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El mal de fariseo 
30 de Agosto
Por Francisco L. de Tejada

 

En aquel tiempo, Jesús dijo:

« ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”! Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡ Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!». (Mateo 23, 27-32)

Las palabras más duras de Jesús en los Evangelios se las han llevado los fariseos.

    Fariseo etimológicamente significa “separado”. En un principio los fariseos querían evitar el contaminarse de las idolatrías de los pueblos extranjeros que rodeaban a los judíos. Pero con el paso del tiempo, esta separación degeneró en un separatismo de su propio pueblo Israel. El fariseísmo es una mezcla selecta de orgullo y falta de caridad. Y esto Cristo no puede tolerarlo pues va directamente contra el corazón de Dios.

    A la vista divina de Jesús no se le escapa esta soberbia recubierta de un baño de perfección espiritual. Esta soberbia disfrazada es peor que ninguna porque es más penetrante, más inflexible, más enmascarada.

El fariseo desde su pretendida altura espiritual contempla el pecado de los otros y se afirma más en su prevalencia y excelsitud. Por eso el Señor los compara con los sepulcros  -porque espiritualmente están muertos a la gracia de Dios- aunque se paseen por las plazas con sus amplios ropajes y filacterias.

Hipocresía, apariencias, desprecio de los demás, juicios temerarios Dios los detesta.

Apariencia y realidad. A Dios no se le escapa nada. Su mirada es penetrante y llega a lo más hondo.

Los fariseos lo complicaron todo…pero ¡todo es tan sencillo! ¡Es tan fácil agradar a Dios! Dios tan grande y tan sencillo sólo quiere corazones que sepan amar. Es mejor no parecer justo, pasar como uno más. No importa aparecer lo que importa es lo que realmente se es a los ojos de Dios.

Todos tenemos dentro un pequeño fariseo que desea encumbrarse a veces usando de los dones y gracias divinas. Y Cristo bajando siempre y abajando a los que El ama.

El hombre desea ser subiendo y el Señor no se cansa de decir que el camino que lleva al cielo es de bajada. Bajar más y más cada día hoy, mañana, hasta el día último de nuestra existencia. Bajar ante su voluntad, ante las circunstancias, ante las necesidades del prójimo.

¡Pobres fariseos! Ellos sufrían en su carne las consecuencias de su vida vacía, de su santidad ficticia. ¡Cuánto malestar debía haber dentro de sus almas y corazones!

Y Cristo quería sanarlos porque Él también los amaba. Pero sabe que lo que el fariseo necesita es un correctivo fuerte, una sacudida grande que lo ponga en su verdad y los sacase de tanta mentira en que estaban sumidos.

La santidad es un no rotundo a cualquier mota de orgullo que pueda empañar este cristal transparente del alma poseída por Dios.

Hasta que nos convirtamos totalmente todos tenemos recónditos lugares donde almacenamos orgullos secretos.

Intentemos cada día vivir para amar, para pensar bien de Dios y de los demás, para servir…entonces todo irá muy bien. Así el corazón se nos llenará de risas profundas que no se apagan nunca, de felicidad cristalina.

¡Todo es tan fácil! Quizás demasiado fácil. Por eso los fariseos no atinaron, por eso nosotros no atinamos. ¡Todo es tan fácil! Y es que la santidad acaba siendo un juego de niños en un mar de verano. Y esto va contra el hombre ceñudo, serio y fariseo que a veces llevamos dentro lleno de preceptos y vacío de amor.

El amor atina, da en el blanco, es el acierto de los aciertos. El amor verdadero deja de lado todas las razones salvo la razón de amar.

A veces tenemos razón sí, hay cosas que están mal. Pero es mejor dejarlas pasar a perder el amor. Sí, muchas veces tenemos razón pero no tenemos amor. Porque cuando hay amor de verdad todos los obstáculos se vencen, los muros se derriban, y se construyen nuevos puentes. El amor todo lo aprovecha.

La vida pasa veloz y hay que aprovechar cada instante. Cualquier momento, cualquier situación puede convertirse en una ocasión de amor. Pero para vivir y actuar así hace falta ser un poco tonto y un poco loco, todo lo contrario a la sesuda vida que llevaban los fariseos.

Cuando termine esta vida habrá sorpresas, muchas sorpresas porque Dios ve los corazones más allá de la apariencia.

Allá no podremos encubrir nuestra pobreza espiritual con lujosos ropajes sino que allí seremos verdaderamente lo que somos. Por eso vale la pena engalanarse de mil obras de caridad en esta vida, amar siempre y en todo momento, no perder el tiempo juzgando sino aprovecharlo amando y seremos felices, súperfelices.

¡Todo es tan fácil! Porque el Señor está con nosotros y con Él lo podemos todo. Omnia vincit amor, el amor es una fuerza, es el mayor poder pero para ello tenemos que creer y, sobre todo, creer en el amor.

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