sobre el sentido de la vida es ardua, difícil, pero inexcusable. El hombre, como decía Viktor Frankl, es un ser en busca de sentido. Aun negando que exista un sentido, en el fondo, toda cuestión, toda pregunta, implica cierta concepción de la vida. Me explico. Cuando se plantea por qué muere un joven en la plenitud de la vida y con responsabilidades patentes como la educación de sus hijos pequeños frente a la existencia de un anciano, se está pensando que la utilidad es quizás el valor supremo. La vida útil vale la pena; la inútil, no. Pero es posible que el sentido esencial de la vida humana no sea la utilidad.

Si lo más humano, lo que realiza más plenamente al hombre es el amor, entonces la vida de un anciano puede cobrar un sentido diferente. Si el amor, y no la eficacia, es lo más medular de la existencia; si amar y no conocer, es lo primordial, entonces, quizás, una persona con taras cognitivas, si ama más, puede ser más “humano” que un superdotado. Si amar es lo más importante, entonces no solo amar sino mover al amor se convierten en un activo; entonces, un enfermo, un inválido, un dependiente… se puede convertir en “motor de amor” y cumplir una función esencial de la vida humana.

No podemos entenderlo todo, pero sí podemos revisar nuestros criterios de evaluación: utilidad, eficacia, rentabilidad, belleza, amabilidad, servicio… ¿qué concepto tenemos de la vida? En función de ese concepto la vida será más digna o más indigna, más útil o más inútil, más absurda o más llena de sentido.

Si es más importante amar que producir, un anciano puede no ser un elemento sobrante; puede ser un elemento fundante y decisivo.

                                                                                                                                                                                                                                    Antonio Barnés.

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