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El Lamento de Adán II 

La narración de las consecuencias del pecado de Adán (Gn, 3, 17-19), señalan el sudor, las espinas, los abrojos, el polvo y la muerte como signos del cúmulo de miserias que vendrán sobre él y sus descendientes al buscar su sustento en una tierra árida y maldita. Cristo, en su Pasión, ha hecho suya la suerte de este hombre, de esta humanidad rebelde a Dios, siendo coronado brutalmente de unas espinas y abrojos que le infringen 40 heridas de las cuales suda, brota, sangre abundante. Este es el fruto de sus trabajos como sembrador en una tierra buena,  bendecida por Él, el Hijo de Dios. Su Amar como Dios nos ha introducido en la Tierra prometida que mana leche y miel. Trenzando de espinas una corona… (Mt 27, 28).

“Pero no vengas de noche conmigo: Ahora, por amor a Dios, he olvidado la tierra y todo lo que hay en ella. Olvidé incluso el paraíso que perdí, porque contemplo la gloria del Señor. Y la gloria de los santos a quienes la luz del semblante de Dios irradia como el Señor mismo”.

“Oh Adán, cántanos una canción celestial para que toda la tierra escuche Oh Adán, nuestro padre, ¿qué debemos hacer? Cantamos, pero el amor y la humildad no están en nosotros.

“Adán perdió el paraíso terrenal y lo buscó llorando. Pero el Señor, a través de su amor en la Cruz, le dio a Adán otro paraíso, mejor que el viejo: un paraíso superior donde brilla la Luz de la Santísima Trinidad.

“¿Cómo dar gracias al Señor por su amor para con nosotros?

“¿Por qué estás en silencio?  …He aquí, toda la tierra está en dificultades… ¿Estás tan lleno del amor de Dios que no puedes pensar en nosotros? O ves a la Madre de Dios en gloria y no puedes arrancarte de su vista?, ¿No nos vas a dar ni una palabra de ternura a los que sufrimos, para que podamos olvidar la aflicción aquí en la tierra? Oh Adán, nuestro padre, ves la miseria de tus hijos en la tierra.  ¿Por qué entonces estás en silencio?

“Adán dice: “Hijos míos, déjenme en paz.

No puedo arrancarme del amor de Dios para hablar contigo.

Mi alma está herida por el amor del Señor y se regocija en su belleza. ¿Cómo recordar la tierra? Los que viven ante la Faz del Altísimo no pueden pensar en ella.

“Oh Adán, nuestro padre, nos has abandonado, (somos) huérfanos, y la miseria es nuestra porción aquí en la tierra. ¿Cuéntanos qué podemos hacer para agradar a Dios? Mira a tus hijos dispersos sobre la faz de la tierra, nuestras mentes también errantes. Muchos han olvidado a Dios. Viven en la oscuridad y viajan a los abismos del infierno.

“No me molestes. Veo a la Madre de Dios en gloria ¿Cómo puedo apartarme para hablar contigo?

‘Veo a los santos Profetas y Apóstoles, y todos ellos son a semejanza de nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios.

Camino en los jardines del paraíso, y en todas partes contemplo la gloria del Señor. Porque el Señor está en mí y me ha hecho semejante a sí mismo.

Texto: http://erinipasy-eng.blogspot.com/2011/10/adams-lament-silouan-athonite.html?m=1

Música: https://www.facebook.com

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