Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|jueves, septiembre 19, 2019
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Él no te necesita 

¡Qué equivocados andan algunos! Creen que rezar, hablar de Dios o ir a misa pongo por caso, es porque Dios lo quiere, que es para su Gloria, que es POR ÉL.

¡Dios no nos necesita para nada! absolutamente para nada.

Dios ama y crea almas para compartir un amor que no conocemos en la tierra. Es el regalo más misterioso y sublime que nuestra mente es incapaz de imaginar.

No soy agorera ni fatalista pero hay que saber la verdad: Simplemente caerás en desgracia si aquí no luchas por ese amor con la armas del Evangelio.

Dios no vino a asustarnos sino a SALVARNOS de una condena segura si actuamos como si nada existiera y, el hombre no es precisamente “una joya”.

Dios perdona en confesión -lo dijo-, no regala perdones (en directo). El problema radica en no creer que un sacerdote actúa “In Persona Christi” (en persona de Cristo).

¿Te suena esto?: “Sobre ti (Pedro) edificaré mi Iglesia… A los que perdonéis los pecados, les quedan perdonados en el cielo…”. ¡Qué más necesitas!

Y ¿esto?: “Estad preparados no sabéis el día ni la hora”. Dios no destina la muerte a nadie pero has sido avisado y también llamado o ¿es que no sabes de Él? Te queda ser elegido: “Muchos los llamados, pocos los elegidos. A veces milagrosamente, te da más tiempo para que lo consigas.

Sabemos que su misericordia es grandiosa pero su JUSTICIA es pura. No le podrás mentir ni suplicar: Te ha visto desde que naciste.

¿Te acuerdas?: “Yo soy el camino, la verdad y la VIDA”. ¡Te lo está diciendo!

No, no me hables de los que no le conocen porque para eso desperdigó a sus apóstoles desde hace 1980 años: “Id y predicad el Evangelio” y es lo que hacen. El bueno de corazón sin oportunidad de conocerle, es amigo de Dios.

Aún respiras, piensa este texto. Todo lo que te dijo “hecho Hombre” y vivió en sus carnes, fue para LIBRARTE DEL CASTIGO (perdonándote, ya sabes cómo). Pero no te engañes, Él no te necesita, tú a Él, sí.

                                                                           Enma Diez Lobo.

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